16 feb 2009

El recuento de los daños

Fue un placer enorme encontrarme con Rodrigo en el DF, después de casi diez años de no vernos, y charlar como si el tiempo no hubiera pasado de largo. Compartir con Bethza y Karla un delicioso vacío argentino, y platicar de amigos comunes, de literatura y de viajes (azar objetivo, a final de cuentas). Lindo también, conocer la casa de Nacho y Pilar y disfrutar un poco de esa boda que se me negó el año pasado por culpa de la crisis.
El resto del fin de semana, bien podría olvidarse. Excepto quizá, el abrazo del domingo, ya en casa. Un gesto que curó todo o casi todo (debo reconocer que aún hay cosas que duelen).

13 feb 2009

¿Dónde está William Wallace?


La imagen que encabeza este post desmiente a todo aquel que alguna vez pensó que las guerras con arco y flecha eran cosa del pasado. La instantánea fue tomada al oeste de Kenya en el campo de batalla donde dos tribus se disputan el control político de una región. La foto -una de las ganadoras del Word Press Photo 2008- es una prueba más de lo ajeno que resulta África a nuestros ojos. De la indiferencia hacia un continente que ha sido saqueado durante siglos. Y de las realidades cotidianas que superan cualquier ficción.

27 ene 2009

Sick

Dicen que la salud es el estado transitorio entre dos épocas de enfermedad. Pero a últimas fechas la mía se ha reducido a niveles preocupantes. Mis defensas han menguado al punto que una simple gripa me mantiene tres semanas en un estado deplorable. O de pronto amanezco con una reacción alérgica inexplicable, con extraños dolores abdominales, o cosas así. Quiero pensar que el origen de esta situación se encuentra en los cambios experimentados en los últimos meses, a los cuales mi organismo terminará tarde o temprano por adaptarse. Mientras tanto me descubro intolerante, frágil y hasta dependiente. Y es que la enfermedad -y el dolor que inevitablemente asociamos a ella- tiene la facultad de convertirnos en seres ajenos a nosotros mismos. De volver impaciente al ecuánime, malhumorado al optimista, y lúgubre al más festivo. Por eso, tan pronto salga de esta racha de medicinas y tratamientos, prometo ser más paciente y comprensivo con mis enfermos. Pensar que no son ellos sino sus enfermedades y recordarlos, a pesar de todo, siempre saludables.

12 ene 2009

Primer post del 2009


Sucedió hace más de tres años. Era verano, y por uno de esos vuelcos inexplicables que da la vida yo me encontraba en Niza. Ese mismo día, por la tarde, debía abordar el tren que me llevaría Barcelona para la cubrir la etapa final de unas vacaciones que se habían prolongado demasiado. Llevaba más de dos meses de cargar la mochila en la espalda, durmiendo en hostales o en trenes, y pensé que un día en la playa al estilo Wild On podría revitalizar mi espíritu.
Por la mañana, mientras dejaba encargadas las maletas en la consigna de la estación, escuché que alguien gritaba mi nombre. Juan Pablo y Georgina, los amigos con los que había convivido gran parte de mi estancia en Madrid así como un breve, pero intenso periodo en París, venían llegando a la ciudad. No me sorprendió tanto la casualidad del encuentro, como las razones que los habían llevado hasta ese destino mediterráneo. ¿Quién puede negarse a los encantos de la Costa Azul en las semanas más calurosas del año? me dijeron. Y entendí de golpe que cuando viajas toda eventualidad se convierte en una feliz coincidencia.
Con la toalla colgada en el hombro nos dirigimos al mar. Las horas en la playa fueron pocas pero suficientes para infundir nuevos ánimos. Nos tomamos fotos. Nadamos y comimos entre decenas de turistas con la piel enrojecida por tanto sol. Al atardecer, cuando me despedí por tercera ocasión de mis amigos, supe que en lo sucesivo no habría más sorpresas en el camino. El inminente regreso a nuestros países cancelaba la posibilidad de volver a encontrarnos. Cuando dijimos adiós sentí, por primera vez desde que había salido de México, que mi travesía había terminado.
Pasaron varios meses antes de que las vivencias de aquel verano pudieran asimilarse por completo: los intentos frustrados previos a mi partida, la mañana que toqué fondo a la sombra de un viejo árbol en el parque de la Moncloa, las pesadillas que me agobiaban durante los trayectos nocturnos en tren, la obsesión por huir lo más lejos posible de todo y de todos. Y luego, poco a poco, emergiendo luminosos de las profundidades de un mar abisal: el encuentro con mi hermano en una ciudad de reyes olvidados, las veladas apacibles en el sillón azul de una residencia universitaria, la noche en que una película extranjera me hizo reir hasta orinarme, la soledad asumida no como losa, sino como agradable y necesaria compañera de viaje. Aún ahora, cuando la distancia que media entre el hombre que partió desecho a otro continente y el que escribe con nostalgia estas líneas es abrumadora, me resulta imposible discernir cuánto de mí se gestó en ese agobiante e inovidable verano.
Por eso no hablaré en este momento de Argentina. De todo lo que Argentina me ha dejado sembrado. Diré, sólo por cumplir el ritual del primer post del año, que viví en Buenos Aires los meses más desconcertante e intensos de mi vida. Que aprendí a viajar ligero, pero acompañado. Que el ejercicio de soltar las amarras me sigue costando trabajo. Que extraño por las mañanas mi café con tres medias lunas. Que ayer soñé que caminaba una calle y era Corrientes esquina Callao.

17 dic 2008

Brevario

Estamos a punto de partir para Iguazú. Nos esperan unas 20 horas de viaje en autobús y yo estoy resfriado, con dolor de cabeza y la garganta a punto de estallar. Myriam ha salido a la lavandería y me ha dejado un recado en la computadora. He pensado mucho en nosotros las últimas semanas. Puede parecer extraño, pero pese a la incertidumbre de estos últimos días siento que nada nos falta. Recuerdo que hace tiempo yo buscaba algo así. Parece mentira que a veces sólo sea cuestión de esperar, de ser pacientes. Voy a dormir un poco más hasta que regrese. Suena cursi, lo sé, pero ya la extraño.

16 dic 2008

Uno de esos momentos...

En el recuento de los momentos top de este 2008 que está por concluir, habrá que poner en un lugar de privilegio la noche del sábado pasado, con un estadio de River desbordado, en el esperado regreso de Los Fabulosos Cadillacs a los escenarios. Si me preguntan mi opinión este fue uno de los climax del último concierto que nos reventamos este año.

4 dic 2008

El sentido práctico

Todo empezó con una lluvia que se convirtió en tormenta y que inundó nuestro departamento ubicado en el tercer piso de la calle Juncal al 1690. Continuó al día siguiente, cuando nos percatamos de que las lap top que almacenan buena parte de nuestra vida laboral, académica y personal, no encendían. Ayer, el profesional que tuvo en sus manos la tarea de evaluar los daños nos comunicó su veredicto. La máquina de Myriam está desahuciada. La mía permanecerá una semana más en terapia intensiva. Con suerte, los datos de ambas pueden pueden recuperarse. Pero no aseguran nada. Obvio que nuestro humor está de mírame y no me toques. No sé si estoy exagerando las cosas, pero si alguien me lo pregunta, diré que Argentina ya dio todo de sí, al menos en lo que respecta a este año. En ese sentido, me parece que la decision de regresar a México para la Navidad ha sido lo más acertado. Ni hablar. Entre lo ideal y lo práctico, se impuso lo práctico.

25 nov 2008

Y ahora pa' dónde


Buscando un lugar en el mundo, nos debatimos entre lo ideal y lo práctico....
PD. Este post bien podría llamarse: Un boleto de avión, tres meses libres y una cuenta de bancaria en proceso de extinción...

11 nov 2008

Los pies sobre la tierra

Juan dice que hay que no hay que esperar nada. Yo me aferro a que se debe esperar lo mínimo. Nacho, por su parte, siente que debe esperarlo todo. Parecemos como la escala evolutiva, pero al revés. Vamos de lo más a lo menos y en la ruta de la frustración, parece imposible revertir el proceso.
Hoy por la mañana el tema salió a la plática con Myriam. Y luego, no sé cómo, se habló de las prioridades. Cuáles son las cosas importantes, cuáles las imprescindibles.
Mira que a veces hace falta una conversación de esas para poner los pies en la tierra. En cosa de media hora pasé de considerarme un realista consumado, a sentirme un tipo de lo más candoroso y crédulo. En el afán de no clavarse en la textura, mejor le paramos. Pero yo no puedo dejar de darle vuelta al asunto.
Hasta el momento un par de ideas se me ocurren. 1) O bien soy feliz con poco; 2) O bien lo poco que tengo me hace feliz. Y aunque me parece más atractiva la segunda opción, creo que lo valioso del ejercicio está en reconocer no sólo el terreno que se pisa, sino la forma y la fuerza con la que se pisa. Por lo demás, no me interesa complicarme con el viejo dilema del vaso medio lleno o medio vacío.

4 nov 2008

Casi nunca


Hace ya algunos meses, Daniel Sada nos compartió a algunos de sus allegados el borrador de su última novela. A pesar de haber leído casi toda la obra completa de Daniel y de ser testigo lejano, de la escritura de sus dos últimos libros (Ritmo Delta y La duración de los empeños simples) la inminencia de una nueva novela me generaba una expectativa inusitada. Y es que a decir del propio Daniel, se trataba de su trabajo más personal, y por tanto, el que más le había costado trabajo escribir.
Conocedor de ciertos detalles de la ficción que cabalgaban paralelos a la vida del autor, devoré con fruición –casi de una sentada- la versión electrónica de esa novela, apenas llegó a mi correo.
Desde siempre he considerado la literatura de Daniel como una apuesta arriesgada por el lenguaje y por el humor (lo cual, en un medio tan conformista como el literario, donde nadie arriesga nada, es por sí mismo, un gesto que se agradece); sin embargo, fue hasta que terminé de leer la última línea de su novela, que me quedó claro de qué va esa obsesión -casi diría testarudez- de Daniel, por exprimir a full cada palabra, por trabajar el fraseo hasta el cansancio, por asumir un punto de vista no convencional (y por eso muchas veces incomprendido), y sobre todo, por resistirse al facilismo de los temas de moda. En una sola idea: por ser siempre Daniel Sada, y no otro, el que escribe.
Hoy por la mañana me enteré por los diarios que la última novela de Daniel –esa que leí hace tiempo en un archivo de word en mi computadora- ha sido la ganadora del Premio Herralde de Novela 2008, posiblemente el galardón editorial con más prestigio en el mercado de habla hispana. Desde que me enteré de la noticia me siento feliz y emocionado. Primero, claro está, por Daniel. Pero también por la literatura, que gana con este premio un autor diferente.
Está por demás recomendar la novela de Daniel Sada que próximamente saldrá publicada por Anagrama bajo el sugestivo título de Casi nunca. No se la pierdan.
Es, de verdad, una joya.

22 oct 2008

Algo apesta


Cada que reviso mi cuenta bancaria, me topo con la sorpresa de que mi dinero en este país vale cada vez menos. Las pérdidas acumuladas son ya del orden del 30 por ciento y amenazan con aumentar. Sirva la anécdota de hoy para ejemplificar mi situación.
Apelando a la prudencia, decidimos ir al cine el miércoles que nos cuesta la mitad. La película estuvo tan buena que nos despertó las ganas de un cafecito. Como ya no tenía efectivo, me dirigí al cajero para sacar un poco de dinero. Mi sorpresa en ese momento no fue mayor que mi enojo: de un día a otro, un deslizamiento del peso, evaporó de mi cuenta el equivalente a una quincena, de esas de las que -por cierto- ya no percibo.
De regreso a casa intento convencerme de que no debo entrar en pánico. Pero los medios no son tan optimistas como yo. El diario de hoy informa que en México el dólar se fue casi a 14 pesos y la bolsa cayó 7 por ciento.
A estas alturas no dejo de preguntarme en qué momento nos hicimos tan vulnerables a fenómenos que con trabajo alcanzamos a entender y sobre los cuales no tenemos capacidad de control o influencia alguna.
El otro día leí en La Nación que los libros de Marx, Keynes y Smith han registrado niveles record de ventas en los últimos meses. Al parecer somos ya legión los interesados en saber a dónde diablos se fue nuestro dinero. Y es que si algo ha dejado claro la historia es que las grandes riquezas, se amasan siempre al amparo de las grandes ruinas. O lo que es lo mismo: hay alguien muy vivo, en algún lado del mundo, que se está haciendo rico a nuestras costillas.

Divagaciones para una ciudad en ruinas

Es curiosa la forma en que se construyen las geografías personales. La forma en que uno se apropia de un lugar y lo vuelve territorio recurrente de la memoria, de los afectos, de las ideas. Es curiosa porque para fijar las coordenadas de ese espacio apropiado se requiere tener cierta perspectiva. Salir de la zona de confort, ubicarse en un punto lejano y contrastar. Hacer de lo absoluto conocido un relativo imaginado. Hace falta, pues, hacer las maletas. Tomar un avión. Cruzar una frontera. Balbucear palabras en un idioma que se desconoce. Perderse en las calles de una ciudad. Sentirse ajeno, extraño y hasta indeseable.
He pasado por todo eso antes. Pero por alguna extraña razón, ha sido hasta ahora, que habito una ciudad cuyo origen e idiosincracia pareciera no distar mucho de la mía, que me reconozco venturosamente atado a ese pedazo de tierra que es Puebla.
Hace varias semanas me hicieron la propuesta de retomar mi trabajo como columnista para una revista. ¿Por qué no escribes desde Buenos Aires pensando en Puebla? Lo pensé y me negué. Luego lo volví a pensar.
Hablar o escribir sobre Puebla desde esta región del mundo no es tarea fácil. Buenos Aires es una ciudad demasiado centrada en sí misma. Una ciudad que te recuerda a cada paso que estás aquí. Que no importa de dónde vengas es éste, y no otro, el centro del mundo. Cómo entender si no, la magnitud de la oferta cultural para una ciudad que apenas rebasa los dos millones y medio de habitantes. O el peso que tiene la industria turística en la capital de este país, donde elementos tan cotidianos como el tango, el cafecito porteño, el clásico Boca-River o el asado, se venden al exterior como productos o servicios que más allá de generar una derrama económica importante, contribuyen a afianzar la identidad de sus habitantes.
No se requiere vivir mucho tiempo en esta ciudad para entender que el ego de los argentinos está justificado con creces. Basta con asomarse a la excentricidad de una avenida como la Nueve de Julio o de una calle como Corrientes; o mirar con ojo crítico la proliferación de actores, escritores o grupos de rock que a contrapelo de los apologistas del mundo globalizado, apuestan por lo local y se la “bancan” solo con el mercado argentino, el mismo que recibirá próximamente a Madonna en el estadio de River, y que obligó a Luis Miguel a abrir una cuarta fecha en el estadio de Vélez Sarsfield.
Buenos Aires, con todos los defectos que pueda tener, se apunta en la lista de ciudades cosmopolitas, pero con identidad propia, en donde pareciera que hay lugar para todos.
En este punto, la comparación es inevitable.
Y es que Puebla, como ciudad, tiene todos los elementos -al menos en potencia- para colocarse en ese prestigioso rankig.
Últimamente, ha tomado fuerza cierto discurso que reniega de lo local. Como si pensar hacia adentro fuera pensar menos y pensar además mal. Buenos Aires es un ejemplo de lo contrario. De cómo imponer lo local al mundo. De cómo presentarse ante los demás con la ropa de siempre y parecer, sin embargo, elegante. De cómo hacer del ego y la autoestima una virtud. De cómo convertir a la aldea en un lugar donde quepamos todos.

7 oct 2008

Noche Calamaro

No existe aún la palabra que describa aquello que no se puede decir con palabras. Ni el momento que condense en su devenir la esencia de todo momento. Así que no voy a abundar mucho. Sólo diré que llevo un par de días –literalmente- pasmado, incapaz de recuperarme tras la descarga de adrenalina y emoción que me dejó el fin de semana.
Y es que más allá de lo que significa en lo personal Calamaro, lo del domingo pasado fue mucho más que 40 mil personas cantando a coro “Paloma” al final de un concierto soñado. Fue reconocer a Buenos Aires tal y como siempre la había imaginado. Reconocerla a ella y reconocerme a mí, ocupando un lugar de privilegio, consciente una vez más del “aquí y el ahora” tan mentado, que hemos hecho consigna para afrontar estos días de incertidumbre financiera, laboral y emotiva.

Dejo para el recuerdo una probadita del video que tomé con lo mejor de la noche…

28 ago 2008

Carta abierta a Pinch

Pinch: are you there?
Dice Lai que te encuentras al norte y creo suponer –lo deduzco por nuestra última y ya muy lejana plática- dónde es que estás. Yo vivo ahora al sur, muy al sur. Y eso pone a Oaxaca -quien lo fuera a decir hace algún tiempo- justo en el centro geográfico de nuestra ubicación actual.
Te cuento que hace un par de meses hablé por teléfono con Tryno. Se le escucha bien, clavado en su papel de editor y "caza talentos" literario. Aunque debo confesar que tras la breve conversación que sostuvimos creí detectar en él, cierto aire de hartazgo, posible efecto colateral del uso y abuso del mezcal de alacrán, entre otras sustancias tóxicas oaxaqueñas a las que es aficionado nuestro amigo.
Con Lai no se sabe nunca, un día se levanta, se sube en un avión y puede que aparezca en el sitio menos pensado, haciendo las cosas más extrañas, como esa de cuidar adolescentes francesas, sobrevivir a una narco-balacera en Creel, u otras que estoy seguro omite en su blog, por pudor o por hueva.
En fin, recurro a este medio porque a últimas fechas me fastidia un poco usar el correo electrónico (bah! a quien quiero engañar, también es para que este blog no muera)
Y bueno, entre otras cosas, porque esta botella al mar está destinada también a los otros aludidos, a quienes se les recuerda desde acá con harto cariño.
Saludos Mr. Pinch, donde sea que se encuentre.
Y un abrazo al resto.

Buenos Aires, Argentina, 28 agosto, 2008

26 ago 2008

Tarde de martes

Estoy de lo más distraído estos días. Hoy, por ejemplo, regresé de la calle con un ojo morado y ni siquiera sé bien por qué. Supongo que en algún lado sufrí un golpe (cosa que se me figura de lo más raro puesto que no me he quitado los lentes en lo que va de este martes). He repasado durante toda la tarde mi trayecto en el microbus, la entrevista que tuve por la mañana, el regreso a casa, y no logro recuperar el momento en el que me hice daño. Me preocupa que este tipo de cosas sucedan sin que me dé cuenta. Si eso pasa con un ojo morado, no quiero pensar lo que puede suceder con el resto de mis pendientes.
Creo que estoy pensando demasiadas cosas a la vez y eso se refleja en mis actividades cotidianas. Mi tesis, hasta hace una semana, avanzaba, lenta pero segura. Sin embargo los últimos tres días, me siento paralizado (literalmente) frente a la escritura.
Se me presentan en el horizonte un par de proyectos interesantes. Los dos me exigen tiempo y los dos –para variar– no prometen remuneración económica alguna, al menos en el corto plazo (aunque de concretarse podrían llegar a sacarme de más de un apuro).
Hay días, como hoy, en que esta suerte de “indefinición liberadora” que he escogido como opción laboral y de vida me parece insostenible. Pero tampoco quiero engañarme. Vivo como quiero, como siempre quise, y justo ahora –por azar o destino– con quien siempre quise. Así que estaría de locos quejarme.
Mañana a estas horas estaré escuchando en vivo a Fito Paez y esa será otra de esas cosas que siempre pensé hacer algún día y que de repente ocurren.
Iré pues, con mi ojo morado, mis preocupaciones a cuestas y con la emoción de saberme cumpliendo, una vez más, otro de mis caprichos.

22 jul 2008

Pacto de no agresión

Como los amantes despechados
mi escritura y yo hemos signado un pacto:
No volveremos a intentarlo
hasta que uno de los dos
haya madurado

16 jul 2008

Para todo lo demás...

Departamento en Recoleta ............................. 1900 pesos
Café Havanna ............................................ 5.50 pesos
Entrada al teatro ......................................... 50 pesos
Bife de lomo .............................................. 35 pesos
Campera de cuero ........................................ 350 pesos
Alfajor Jorgelin .......................................... 4.50
Ejemplar de El Clarín .................................... 2.70 pesos

Ver a los Babsónicos en el Luna Park ...... No tiene precio


10 jul 2008

Del blog, de la escritura en el blog y del otro detrás del blog

Desde hace tiempo ando pensando postear sobre el blog, sobre la escritura en el blog, sobre el otro que existe detrás del blog que se mira.
Hace unas semanas –a manera de ensayo– escribí un artículo para una revista cuyo tema central eran precisamente los blogs. Ahí descubrí que existen en la red más de 100 millones de bitácoras registradas y que diariamente se agregan 75 mil a esta inconmensurable cifra. Que la mayoría dura un promedio aproximado de tres meses y luego muere. Pero que otras se consolidan, y año tras año incrementan su cosecha de lectores.
La frialdad de las cifras me hizo pensar inconscientemente en mi blog cuya última fecha de entrada se remontaba ya a varias semanas.
Poco tiempo después me encontré con Laia en el Skype. Tras el saludo afectuoso me comentó que recientemente había escrito y publicado algo sobre el tema. Me pasó la dirección y yo prometí visitarlo más tarde.
Hoy por la mañana, recién levantado, tacita de café en mano, cumplí con esa promesa.
En La velocidad de las cosas, Rodrigo Fresán asegura que existen tan sólo dos categorías de escritores, y por lo tanto, dos categorías de lectores: aquellos que al final de un cuento suspiran ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí? Y los que optan por sonreír pensando ¡Qué suerte que se le ocurrió a alguien!
Pues bien, después de leer la epístola de Laia sobre los blogs, no puedo sino agradecer el “anacronismo” y “arcaico romanticismo” que orilló a su autora a escribir esa carta. Y es que cuando uno encuentra en palabras de otro, aquello que desde hace tiempo viene mascullando en silencio, en la soledad de los pensamientos aislados que no alcanzan a conectar con el mood necesario para emprender el ejercicio de la escritura, lo menos que se puede hacer es dar las gracias.
Así que desde esta bitácora en hibernación digo “gracias” a Laia por la probaditas de inmediatez y por las de autenticidad. Por mover con su escritura las aguas estancadas de este blog que amenazaba seriamente con extinguirse.

3 jul 2008

Invierno austral

Algún día, cuando haga el recuento de estas últimas jornadas, habrá un capítulo entero dedicado el auge inmobiliario y a las dificultades para encontrar un apartamento en Buenos Aires. Por mientras sólo diré: Estoy pasmado por esta ciudad y sus posibilidades.
El invierno austral, me consiente.
Nada, por el momento, podría estar mejor.