20 may 2010

Botella al mar


Tras cuatro años de trabajo arduo y constante, y miles de horas-hombre invertidas frente a la pantalla de una computadora, pude poner punto final a mi tesis doctoral.
Con la emoción reciente, carezco aún de la distancia necesaria para evaluar de manera objetiva el documento. Estoy consciente, sin embargo, de que sus aportaciones -más teóricas que pragmáticas- son apenas un grano de arena más perdido en el vasto desierto del corpus científico. Tristemente, no cambiaré vidas con ese trabajo. No generaré rompimientos paradigmáticos. Y no modificaré el destino -cualquiera que éste sea- de las localidades donde realicé mi investigación. Las 345 páginas de las que consta mi tesis, servirán apenas como escudo protector para desviar los dardos que amenazan con caer sobre mí el día del examen de grado.
La paradoja no deja tener ciertos tintes de ironía. Y es que si bien el mundo de la ciencia ha ganado poco con mi trabajo. Mi mundo -el mío, el interior- se ha vuelto inmensamente rico a partir de los aprendizajes acumulados.
Por eso que no dudo al asegurar que el día de hoy, no sólo conozco más, sino que conozco mejor. Y que gracias al trabajo previo, a veces marginal, a veces insignificante, de mis pares; soy dueño de nuevas herramientas para interpretar el mundo, pero sobre todo, para interpretarme a mí y a los que me rodean.
Sea, pues, esta tesis, una botella que se lanza al mar con la esperanza de que algún día pueda alimentar la fe de otros náufragos, cautivos a la deriva de este insondable y apasionante mar al que llamamos ciencia (para colmo) social.

24 abr 2010

La muerte de un mundo

Me desperté extrañando a la abuela y recordé una frase que alguna vez leí. Era algo así como que la muerte de alguien que te piensa equivale a la muerte de una parte de tu mundo.
El mío (mi mundo) se siente esta mañana insignificante y triste.

5 abr 2010

Love is in the air (oh,oh,oh,oh)


El primer trimestre del año se fue con más pena que gloria. La abuela murió. La beca se terminó. El proyecto editorial se estancó. El doctorado comenzó su agonía.

Y en medio de ese panorama los 34 años, como tercera llamada inminente, recordatorio del inexorable paso del tiempo, y testimonio visceral de las cosas por las que vale la pena vivir.

Cercanos y lejanos, íntimos y casuales, permantentes e intermitentes, reales o virtuales, los amigos y la familia me hicieron sentir cobijado y querido. Hubo reencuentros memorables, charlas y risas al por mayor, ensoñaciones lúcidas y -quién lo diría a estas alturas- mucho baile y celebración.

Se equivoca quien dice que hemos perdido el tiempo. Hemos ganado mucho. Y lo mejor está por venir.

25 feb 2010

Educación pública


Y justo cuando estoy por terminar mi tesis... chan chan chan chan... el Colegio de Postgraduados se va a la huelga.
Sí, igual que me pasó en la UNAM justo hace diez años.
(respiro profundo y cuento hasta cien)
Y luego preguntan que por qué se está volviendo uno "neoliberal"...

19 feb 2010

Almost

Es curioso cómo me resisto a poner punto final a la tesis. Reviso bibliogafía, considero nuevas ideas, mantengo abierta la posibilidad de modificaciones. El internet no ayuda mucho. Hay demasiada información, demasiadas posibilidades, interpretaciones, vías alternas para un asunto que demanda una definición clara y concreta.
Aún así, el final es inminente. Cuatro años de trabajo quedarán resumidos en 400 páginas. Es sólo cosa de semanas o de días, todo depende...

12 feb 2010

Soñar a la abuela

La abuela cumplió años ayer y no pude -o más bien, no quise- llamarle. Me dan miedo las cosas que siento cada vez que intento comunicarme con ella y no puedo. Es un dolor que no es fácil de describir y del cual tampoco me gusta hablar mucho. Por lo general, tras esas llamadas o visitas frustradas me queda siempre la sensación de una profunda injusticia. También de impotencia, porque siento que no puedo hacer nada para que ella se sienta mejor, para que su situación sea más llevadera.
Claro que esto no sucede siempre; a veces intercambiamos una frase o nos sostenemos la mirada. Hace unas semanas me pidió que la tomara de la mano y cuando se la di la apretó fuerte, como si con eso gesto quisiera decirme todo lo que desde hace tiempo hemos callado.
El caso es que ayer, día de su cumpleaños, no le quise llamar. Me fui a la cama sintiéndome un poco triste y culpable. Luego, soñé con ella.
En el sueño también era día de su cumpleaños y yo llegaba a visitarla a su casa. Para mi sorpresa la veía bajar las escaleras para recibirme. Le daba un beso, la abrazaba, y luego le preguntaba cómo estaba. Entonces ella comenzaba a quejarse. Sus enfermedades, sus dolores, la columna, el cuello. Sus males de toda la vida. Cuando entramos a la cocina le dije que comprendía que se sintiera mal, pero que era día de su cumpleaños y que tenía que estar contenta por eso. Y ella asintió, aunque supongo que no muy convencida porque siguió lamentándose. Y a mí me daba gusto y ternura escucharla porque era evidente que el desahogo le hacía bien. Lo último que recuerdo del sueño es que le di un abrazo y le dije lo mucho que la quería. Mi abuela se quedaba callada, sin decir nada, y yo sabía en ese momento, que aunque no pronunciara palabra alguna, ella me estaba entendiendo.
Hoy desperté con ganas de ir a verla y contarle mi sueño. Decirle que la quiero, que la extraño, que me hace mucha falta y que me parece injusto todo lo que le está sucediendo. Hablar con ella, con el verdadero lenguaje con el que -ahora sé- nos hemos entendido siempre: con las palabras, con las miradas, con los gestos, con nuestras manos entrelazadas, o incluso, con esos largos silencios que pueblan ahora cada uno de nuestros encuentros.

9 feb 2010

Oiga doctor...

Hace tiempo dejé de preguntarme acerca de mi renuencia a alimentar este blog, pero hoy por la mañana encontré una excelente cita que lo explica cabalmente.
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"La felicidad suele ser refractaria al análisis (tiene un contenido fiolosófico vacío, como afirma Savater) y no produce buenas tramas (Tolstoi comienza Ana Karenina informando que las familias dichosas no tienen historia)."
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La cita, por cierto, es de Juan Villoro, del libro de ensayos De eso se trata, que ha hecho las delicias de mis horas de lectura nocturna.
A su manera, Joaquín Sabina dice lo mismo en una canción de las viejitas, del album Hotel, dulce hotel para ser más precisos; de la época cuando -según sus propias palabras- la fama se le empezaba a clavar por momentos en el culo.
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Oiga doctor/devuélvame mi depresión/no ve que los amigos/
se apartan de mí /dicen que no se puede concebir esa sonrisa idiota/
Oiga doctor que no escribo una nota/desde que soy feliz
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El asunto es que de un tiempo a la fecha, sufro de un extraño cuadro de felicidad. Y aunque como todos, vivo lleno de preocupaciones, lo cierto es que éstas son cada vez de orden más práctico que intelectual. Así que bueno, habrá que sacarle jugo a esta buena racha y tratar de ligar más periodos como estos, que puestos a ver lo que sucede en el mundo, me parece que no son poca cosa.
Y si el blog sufre. Ni modo.

18 ene 2010

Principio y fin de ciclo

A mediados de 2005, cuando este blog recién daba sus primeros pasos, sufrí las consecuencias de algo que ahora -al paso de los años- concibo como la simple y llana renuencia a cerrar un ciclo.
Aferrado, como solía ser en aquella época, me negaba a todo aquello que implicara un cambio. ¿Para qué moverse si las cosas no están tan mal? razonaba, sin darme cuenta que no eran razones, sino temores los que me tenían paralizado. Temía, quizá porque nunca tuve mucho, equivocar el camino y perderlo todo.
Una noche (aún la recuerdo) harto de mis intentos por conciliar el sueño salí a caminar. Hacía frío y yo no lo sentía. O peor aún, lo sentía, pero no me importaba. Estaba en plan de melodrama, así que recorrí durante un par de horas los alrededores imaginando que no regresaba a casa.
De pronto, aún no me queda claro cómo, caí en la cuenta de lo ridículo de mi actitud.
Me negaba a desprenderme de las cosas acumuladas, como si eso dependiera de mí. Quería evadir el hecho de que la mayor parte de ellas habían mudado hace tiempo de lugar. Y que yo seguía ahí, resguardando a capa y espada lo poco que quedaba.
Decidí esa noche, durante el largo camino de regreso, que al día siguiente habría limpia. Y que nadie saldría indemne, ni siquiera yo.
Este año comienza así, como esa melodramática caminata nocturna.
He andando los primeros días de enero de un lado a otro, sin decidirme a cerrar el ciclo que sin saberlo, inaugure esa fría madrugada, hace ya cuatro años.
Temo, como temía en aquellos días, perder en el trance lo acumulado. Pero temo más, que el mundo avance y que me quede yo. Así que en esta ocasión no voy a aferrarme.
La limpia que inaugura mi nuevo ciclo de vida comienza hoy.

24 dic 2009

En paro

Pensé con ingenuidad que llegaría descansado y con ánimo celebratorio a la Nochebuena familiar. Pero a horas del tradicional festejo me siento realmente agotado. Me urgen ya las vacaciones. Sol y playa en dosis moderadas. Tiempo para leer y pensar. Ocio en su estado más puro. Quiero una zona donde el wi-fi sea un elemento inexistente. Donde mi teléfono se quede sin cobertura. Donde leer los diarios o ver la televisión carezca de sentido.
Hoy, 25 de diciembre, me declaro oficalmente en paro.
En lo que este año respecta, no volveré a trabajar.

21 nov 2009

Venga, pues...

Mi ausencia del blog no es fortuita. Estoy cerrando el 2009 contra reloj, volcado sobre un par de proyectos que se resisten.
No se requiere ser muy avezado para percibir que se avecina un cambio de vida: de trabajo, de proyectos, y en una de esas, hasta de ciudad.
Por ahora, en vísperas del invierno, todo es incertidumbre.
Curioso, con cierta dosis de nerviosismo en el cuerpo, me froto las mano y espero...

15 nov 2009

A propósito de Fito

Tres momentos para rescatar del concierto de ayer:

11 y 6: En lo personal, una de las canciones que más disfruto. Te transporta de inmediato a Corrientes y al ambiente festivo, nostálgico y cuasidecadente de las librerías, los teatros y los cafés de esa calle tan entrañable y querible.

Yo vengo a ofrecer mi corazón: Imposible no recordar a Mercedes Sosa con esa canción y no sentirse emocionado y conmovido cuando el público la canta a capella.

Mariposa Technicolor: El cierre perfecto. Lo decía con toda la razón un crítico de rock sudamericano: una de las canciones inscritas con letras de oro en la historia de la música popular argentina.

En el inter, por supuesto, los éxitos de siempre: Al lado del camino, Brillante sobre el mic, Tumbas de la gloria, Un vestido y un amor, Dos en la ciudad... un verdadero lujo para los habitantes de esta ciudad en ruinas.

9 oct 2009

Perdoná si al evocarte...

Salimos de Buenos Aires por el domingo por la madrugada. No hubo tristeza, ni nostalgia en la despedida. En mi caso, sólo gratitud inmensa para la ciudad, el barrio, la gente que hizo posible la vida en este maravilloso, fascinante y sui generis lugar del planeta. No volveré en algún tiempo, lo sé. Aunque me queda claro que esta ciudad será territorio recurrente de los recuerdos, del pensamiento, de los afectos. Algo así como el Madrid del 2005, sólo que con menos drama e incertidumbre sobre la dirección -que no el destino- de mi trayecto.

Mi lugar en el mundo

Por ahora, el lugar donde mi pequeña familia (de dos) habita.

2 sep 2009

Lo que Facebook se llevó

De un tiempo a la fecha, buena parte de los blogs que sigo han comenzado a cerrar la cortina. Las calusuras -según sus autores- obedecen a motivos de diversa índole: desgaste, falta de motivación, cambio en la vida laboral o amorosa, o simple y llana hueva. No puedo ignorar que los cierres coinciden sospechosamente con el dominio avasallador de Facebook. Es una lástima ver a mis amigos blogueros contestando quizzes al por mayor, abriendo galletas de la fortuna o consultando todos los días -antes de iniciar sus labores- al trébol de la buena suerte. No es que su vida en Youville o en Mafia Wars me parezca aburrida, es sólo que en ocasiones, extraño la intimidad del formato blog. Y sí, me pregunto muchas veces que habrá pasado con éste y con aquel, y al indagar en las redes sociales me topo solamente con qué personaje de Sex and City es, que frase de Joaquín Sabina lo describe o que superhéroe fue en su vida pasada.

28 ago 2009

Sofía


Es raro pensar a la familia Hernández Flores con un nuevo miembro. Nosotros, siempre tan independientes y solitarios, volcados ahora sobre el nuevo integrante, que apenas se ha incorporado, y carga ya con toda una serie de responsabilidades y expectativas que de pronto se antojan desmesuradas.
Yo pienso en su llegada como un regalo. Como una oportunidad de hacer las cosas bien. Aunque es bien sabido que la sucesión generacional ha sido siempre el mecanismo que perpetúa ad infinitum las pifias y errores de los que nos preceden. Pero bueno, el gusto y la intención (ahora y por un buen tiempo) no nos la quita nadie.
Bienvenida pues, Sofía, querida sobrina mía, a éste, el mundo real.

27 ago 2009

África para principiantes


A mi África se me metió la cabeza a partir de la conversación que sostuvimos un grupo de estudiantes, hace ya varios años, con un inmigrante africano, activista de los derechos humanos que vivía en Madrid.
Imaginen -nos dijo aquel hombre de dimensiones descomunales y vestimenta estrafalaria- un continente que en el curso de tres siglos es despojado de 60 millones de personas, la mayoría hombres, en su etapa más productiva. Piensen en la indefensión de los que se quedan, en su sumisión frente al colonizador europeo. Piensen también en la extracción de riqueza que durante décadas es canalizada hacia las grandes metrópolis. Y luego, cuando ya no queda nada por explotar, el abandono y el atraso. Y junto con ellos el horror de la guerra, la hambruna, los campos de refugiados. Todo esto en un apartado rincón del planeta que ya no interesa a nadie salvo a los traficantes de armas, de droga, de diamantes. Ése es el tamaño de la deuda de Europa con los habitantes de sus antiguas colonias.
Inmersos en nuestra propia problemática, influenciados por nuestra condición dual de pueblos conquistados y enmancipados, latinoamericanos a fin de cuentas; la mayor parte de los asistentes salimos de aquella charla sensibilizados, aunque sospecho poco conscientes de las dimensiones reales de la tragedia africana.
Por eso, Ébano, el libro de Ryszard Kapuscinski que recién acabo de leer caló hondo. Plasmó con claridad algo que nunca pude ver en los diarios ni en la televisión, a pesar de lo escatólógico de las fotografías, de las cifras de muerte y destrucción que suelen acompañar las crónicas o reportajes sobre ese continente exótico y desconocido.
Siempre me he afanado en sostener que la literatura constituye la mejor vía -incluso por encima de la sociología y la filosofía- para ahondar en los misterios de la naturaleza humana. Pero debo reconocer que Kapuscinski es la excepción a la norma. Él no hace literatura. La usa para describir con apegado realismo la vida y la muerte en esa porción olvidada del planeta que por una convención reduccionista llamamos "África", aunque en la realidad -tal como asegura el periodista polaco- salvo por el nombre geográfico, África no existe.

1 ago 2009

La bolsa, el violinista, y la belleza perdida

“¿Quieres ver lo más hermoso que he filmado en mi vida?”. Esta simple pregunta, en labios de un adolescente, es el preámbulo para una de las secuencias más bellas que se han filmado en la historia del cine.
El primer plano muestra a dos jóvenes que miran sobre la pantalla de televisión, la imagen de una bolsa de plástico que flota en una desolada calle, a merced del viento. La toma se cierra y el espectador sigue la trayectoria de la bolsa que se eleva en el aire y luego cae, permanece algunos segundos inmóvil, y vuelve a arrastrarse después junto con las hojas que el otoño ha dejado a su paso. La voz del narrador se escucha en el fondo:
“Era uno de esos días en que está a punto de nevar y el aire está cargado de electricidad y esa bolsa estaba bailando conmigo, como un niño pidiéndome jugar. Fue el día en que descubrí que existe vida bajo las cosas. Y una fuerza increíblemente benévola me hizo comprender que no hay razón para tener miedo. El video es una triste excusa, lo sé, pero me ayuda a recordarlo. A veces hay tanta belleza en el mundo que siento que no lo aguanto y que mi corazón se está derrumbando”.
Allan Ball, guionista de la multipremiada American Beauty, afirma que esta escena, fue atestiguada por él mismo, años atrás, mientras descansaba en la plaza de lo que fuera alguna vez el World Trade Center. Y que fue esa bolsa, una simple bolsa de nylon que flotaba traviesa sobre la explanada ubicada al pie de los rascacielos, lo que le inspiró a escribir el guión de la película que estaba destinada a arrasar con los premios Oscar.
Todos los días, desde hace ya varios meses, me acomodo por largos periodos en la mesa de un café en el centro de la ciudad, desde la cual llevo a cabo todas las labores que demanda mi actual condición laboral. El trabajo free lance tiene la peculiaridad de que te permite mantener una mirada inédita, sobre eventos que bajo otras circunstancias hubieran pasado desapercibidos. Es una cosa que tiene que ver con el tiempo. Con la capacidad para organizarlo y ajustarlo a los propios requerimientos vitales.
Más de una vez, apoltronado alrededor de esa mesa, con los ojos enrojecidos tras pasar varias horas navegando en la pantalla de mi computadora portátil; o camino a casa, después de una provechosa jornada de trabajo, me he topado de frente con uno de esos momentos American Beauty. Revelaciones efímeras en donde lo cotidiano se disuelve, y por unos instantes –sólo por unos instantes– uno puede apreciar las cosas como realmente son, y no como se nos presentan bajo el sedicioso influjo de la rutina.
Por desgracia, esos momentos son los menos. Esclavos de la sociedad de consumo, hemos asignado a lo bello un horario, un lugar, y desde luego, un precio. Nos hemos vuelto ciegos a la belleza que nos rodea. La metáfora es para nosotros un ejercicio vedado: la bolsa que bailotea en el aire, es sólo una bolsa y nada más.
El año pasado The Washington Post hizo un curioso experimento al respecto. Convenció a Joshua Bell, uno de los violinistas más reconocidos del mundo, para que acompañado de su Stradivarius, tocará a las afueras de una concurrida estación del metro.
Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos, había pronosticado que el músico recaudaría unos 150 dólares, que poco más de 35 personas se detendrían a escucharlo y que más de un centenar echaría dinero en la funda de su violín. Pero eso no fue lo que ocurrió. Tras 43 minutos de interpretar obras maestras, habían pasado ante él más mil personas. Sólo veintisiete le dieron monedas, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció. El músico que días atrás había llenado el Boston Symphony Hall a cien euros la butaca, no recibió ningún aplauso.

30 jul 2009

Sentimientos encontrados

Acabó de salir de mi examen de candidatura. La exposición oral fue un caos. Me sentí incómodo todo el tiempo. En el afán de ajustarme al tiempo, dejé pasar puntos importantes. Y tuve todo el tiempo presente la sensación de que el tema no se estaba entendiendo. No es pesimismo. Ni obsesión por el lado oscuro. Simplemente no me siento satisfecho.
Por otro lado, más allá de mis resquicios ultra perfeccionistas, aprobé; y eso es motivo suficiente para celebrar y agradecer. A los amigos y a la familia, que estuvieron siempre pendientes. Y a Myriam, que creyó antes que yo, y que me hace creer todos los días, que lo que está pasando es cierto.

25 jun 2009

Gracias, Andrés


Fuimos pocos los convocados a la cita de ayer con el Salmón. Pocos, pero dispuestos a hacer "el aguante" al más puro estilo argentino.
El concierto fue todo lo previsible que puede ser un concierto de Calamaro. O sea, nada. Porque en un concierto de Calamaro no es el repertorio, ni el estado de ánimo, ni el orden de las canciones; es esa especie de conexión íntima que la música, la letras y la personalidad de Andrés generan en el oyente, lo que le imprime un sello único a cada presentación. A mí, por ejemplo, me dio por pensar en los caminos cruzados, en los ciclos que inevitablemente se cierran, y por supuesto, en las cosas que permanecen. Claro que además de pensar, salté, bailé, grité, me emocioné como pocas veces. Me puse el disfraz de fan que lo perdona todo, que lo festeja todo, para quien todo lo que sucede en el escenario es motivo de júbilo.
Tras la descarga de adrenalina vino el ritual: la compra de la playera conmemorativa, el intercambio de experiencias con Myriam, la cena post-concierto con los amigos. La noche termino en un local a la vuelta de la casa con empanadas, choripan y agua de jamaica. Nada más que pedir a un noche fría y lluviosa de junio.

23 jun 2009

La mañana boca arriba

Tras el cierre de un apartado más de mi tesis y en vísperas del examen de candidatura, decido tomarme el día. Las primeras horas de la mañana las dedico a la lectura de Hasta que te encuentre, el último libro de John Irving. Encuentro, como en todas las novelas de Irving, un patrón que se repite: un protagonista que vemos crecer y desarrollarse desde la más tierna infancia hasta la madurez; la paternidad o su ausencia como hilo conductor de la trama; la sexualidad como catalizador y como karma de los personajes; las alusiones al mundo editorial, a la vida escolar, al deporte, a la fama. Sorprende ver a un escritor repetirse tanto sin aburrir.
En el capítulo de hoy Jack Burns se entera de la muerte de Emma, su amiga y protectora (escritora exitosa en lo público e inciadora sexual de Jack en lo privado). Tras varios días de una inexplicable insensibilidad emocional (durante los cuales ha tenido tiempo de liarse con la madre de Emma, que es a la vez, amante de su propia madre) Jack rompe en llanto a mitad del servicio religioso, en la capilla de la escuela donde Emma y él han estudiado juntos.
Siento que la novela está por llegar a su punto de "no retorno", en donde dada la rapidez con que se precipitan los acontecimientos, el lector ya no la puede soltar; así que decido dejar pendiente la resolución de este penoso capítulo en la vida de Jack Burns para un momento más oportuno.
Me levanto, enciendo la computadora y termino en menos de media hora el apartado de mi tesis que corresponde al análisis del capital cultural en las estrategias de reproducción de los grupos domésticos periurbanos. Mi escritorio es un caos. Sé que debo arreglarlo. Pero hoy no, me digo aliviado.
Después de la ducha, caigo en la cuenta de que son apenas las 11:00 de la mañana y tengo todo el día libre. Tomo mi computadora, la meto en la mochila y me dirigo al sitio donde he pasado casi todas las mañanas del último mes. En el café Zaranda ya saben lo que quiero: un expreso doble cortado, para empezar.
Hasta el café ha llegado el último número de Gatopardo, con un excelente reportaje sobre el escándalo de los Legionarios de Cristo y una entrevista con Guillermo Arriaga que no tiene pierde. Al poco tiempo llegan Laura y Siboney. Platicamos sobre nuestros respectivos fines de semana y acordamos ponerle un dead line a los proyectos editoriales pendientes.
En internet encuentro una liga a una serie de artículos que narran el extraño caso de una isla mexicana que de un día para otro desapareció de los mapas. Isla Bermeja, supuesto límite territorial mexicano cuya presencia justificaría la apropiación de uno de los yacimientos más grandes de petróleo, no aparece. Y aunque existen más de cien referencias cartográficas -algunas desde mediados del siglo XVI- nadie ha podido encontrarla. Las hipótesis sobre el insólito evento son de lo más variadas: hay quienes aseguran que Estados Unidos la destruyó con un arma secreta (y sumamente sigilosa, debo suponer), otros sostienen que la isla sigue en su lugar, y que en virtud de un acuerdo político secreto se niega su existencia. Hay un senador de la República muerto en extrañas circunstancias. Archivos secretos quemados. En fin, teoría del complot al estilo mexicano, en su vertiente más fina y depurada.
A pocas líneas de concluir este post descubro que pasan ya de las 4:30 de la tarde, que Myriam llegará pronto a casa, y que no hay nada para comer. La mañana se fue y la tarde está por entrar a su etapa madura. Y aunque pareciera que no he hecho nada importante, siento que el tiempo no ha transcurrido en vano. No tengo, como en otras ocasiones, esa sensación culposa, capaz de arruinar cualquier indicio de victoria -por pírrica que ésta sea- sobre la rutina nuestra de cada día. Con la energía renovada clausuro oficialmente esta jornada y me dispongo -ahora sí- a descansar como Dios manda.
Por cierto, mañana viene el Salmón a Puebla. Tengo ya mi playera del concierto pasado y el boleto de primera fila en la mano.