12 jun 2008

Mucho que celebrar

3 años de existencia virtual
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105 post
94 comentarios
4 entradas autocensuradas
1 invitación rechazada (no esperaba menos de ti)

Y seguimos posteando….

4 jun 2008

La vida en la tele



Si mi vida fuera serie de televisión, el día de hoy —con sus escenarios, sus expectativas, sus tramas abiertas y su estructura dramática— sería el capítulo perfecto para el final de temporada.

1 jun 2008

Mejor no saber


Con la piel pintada de rojo, la cabeza parcialmente afeitada, dos hombres utilizan los arcos para disparar flechas al avión que los vigila. Detrás de ellos, aparece otra figura, posiblemente una mujer, cuya postura también es desafiante. Su piel está pintada de un color oscuro, casi negro. La agresividad que muestran estas personas es bastante comprensible: forman parte de una de las últimas tribus de la Tierra que no han tenido contacto con el hombre blanco. La foto fue tomada en la región de Envira, en la selva amazónica que separa a Perú de Brasil. Los especialistas calculan que en esa zona podría haber cuatro pueblos de 500 personas cada uno los cuales han permanecido completamente aisaldos del mundo.
La noticia que ocupó las primeras planas de los diarios me ha tenido malviajado toda la semana. Será posible que en la época de la globalización, del internet, de las naves que aterrizan en Marte o de los blogs que pululan en el ciberespacio, existan estos contemporáneos nuestros tan diferentes a nosotros. Miro la foto una y otra vez y no dejo de hacerme preguntas. Qué habrán pensado al escuchar el motor del avión. Qué ideas cruzaron por su mente mientras apuntaban con sus arcos al artefacto alado. Qué historias habrán inventado después ¿Sabrán siquiera que existimos?
Y aunque la duda mata, en esta ocasión en particular, preferiría no tener las respuestas.

30 may 2008

Adiós al Intole


En los seis años que trabajé en Intolerancia hice casi de todo. Fui corrector de estilo, reportero, columnista, y editor. Conocí la locura de una redacción y me dejé contagiar por ella. Aprendí a trabajar bajo presión, hasta altas horas de la madrugada, incluso sábados y domingos. Me emborraché de periodismo y seudoperiodismo. Perdí y gané algunos amigos. Entendí que nada es lo que parece. Y que a veces, ceder sin conceder, es la única fórmula para mantenerse puro en un medio que suele destilar tanta mierda.
Y claro, me divertí como nunca.
En mi último día de trabajo, a modo de despedida, recupero esta foto de las mejores épocas del diario.
Luego, nos convertimos en otra cosa.

24 may 2008

Medicina contra el escepticismo

Hace algún tiempo Karlatone me compartió una frase que modificó la forma en que hasta entonces solía entender ciertas situaciones de mi vida: fortis imaginatio, generat casum (algo asi como: imaginar fuertemente las cosas hace que éstas sucedan)
La frase no tenía corolario. Y supongo que eso explica en gran parte por qué nadie ha encontrado aún el acomodo ideal para las cosas que sin ser imaginadas con antelación, ocurren un día de manera inesperada y súbita.
Pero no vamos a ponernos tan quisquillosos en ese punto.
A una semana del "gran escape" quiero dejar constancia de que pese a mi natural tendencia al escepticismo y el malviaje, todo lo que está por suceder se concibió cuando a mis propios ojos parecía algo lejano e inalcanzable.
Sea, pues, este blog la prueba más fehaciente de que la fórmula de Karlatone funciona.

3 may 2008

Bitácora


Cuando alguien haga el recuento de las cosas no dichas
De los pensamientos concebidos y luego desechados por inasequibles
De los miedos inconfesables, pero siempre presentes
Encontrará en esta libreta vacía
el registro detallado y preciso de mis jornadas:

Una hoja en blanco describe a cabalidad
el lento transcurrir de estos días...

El diario no hablaba de ti (ni de mí)

Hoy
igual que ayer
como siempre...

28 abr 2008

La pregunta del día

Que cómo me sentí hoy
La pregunta me la hicieron como diez veces a lo largo del día.
Y ahora que me lo cuestiono yo, debo confesar que me siento triste, nostálgico, esperanzado, emocionado, temeroso, tranquilo, sensible, práctico… todo a la vez.
Que caminé el centro de la ciudad con un nudo en la garganta.
Que pasé por el hogar sin atreverme a mirarlo de frente.
Que revisé el calendario para contar una vez más los días.
Que pensé demasiado en el futuro —cercano y lejano— y en él estabas siempre conmigo.

22 abr 2008

Ensoñación lúcida

Anoche soñé que el mundo llegaba a su fin.
Que todo a nuestro alrededor era destrucción y muerte.
Rodeados por la multitud, tú y yo huíamos juntos.
Brincábamos azoteas, atravesábamos oscuros y desérticos parques.
Nos refugiábamos en casas solitarias, que abandonábamos siempre al amanecer.
Por las noches, frente a un improvisado fuego, hablábamos de nuestros planes.
Ambos sabíamos que las ensoñaciones eran como espejismos que preludiaban las grandes catástrofes.
Aún así, las procurábamos a todas horas con una obstinación desesperada y suicida.
Mi sueño terminó la mañana en que el Ángel de la Muerte tocó a nuestra puerta.
¿Qué vamos a hacer? me preguntaste nerviosa, sin despegarte de mis brazos
Yo miré hacia la ventana y calculé el tiempo que nos llevaría desplazarnos hasta el balcón para saltar al vacío.
Luego te tomé de la mano con fuerza.
No supe más que pasó.
Estábamos juntos y no teníamos miedo.

29 mar 2008

¿Dónde quedó Macondo?


I
Colombia no es México, pero se le parece. Los embotellamientos en Bogotá me traen a la memoria las horas perdidas en el Viaducto, Insurgentes o en el periférico chilango. Me pasa lo mismo con la zona nice de la ciudad, y con los edificios que circundan las avenidas principales. Uno podría pensar que esta ciudad latinoamericana reproduce en miniatura las zonas más representativas del DF. Pero algo no cuadra. Tras una semana en Colombia me siento atrapado en una película Súper 8.
Eso debe ser: Colombia es como México, pero en los años ochenta.

II
He pasado toda la mañana en la zona de La Candelaria buscando un Starbucks inexistente. Por la tarde un colega me aclara que el café en Colombia es como el petróleo en México y me recomienda visitar alguna sucursal del Juan Valdez Café, la versión starbuckiana del café colombiano. Su sugerencia resulta ser la ruina de mis finanzas personales. Diariamente me tomó unas tres o cuatro tazas del mejor y más caro café de esta región de América.

III
En esta América Latina que recién empiezo a conocer somos más parecidos de lo que creemos. Los colombianos son "bacanos" y los mexicanos "chidos". Ellos tienen su M-19 y nosotros a nuestros zapatistas, ellos a su Álvaro Uribe y nosotros a nuestro Felipe Calderón. A pesar de todo, existen diferencias que no deben desdeñarse. Norma, una antropóloga con quien voy a comer a un restaurante vegetariano, me pone al tanto del clima de violencia que domina este país. Las historias que me cuenta parecen salidas de un cuento de terror. Corrijo: no parecen, en realidad salen de ahí. Y no se trata de ningún cuento.
Salgo de la comida con un hueco en el estómago.

IV
El lunes pasado, en la plaza Bolívar un hombre nos abordó para contarnos la historia de la toma del Palacio de Justicia y cómo guerrilleros y ciudadanos fueron masacrados por el ejército. A media semana regreso solo a la plaza para intentar reconstruir el relato. A pocos metros de ahí transita una cuadrilla de soldados armados. Camino varias calles hasta el Ministerio del Interior donde un grupo de trabajadores limpia con evidente desgana una pared manchada de pintura. He visto esta escena varias veces en la semana. A diferencia de nuestro país, el graffiti en Colombia es siempre es subversivo.

V
Ayer en casa de Gustavo me topé con un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina. Sé que en algún lugar de mi biblioteca también debo poseer uno. Eduardo Galeano es otra cosa que nos une a los latinoamericanos. Su visión trágica de la historia forma parte medular de nuestra educación sentimental.

VI
Desde la sala de espera del aeropuerto en donde concibo este post, me prometo a mí mismo regresar a Bogotá algún día. Tras varios minutos de retraso nos avisan por un altavoz que la aerolínea ha sobrevendido los boletos para México. Apenados por el error, piden que algún pasajero renuncie a su asiento a cambio de tentadoras prebendas. Es raro, pero pese a lo generoso del ofrecimiento ni siquiera contemplo la idea. Colombia es un país fascinante pero yo ya extraño mi hogar.

13 mar 2008

Una idea feliz

Regreso al blog después de varias semanas de ausencia en las que fue necesario tomar decisiones que para bien o para mal, había decidido postergar o evadir, como quiera que se vea.
Los meses que vienen no se antojan fáciles. Y sin embargo, me emociona la idea, de mudar de país, de rutina, de trabajo.
Buenos Aires parece un buen lugar para intentarlo.
Me gusta ver a Myriam contenta e involucrada en el nuevo proyecto. Siento que hemos aprendido a construir cotidianamente la idea de relación y de vida a la que aspiramos. Y que asumimos los riesgos con precaución, pero sin dejar que el temor o la incertidumbre nos abrumen más de la cuenta.
La semana que viene vuelo a Bogotá. Y eso, supongo, me dará el tiempo suficiente para ordenar mis ideas y comenzar a planear la primera etapa del “proyecto Argentina”.
Mientras tanto, habrá que cumplir con la cuota diaria de trabajo académico y editorial, y también con la de preocupación, nervio y malviaje, que resultan inevitables cada que se aproxima un cambio de vida.
Una idea feliz ronda mi cabeza estos últimos días: empiezo a acostumbrarme a los aeropuertos, y eso me gusta.

16 feb 2008

Mover montañas

Estos días aprendí que a veces lo sabio es rodearlas y dejarlas atrás.
Confiar en que a la distancia se verán más pequeñas.
Y entender que contra lo inamovible
sólo la perspectiva.

15 feb 2008

Y no diré nada más...

vulnerable, desconcertado y triste.

Borges, el actor


No pasa siempre, pero hay veces que al curiosear entre las páginas de un diario o al revisar en internet las páginas de las principales agencias noticias, uno se topa con artículos que suelen ser verdaderas joyas.
En meses pasados, por ejemplo, la agencia EFE informó a sus suscriptores de la existencia de un documental que data del año de 1972, titulado Borges, un destino sudamericano, en el que el célebre escritor argentino hace un alto en su labor creativa para interpretar al protagonista de su relato El Sur, que el propio autor llegó a definir como "acaso" su "mejor cuento".
La noticia llamó de inmediato mi atención porque en efecto, El Sur es uno de los cuentos más emblemáticos de la literatura argentina. Uno de esos relatos que conmueven no sólo por la perfección de su forma sino por la dimensión y el alcance de su contenido. Esos que con el paso del tiempo, cansados de contar la misma historia, dejan de hablar de los personajes para empezar contarnos de nosotros mismo.
En segundo lugar, porque la imagen del Borges escritor, interpretando a Juan Dahlman a mitad de un set de grabación, me parecía una idea demasiado excéntrica, por no decir surrealista.
La anécdota que dio origen al documental, así como las que se tejieron en torno a la filmación de las escenas en las que aparece Jorge Luis Borges no tienen pierde.
Contra todo lo que pudiera pensarse, a José Luis Di Zeo, el director del mentado documental, no le costó mucho trabajo convencer al Borges. Después de una larga estadía en Polonia donde había estudiado cine, Di Zeo regresó a Buenos Aires, localizó en una guía telefónica el número de Borges y le llamó para acordar una cita. Sorprendentemente el escritor no puso reparos, es más, de acuerdo al director, Borges se mostró desde un principio entusiasmado con la idea.
"Al principio se rió cuando le dije que interpretara a Juan Dahlman, porque decía que si aparecía en escena con un cuchillo, su abuelo se reiría porque luchó en la guerra y era un valiente y Borges se veía cobarde a su lado", relata Di Zeo.
Cuesta mucho de verdad imaginar a una personalidad como la de Borges exaltada frente a la perspectiva de representar a uno de esos "cuchilleros" que con tanto gusto describía en sus relatos. Aunque supongo que si por alguna razón aceptó desempeñar el papel, fue porque en el fondo, Borges se sentía extrañamente cercano a Dahlman. Hay que recordar que ambos personajes eran anglocriollos y bibliotecarios, y que el evento que da origen al relato —la herida que que se hace Dahlman en la cabeza— también fue experimentada en su momento por Jorge Luis Borges.
En fin, lo curioso es que pese al agudo sentido del humor del que alardeaba Borges, la noche previa al rodaje, el prestigiado escritor no pudo disimular su nerviosismo. Di Zeo relata que cuando lo fue a buscar a su casa el día de la grabación, el portero le preguntó qué pasaba ese día porque Borges llevaba levantado desde las cinco de la mañana y no paraba de dar vueltas. Horas después, cuando llegaron al sitio donde se iba a llevar a cabo la filmación, Borges se negó a bajar del coche porque tenía frío. El director, preocupado frente a la evidente indisposición del escritor, le preguntó a su segunda mujer, María Kodama, si podía darle cognac y ella dijo que "sólo un poco", por lo que le sirvió un vaso. Borges se tomó el trago de un sorbo y a los dos minutos bajó con energía del coche y dijo decidido: “déme el cuchillo".
Entre las anécdotas curiosas que se cuentan de aquel extraño día, está aquella en la que Borges, tras concluir la primera toma, mete por error su bastón dentro de un hormiguero, y pierde el equilibrio con lo que casi se cae. Sin perder su sentido del humor y su sarcasmo, con el cuchillo en mano, Borges palpó las cuatro muescas correspondientes a los asesinatos cometidos por su personaje y dijo con aire afectado: "aquí falta una muesca más, la de mi muerte". Pese al esfuerzo que debió representar para el laureado escritor filmar las escenas del documental, Borges no llegó a ver la película terminada. A decir del director, el escritor sólo tuvo oportunidad de apreciar el sonido, ya que en el momento de la edición final su ceguera era definitiva. Pero incluso entonces el escritor no perdió su ironía ni su particular sentido del humor. Cuando en 1977 un periodista le preguntó qué pensaba de su actuación Borges lo desarmó con unarespuesta digna de su genio: "¿Qué opinión puede tener un ciego de una película?".

11 feb 2008

Nadar de a muertito

Si hay una acción que puede describir a cabalidad mi estado académico-laboral-emocional de las últimas semanas ésta es la de flotar boca arriba, sobre una superficie líquida, esperando que la corriente me lleve lejos, lejos, muy lejos de aquí…

31 ene 2008

Splint


Llevo varios días deprimido. Razones hay muchas: académicas, amistosas, laborales, existenciales. Pero hoy me levante más temprano que de costumbre y vine por un cafecito para comenzar el día. Y me tomé mi tiempo para desayunar, leer el periódico y platicar con gente que sin saberlo, me cambió un poco la noción de las cosas. Ahora que son casi las dos de la tarde, es un hecho que la jornada de hoy está completamente perdida. Aunque pensándolo bien, es posible que por primera vez en lo que va de la semana el desaliento y yo hayamos quedado tablas. Y eso me da la pauta para pensar que con un poco de aplicación y buena cabeza, es posible salvar este bache emocional y volver a la senda de las cosas disfrutables que tiene la vida.
Venga pues otro capuchino doble a la mesa!!

18 ene 2008

La nueva de McCarthy



No es un secreto que uno de los temas vitales y literarios que más me obsesionan —obsesión entendida como hambre de conocimiento y afán de comprensión— es el de la paternidad. De ahí que ciertos autores como Philip Roth, Paul Auster, John Irving, Gerardo Kleinburg, y otros con similares preocupaciones ocupen un sitio privilegiado en mi biblioteca particular y que gran parte de mis proyectos narrativos se afanen en explorar esa relación conflictiva y ambivalente que se establece siempre entre un padre y un hijo.
Quizá por eso no fue ninguna sorpresa que The Road, el nuevo libro de Cormac McCarthy, me cimbrara de pies a cabeza. Y es que si bien conocía con anterioridad algunos detalles del apocalíptico argumento, de ninguna manera me encontraba preparado para explorar los parajes más recónditos del vínculo filial en los términos extremos que McCarthy plantea en su novela
En The Road, un hombre y su hijo avanzan hacia el sur por una carretera calcinada que atraviesa ríos pestilentes, ciudades en ruinas y paisajes desolados en los que no hay vestigios de vida, con excepción de las hordas de caníbales dispuestos a asesinar a todo aquel que se atraviese en su camino. Con un lenguaje sobrio, e incluso sombrío, Cormac McCarthy hace un recuento angustiante de la lucha por la sobrevivencia de estos dos personajes que se enfrentan al hambre y al frío, pero también a la desesperanza.
Y es que más allá del planteamiento lúgubre, lleno de incógnitas e incertidumbres con que arranca la novela, McCarthy logra construir a lo largo de su relato una reflexión acerca de la validez de ciertos valores humanos en las situaciones límite.
¿Tienen cabida el amor, la misericordia, la bondad y la fe, en un mundo que está condenado a la decadencia y a la extinción? El padre y el hijo de esta novela piensan que sí. Por eso a pesar del peligro y de las carencias a las que se someten durante su peregrinaje, ambos personajes atesoran eso que llaman el “fuego”, sabedores de que en todas las edades de la humanidad quien posee el “fuego”, posee la verdad, y quien posee la verdad, posee también el futuro.

13 ene 2008

Amanecí cansado

de las noches en vela, del trabajo a medio cumplir, de las vacaciones postergadas, de las esperas que no terminan, de las incertidumbres laborales, de las emociones acumuladas, de las pláticas pendientes, de las recepciones y despedidas…

10 ene 2008

Certezas


Sé que te quiero y que me esperan más aeropuertos...

5 ene 2008

Tarde de sábado

Acabo de ver una peli que se llama December boys. Sin vender la historia diré que es la clásica cinta lacrimosa y emocional en la que un grupo de amigos -huérfanos, para acentuar la parte trágica del guión- viven un verano que les cambia la vida. Estoy más que consciente de que no es una gran cinta, pero me gustó. Al final de la película hasta se me salieron unas lágrimas furtivas.
A últimas fechas mi estado de ánimo da tremendos bandazos de lo sensible a lo racional y me cargo un sentido del humor que ni yo lo aguanto.