11 jun 2009

La trampa de la reproducción


Semanas de encierro académico —ya se sabe: café, lecturas, y capítulos que se escriben a paso minúsculo pero constante— alternados con breves pero desgastantes encuentros con el aparato burocrático-estudiantil, que parece haber sido diseñado para que nadie pueda graduarse. Esa ha sido la crónica de estas semanas. Aburrida y estéril, como todo lo que huele a academia y a trámite administrativo.
La relectura de Bourdieu, me ha regalado una percepción novedosa sobre mis propias prácticas. Me empiezo a percibir como un “agente social” que se debate entre la inercia de su habitus y el interés por mejorar su posición relativa en el espacio social. Y que atrapado en esa disyuntiva, sólo alcanza a reproducir las condiciones estructurales que le han dado origen.

30 abr 2009

Días extraños


A una semana de la alerta nacional por el virus de la influenza porcina no me siento alarmado. No he comprado tapabocas, ni gel desinfectante. Saludo a la gente de mano y de beso, siempre que puedo. Bromeo ocasionalmente con el episodio del virus; comento con mis conocidos las noticias que saturan la televisión y la radio; elucubro y tiro abajo teorías conspiratorias con el mero afán de distraer la mente. En el fondo me pregunto si no estaré tomando el asunto muy a la ligera. Pero no puedo hacer nada contra ese estado de ánimo. Por algún motivo, me siento vacunado contra el pánico.

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Imaginen una ciudad semivacía, silenciosa, donde las pocas personas que se ven en la calle caminan rápido, como si no quisieran detenerse a saludar a nadie. Imaginen un autobús donde lo único que se escucha es un noticiero que repite obsesivamente las mismas recomendaciones sanitarias. No besos. No contacto. No saludos de mano. Imaginen a los pasajeros ajustándose el tapabocas cada cinco minutos y mirando con recelo al vecino de junto, repartiendo a diestra y siniestra codazos, intentando descifrar el estado de salud de sus acompañantes. Imaginen que todo es real, que no están imaginando nada.
Eso es México hoy: un país donde la imaginación se ha desbordado.

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Estoy de acuerdo con que la gravedad de la situación amerita un gran programa preventivo. Pero lo de la televisión mexiacana raya francamente en lo ridículo. Durante siete días no hemos hecho otra cosa que escuchar las mismas preguntas en los noticiarios: ¿Puedo comer cerdo? ¿Se puede contagiar mi mascota? ¿Debo ir a trabajar mañana?
El secretario de Salud –un personaje que hasta hace una semana era un completo desconocido– es quizá ahora uno de los rostros más populares del país. Lo mismo los doctores que desde la tribuna televisiva evangelizan a un pueblo ignorante, carente de sentido común y ávido de respuestas fáciles: Sí puede comer cerdo. No se puede contagiar su mascota. Claro que tiene que ir a trabajar mañana. Y, por cierto, no olvide lavarse las manos.
Y así, hora tras hora, días tras día. No sabemos qué ha sucedido con la escalada de violencia en los estados del norte del país, ni con la crisis económica mundial. La influenza lo acapara todo.

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Una postal describe a plenitud la sicología del mexicano.
Ayer por la noche el presidente anunció que durante cinco días se suspendería en el país toda actividad laboral, pública o privada. Pidió a la gente que durante ese periodo no saliera de sus casas. Prudencia, era lo único a lo que el mandatario apelaba. A los pocos minutos, Acapulco e Ixtapa registraban un 85 por ciento de la ocupación hotelera.

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Nos esperan cinco días de locura. Sin restaurantes y centros comerciales. Sin cines abiertos. Sin futbol. Sin posibilidad de ir a la playa o de reunirse con los amigos. Para colmo, aún no he podido contratar en casa internet o televisión por cable. En este escenario, el temor a la influenza es lo de menos. ¿Sobreviviremos a nosotros mismos? Esa, es para mí, la verdadera pregunta.

17 abr 2009

Una de políticos

Por una de esas extrañas e inexplicables casualidades, desde hace tiempo recibo en mi correo electrónico algunos mails que están destinados al presidente municipal de Oaxaca. Así me he podido enterar de la millonada que cobran las empresas que hacen encuestas a los gobiernos estatales (tengo incluso las cotizaciones); los "favorcitos" que algunos promotores culturales le piden a las autoridades y lindezas burocráticas de todo tipo. El de hoy, sin embargo, no tiene pierde. Resulta que uno de los subordinados le "sugiere" al jefe con mucha diplomacia asistir a un seminario internacional y lo hace en los siguientes términos:
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ESTIMADO PRESIDENTE:
ESTE ES UN SEMINARIO QUE VALE LA PENA ASISTIR O ENVIAR A ALGUIEN DEL EQUIPO, AUNQUE YO SE, QUE POR LA EXPERIENCIA QUE TIENE, BIEN PODRIA USTED DAR EL CURSO Y NO TOMARLO...
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¿Qué onda con nuestros políticos? ¿De verdad se tragarán completita tanta lambisconería? Viendo como los tratan no me extraña nada que después de tres años en el poder sientan de que lo saben todo.

14 abr 2009

Mi casa


Mi casa no es una casa. Es un departamento ubicado en el segundo piso de una concurrida calle del centro de la ciudad. Desde sus ventanas se pueden ver las cúpulas de las iglesias y las torres de catedral; y a veces, cuando los días son buenos, es posible admirar los volcanes en toda su magnificencia.

Justo enfrente hay un bar que se llama Garufa y que curiosamente tiene a la entrada inscrita la leyenda: Puebla-Buenos Aires-México. Por más que intento convencerme de lo contrario, no puedo dejar de pensar que estas palabras están ahí por algún motivo. Quizá para recordarme que pronto volveré a pisar tierra argentina o para susurrarme -en el lenguaje secreto de las casualidades- que el lugar en el que ahora habito estaba reservado para mí. O lo que es lo mismo: que estoy justo en el sitio en donde tengo que estar.

Por primera vez en mi vida estoy estrenando muebles propios. Y pronto tendré cortinas. Y aunque no sé cambiar una llanta, ni usar correctamente un taladro; lavo mi ropa en casa, preparo diariamente mis alimentos, limpio y arreglo el hogar cada que se requiere.

No estoy solo en este proyecto. Y eso hace la diferencia. Convierte este departamento de segundo piso, en un hogar con todas las de la ley. Ayer en la noche encendimos una vela y prendimos incienso para los buenos augurios.

Sin darme cuenta empiezo a concebir nuevos planes. Mi optimismo se declara oficalmente renovado. Todo saldrá bien.

27 mar 2009

A mis treinta y tres, veintiocho dicen que aparento...

No estoy seguro que mi cumpleaños número 33 me encuentre en un momento privilegiado. A estas alturas me queda claro que entre más se vive, menos cosas se saben, las certezas se vuelven escasas y todo se vuelve relativo. Esta mañana desperté con ganas de hacer de la incertidumbre un aliado y no el enemigo a vencer. Me pregunto si no es un poco tarde para hacer algo al respecto.
Mi orden del día para hoy: pensar poco, trabajar lo necesario, construir este día y compartirlo con la gente que quiero. Lo demás -y creo que ésa es la única premisa que me empeñaré en sostener- puede esperar a mañana.

20 mar 2009

Andrés al rescate...


Apenas estoy asimilando el golpe anímico que significa la postergación o posible cancelación de mi viaje a Buenos Aires, cuando me entero que Andrés Calamaro tocará próximamente en Puebla.
La cosa suena surrealista, lo sé, pero me ha hecho sonreir en una semana que ha sido toda nostalgia y tristeza.

6 mar 2009

Suficiente por hoy

Agotado. Así me he sentido toda la semana, aunque este viernes más que otros días. Añoro un periodo de la vida en que sentirse así no era problema, cuando era posible apretar el botón de pausa y suspender las obligaciones cotidianas sin que el fantasma de la culpa asomara su odiosa cabeza.
Ahora todo es diferente. Yo soy diferente. Las cosas son diferentes. Y en días como hoy en que carezco del impulso necesario para acometer las responsabilidades que me agobian, lo único que me queda antes de desertar es cerrar bien los ojos, respirar profundo, y hacer lo posible por olvidar que mañana tendré que pagar la factura.

19 feb 2009

Lo que significan las Itacas

A lo largo de mi trayectoria como lector, pocas cosas me han emocionado tanto como ciertos pasajes de La Iliada y La Odisea que por extraño que pueda parecer, termino siempre por conectar con episodios de mi propia vida. Por tal motivo, no es casualidad que a la cabeza de este blog esté inscrito el verso sobre Ítaca que se le atribuye a Konstantine Kavafis.
Hace algunos días me tope por casualidad con la traducción original del poema completo de Kavafis. Más allá de lo cursi -y hasta cierto punto evidente- que para un lector moderno puede resultar la metáfora del poeta alejandrino, la noción de Ítaca como aspiración, como puerto de llegada y trayecto a la vez, sigue resultando atractiva. Aunque si se trata de ser sinceros a mí me seduce más la idea de la Ítaca que nunca fue, la que se idealizó tanto durante la travesía, que poco o nada puede ofrecer al viajante. La que niega riqueza, pero brinda a cambio paz y sabiduría. La Itaca de la eterna promesa incumplida. La del anhelo enraizado en la fe. El hogar, a secas, para quien lo ha dejado todo. La Itaca querida.
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Itaca
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Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni a fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante tí los pone.
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Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
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Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
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Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
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Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.

16 feb 2009

El recuento de los daños

Fue un placer enorme encontrarme con Rodrigo en el DF, después de casi diez años de no vernos, y charlar como si el tiempo no hubiera pasado de largo. Compartir con Bethza y Karla un delicioso vacío argentino, y platicar de amigos comunes, de literatura y de viajes (azar objetivo, a final de cuentas). Lindo también, conocer la casa de Nacho y Pilar y disfrutar un poco de esa boda que se me negó el año pasado por culpa de la crisis.
El resto del fin de semana, bien podría olvidarse. Excepto quizá, el abrazo del domingo, ya en casa. Un gesto que curó todo o casi todo (debo reconocer que aún hay cosas que duelen).

13 feb 2009

¿Dónde está William Wallace?


La imagen que encabeza este post desmiente a todo aquel que alguna vez pensó que las guerras con arco y flecha eran cosa del pasado. La instantánea fue tomada al oeste de Kenya en el campo de batalla donde dos tribus se disputan el control político de una región. La foto -una de las ganadoras del Word Press Photo 2008- es una prueba más de lo ajeno que resulta África a nuestros ojos. De la indiferencia hacia un continente que ha sido saqueado durante siglos. Y de las realidades cotidianas que superan cualquier ficción.

27 ene 2009

Sick

Dicen que la salud es el estado transitorio entre dos épocas de enfermedad. Pero a últimas fechas la mía se ha reducido a niveles preocupantes. Mis defensas han menguado al punto que una simple gripa me mantiene tres semanas en un estado deplorable. O de pronto amanezco con una reacción alérgica inexplicable, con extraños dolores abdominales, o cosas así. Quiero pensar que el origen de esta situación se encuentra en los cambios experimentados en los últimos meses, a los cuales mi organismo terminará tarde o temprano por adaptarse. Mientras tanto me descubro intolerante, frágil y hasta dependiente. Y es que la enfermedad -y el dolor que inevitablemente asociamos a ella- tiene la facultad de convertirnos en seres ajenos a nosotros mismos. De volver impaciente al ecuánime, malhumorado al optimista, y lúgubre al más festivo. Por eso, tan pronto salga de esta racha de medicinas y tratamientos, prometo ser más paciente y comprensivo con mis enfermos. Pensar que no son ellos sino sus enfermedades y recordarlos, a pesar de todo, siempre saludables.

12 ene 2009

Primer post del 2009


Sucedió hace más de tres años. Era verano, y por uno de esos vuelcos inexplicables que da la vida yo me encontraba en Niza. Ese mismo día, por la tarde, debía abordar el tren que me llevaría Barcelona para la cubrir la etapa final de unas vacaciones que se habían prolongado demasiado. Llevaba más de dos meses de cargar la mochila en la espalda, durmiendo en hostales o en trenes, y pensé que un día en la playa al estilo Wild On podría revitalizar mi espíritu.
Por la mañana, mientras dejaba encargadas las maletas en la consigna de la estación, escuché que alguien gritaba mi nombre. Juan Pablo y Georgina, los amigos con los que había convivido gran parte de mi estancia en Madrid así como un breve, pero intenso periodo en París, venían llegando a la ciudad. No me sorprendió tanto la casualidad del encuentro, como las razones que los habían llevado hasta ese destino mediterráneo. ¿Quién puede negarse a los encantos de la Costa Azul en las semanas más calurosas del año? me dijeron. Y entendí de golpe que cuando viajas toda eventualidad se convierte en una feliz coincidencia.
Con la toalla colgada en el hombro nos dirigimos al mar. Las horas en la playa fueron pocas pero suficientes para infundir nuevos ánimos. Nos tomamos fotos. Nadamos y comimos entre decenas de turistas con la piel enrojecida por tanto sol. Al atardecer, cuando me despedí por tercera ocasión de mis amigos, supe que en lo sucesivo no habría más sorpresas en el camino. El inminente regreso a nuestros países cancelaba la posibilidad de volver a encontrarnos. Cuando dijimos adiós sentí, por primera vez desde que había salido de México, que mi travesía había terminado.
Pasaron varios meses antes de que las vivencias de aquel verano pudieran asimilarse por completo: los intentos frustrados previos a mi partida, la mañana que toqué fondo a la sombra de un viejo árbol en el parque de la Moncloa, las pesadillas que me agobiaban durante los trayectos nocturnos en tren, la obsesión por huir lo más lejos posible de todo y de todos. Y luego, poco a poco, emergiendo luminosos de las profundidades de un mar abisal: el encuentro con mi hermano en una ciudad de reyes olvidados, las veladas apacibles en el sillón azul de una residencia universitaria, la noche en que una película extranjera me hizo reir hasta orinarme, la soledad asumida no como losa, sino como agradable y necesaria compañera de viaje. Aún ahora, cuando la distancia que media entre el hombre que partió desecho a otro continente y el que escribe con nostalgia estas líneas es abrumadora, me resulta imposible discernir cuánto de mí se gestó en ese agobiante e inovidable verano.
Por eso no hablaré en este momento de Argentina. De todo lo que Argentina me ha dejado sembrado. Diré, sólo por cumplir el ritual del primer post del año, que viví en Buenos Aires los meses más desconcertante e intensos de mi vida. Que aprendí a viajar ligero, pero acompañado. Que el ejercicio de soltar las amarras me sigue costando trabajo. Que extraño por las mañanas mi café con tres medias lunas. Que ayer soñé que caminaba una calle y era Corrientes esquina Callao.

17 dic 2008

Brevario

Estamos a punto de partir para Iguazú. Nos esperan unas 20 horas de viaje en autobús y yo estoy resfriado, con dolor de cabeza y la garganta a punto de estallar. Myriam ha salido a la lavandería y me ha dejado un recado en la computadora. He pensado mucho en nosotros las últimas semanas. Puede parecer extraño, pero pese a la incertidumbre de estos últimos días siento que nada nos falta. Recuerdo que hace tiempo yo buscaba algo así. Parece mentira que a veces sólo sea cuestión de esperar, de ser pacientes. Voy a dormir un poco más hasta que regrese. Suena cursi, lo sé, pero ya la extraño.

16 dic 2008

Uno de esos momentos...

En el recuento de los momentos top de este 2008 que está por concluir, habrá que poner en un lugar de privilegio la noche del sábado pasado, con un estadio de River desbordado, en el esperado regreso de Los Fabulosos Cadillacs a los escenarios. Si me preguntan mi opinión este fue uno de los climax del último concierto que nos reventamos este año.

4 dic 2008

El sentido práctico

Todo empezó con una lluvia que se convirtió en tormenta y que inundó nuestro departamento ubicado en el tercer piso de la calle Juncal al 1690. Continuó al día siguiente, cuando nos percatamos de que las lap top que almacenan buena parte de nuestra vida laboral, académica y personal, no encendían. Ayer, el profesional que tuvo en sus manos la tarea de evaluar los daños nos comunicó su veredicto. La máquina de Myriam está desahuciada. La mía permanecerá una semana más en terapia intensiva. Con suerte, los datos de ambas pueden pueden recuperarse. Pero no aseguran nada. Obvio que nuestro humor está de mírame y no me toques. No sé si estoy exagerando las cosas, pero si alguien me lo pregunta, diré que Argentina ya dio todo de sí, al menos en lo que respecta a este año. En ese sentido, me parece que la decision de regresar a México para la Navidad ha sido lo más acertado. Ni hablar. Entre lo ideal y lo práctico, se impuso lo práctico.

25 nov 2008

Y ahora pa' dónde


Buscando un lugar en el mundo, nos debatimos entre lo ideal y lo práctico....
PD. Este post bien podría llamarse: Un boleto de avión, tres meses libres y una cuenta de bancaria en proceso de extinción...

11 nov 2008

Los pies sobre la tierra

Juan dice que hay que no hay que esperar nada. Yo me aferro a que se debe esperar lo mínimo. Nacho, por su parte, siente que debe esperarlo todo. Parecemos como la escala evolutiva, pero al revés. Vamos de lo más a lo menos y en la ruta de la frustración, parece imposible revertir el proceso.
Hoy por la mañana el tema salió a la plática con Myriam. Y luego, no sé cómo, se habló de las prioridades. Cuáles son las cosas importantes, cuáles las imprescindibles.
Mira que a veces hace falta una conversación de esas para poner los pies en la tierra. En cosa de media hora pasé de considerarme un realista consumado, a sentirme un tipo de lo más candoroso y crédulo. En el afán de no clavarse en la textura, mejor le paramos. Pero yo no puedo dejar de darle vuelta al asunto.
Hasta el momento un par de ideas se me ocurren. 1) O bien soy feliz con poco; 2) O bien lo poco que tengo me hace feliz. Y aunque me parece más atractiva la segunda opción, creo que lo valioso del ejercicio está en reconocer no sólo el terreno que se pisa, sino la forma y la fuerza con la que se pisa. Por lo demás, no me interesa complicarme con el viejo dilema del vaso medio lleno o medio vacío.

4 nov 2008

Casi nunca


Hace ya algunos meses, Daniel Sada nos compartió a algunos de sus allegados el borrador de su última novela. A pesar de haber leído casi toda la obra completa de Daniel y de ser testigo lejano, de la escritura de sus dos últimos libros (Ritmo Delta y La duración de los empeños simples) la inminencia de una nueva novela me generaba una expectativa inusitada. Y es que a decir del propio Daniel, se trataba de su trabajo más personal, y por tanto, el que más le había costado trabajo escribir.
Conocedor de ciertos detalles de la ficción que cabalgaban paralelos a la vida del autor, devoré con fruición –casi de una sentada- la versión electrónica de esa novela, apenas llegó a mi correo.
Desde siempre he considerado la literatura de Daniel como una apuesta arriesgada por el lenguaje y por el humor (lo cual, en un medio tan conformista como el literario, donde nadie arriesga nada, es por sí mismo, un gesto que se agradece); sin embargo, fue hasta que terminé de leer la última línea de su novela, que me quedó claro de qué va esa obsesión -casi diría testarudez- de Daniel, por exprimir a full cada palabra, por trabajar el fraseo hasta el cansancio, por asumir un punto de vista no convencional (y por eso muchas veces incomprendido), y sobre todo, por resistirse al facilismo de los temas de moda. En una sola idea: por ser siempre Daniel Sada, y no otro, el que escribe.
Hoy por la mañana me enteré por los diarios que la última novela de Daniel –esa que leí hace tiempo en un archivo de word en mi computadora- ha sido la ganadora del Premio Herralde de Novela 2008, posiblemente el galardón editorial con más prestigio en el mercado de habla hispana. Desde que me enteré de la noticia me siento feliz y emocionado. Primero, claro está, por Daniel. Pero también por la literatura, que gana con este premio un autor diferente.
Está por demás recomendar la novela de Daniel Sada que próximamente saldrá publicada por Anagrama bajo el sugestivo título de Casi nunca. No se la pierdan.
Es, de verdad, una joya.

22 oct 2008

Algo apesta


Cada que reviso mi cuenta bancaria, me topo con la sorpresa de que mi dinero en este país vale cada vez menos. Las pérdidas acumuladas son ya del orden del 30 por ciento y amenazan con aumentar. Sirva la anécdota de hoy para ejemplificar mi situación.
Apelando a la prudencia, decidimos ir al cine el miércoles que nos cuesta la mitad. La película estuvo tan buena que nos despertó las ganas de un cafecito. Como ya no tenía efectivo, me dirigí al cajero para sacar un poco de dinero. Mi sorpresa en ese momento no fue mayor que mi enojo: de un día a otro, un deslizamiento del peso, evaporó de mi cuenta el equivalente a una quincena, de esas de las que -por cierto- ya no percibo.
De regreso a casa intento convencerme de que no debo entrar en pánico. Pero los medios no son tan optimistas como yo. El diario de hoy informa que en México el dólar se fue casi a 14 pesos y la bolsa cayó 7 por ciento.
A estas alturas no dejo de preguntarme en qué momento nos hicimos tan vulnerables a fenómenos que con trabajo alcanzamos a entender y sobre los cuales no tenemos capacidad de control o influencia alguna.
El otro día leí en La Nación que los libros de Marx, Keynes y Smith han registrado niveles record de ventas en los últimos meses. Al parecer somos ya legión los interesados en saber a dónde diablos se fue nuestro dinero. Y es que si algo ha dejado claro la historia es que las grandes riquezas, se amasan siempre al amparo de las grandes ruinas. O lo que es lo mismo: hay alguien muy vivo, en algún lado del mundo, que se está haciendo rico a nuestras costillas.

Divagaciones para una ciudad en ruinas

Es curiosa la forma en que se construyen las geografías personales. La forma en que uno se apropia de un lugar y lo vuelve territorio recurrente de la memoria, de los afectos, de las ideas. Es curiosa porque para fijar las coordenadas de ese espacio apropiado se requiere tener cierta perspectiva. Salir de la zona de confort, ubicarse en un punto lejano y contrastar. Hacer de lo absoluto conocido un relativo imaginado. Hace falta, pues, hacer las maletas. Tomar un avión. Cruzar una frontera. Balbucear palabras en un idioma que se desconoce. Perderse en las calles de una ciudad. Sentirse ajeno, extraño y hasta indeseable.
He pasado por todo eso antes. Pero por alguna extraña razón, ha sido hasta ahora, que habito una ciudad cuyo origen e idiosincracia pareciera no distar mucho de la mía, que me reconozco venturosamente atado a ese pedazo de tierra que es Puebla.
Hace varias semanas me hicieron la propuesta de retomar mi trabajo como columnista para una revista. ¿Por qué no escribes desde Buenos Aires pensando en Puebla? Lo pensé y me negué. Luego lo volví a pensar.
Hablar o escribir sobre Puebla desde esta región del mundo no es tarea fácil. Buenos Aires es una ciudad demasiado centrada en sí misma. Una ciudad que te recuerda a cada paso que estás aquí. Que no importa de dónde vengas es éste, y no otro, el centro del mundo. Cómo entender si no, la magnitud de la oferta cultural para una ciudad que apenas rebasa los dos millones y medio de habitantes. O el peso que tiene la industria turística en la capital de este país, donde elementos tan cotidianos como el tango, el cafecito porteño, el clásico Boca-River o el asado, se venden al exterior como productos o servicios que más allá de generar una derrama económica importante, contribuyen a afianzar la identidad de sus habitantes.
No se requiere vivir mucho tiempo en esta ciudad para entender que el ego de los argentinos está justificado con creces. Basta con asomarse a la excentricidad de una avenida como la Nueve de Julio o de una calle como Corrientes; o mirar con ojo crítico la proliferación de actores, escritores o grupos de rock que a contrapelo de los apologistas del mundo globalizado, apuestan por lo local y se la “bancan” solo con el mercado argentino, el mismo que recibirá próximamente a Madonna en el estadio de River, y que obligó a Luis Miguel a abrir una cuarta fecha en el estadio de Vélez Sarsfield.
Buenos Aires, con todos los defectos que pueda tener, se apunta en la lista de ciudades cosmopolitas, pero con identidad propia, en donde pareciera que hay lugar para todos.
En este punto, la comparación es inevitable.
Y es que Puebla, como ciudad, tiene todos los elementos -al menos en potencia- para colocarse en ese prestigioso rankig.
Últimamente, ha tomado fuerza cierto discurso que reniega de lo local. Como si pensar hacia adentro fuera pensar menos y pensar además mal. Buenos Aires es un ejemplo de lo contrario. De cómo imponer lo local al mundo. De cómo presentarse ante los demás con la ropa de siempre y parecer, sin embargo, elegante. De cómo hacer del ego y la autoestima una virtud. De cómo convertir a la aldea en un lugar donde quepamos todos.