23/10/2007

Del invierno que viene


El invierno arribó a mi casa esta madrugada. Llegó sin previo aviso, silencioso, como siempre hace. Y me alegró sin querer la mañana.

Me gusta el invierno y la forma en que se hace presente. Es como si no quisiera llamar la atención, pero resulta imposible no percatarse de su presencia. Hoy por ejemplo, cuando se coló por la ventana semiabierta de mi recámara, no hizo casi ruido, pero me obligó a ponerme de pie para buscar una manta.

Y pienso, no sé por qué razón, que las cosas o las personas importantes de tu vida llegan así, sin aspavientos, ni promesas; pero una vez que se instalan te hacen sentir de manera discreta su fuerza. Sin pedir nada, te obligan a moverte. Te cambian la vida, como el invierno suele cambiar el paisaje.

Hoy por la mañana llegó el invierno a mi casa. Y yo me siento feliz.

05/10/2007

De la fe

Hace dos años, cuando tomé mi avión a Madrid, estaba perdido. Solo, en un país extraño, entendí que en ocasiones, renunciar a la vida conocida y saltar al vacío, constituye la única manera digna de perdonarse. El viaje que emprendí fue en ese sentido —y para mi fortuna— una huída frustrada.
Hace un par de semanas volví a subirme un avión. Y en esta ocasión todo fue distinto. Por primera vez en mucho tiempo tuve la sensación de estar justo donde debía y con quien debía. Y esa noción, tan extrañamente irreal, se multiplicó a lo largo de dos semanas que incluso ahora, cuando estoy de regreso, todavía continuo disfrutando.
A veces me pregunto si en verdad merezco todo lo que me ha sucedido este año. Y siempre concluyo que no. Pero es lo de menos. Dudo que ser feliz se trate de una cuestión de méritos. Así que en vez de perder el tiempo con ese tipo de pensamientos, me solazo en la idea del próximo fin de semana, o del próximo viaje, me permito soñar e ilusionarme y volver a creer. Sobre todo eso último: creer que todo en esta vida es posible.