31/07/2006

Otra vez lunes

Son las once y media de la noche. Hace más de una hora que terminé y sigo todavía en la redacción del periódico. No le he dirigido la palabra a nadie en toda la tarde. Laura me pregunta qué me pasa, que por qué estoy así. Y sólo se me ocurre decirle que he tenido un mal día. No le cuento de mi frustración, ni de mis temores, ni de los pensamientos que vengo arrastrando. Me haría bien hablar, lo sé, pero es cuento de nunca acabar. La historia se va a repetir y yo ya estoy harto de quejarme.

Cosas del mercado


No. No fue el equipo creativo de una prestigiada agencia de publicidad. Tampoco el director de la editorial. O un especialista en mercadotecnia. O un diseñador gráfico. Vaya, ni siquiera el autor de la novela. Fueron 120 vendedores del Sanborn’s a quienes se les asignó la importante labor de escoger, de entre una serie de dummies, la portada del libro de Lalo.
Como sea, es un gusto saber que a partir de octubre Toda esa gran verdad compartirá anaqueles con lo mejor y lo peor de la literatura nacional. Una buena noticia para el autor, para sus futuros lectores, y para quienes estamos en el camino.

26/07/2006

Un lado no tan oscuro


La primera vez que vi El lado oscuro del corazón fue en el verano de 1995. Era una tarde fría, llovía, y ante la perspectiva de una tarde aburrida Juan, Nacho y yo decidimos rentar una película. Escogimos esa porque el título nos llamó la atención. Aún no cumplíamos los veinte años y nuestras experiencias vitales eran muy reducidas. Lo sabíamos, éramos conscientes de eso y en nuestra urgencia por rellenar los espacios vacíos recurríamos a la literatura o al cine. En mi caso, más a la literatura.
Como toda primera vez, el contacto inicial con la película fue deslumbrante: la poesía, los personajes, las escenas cargadas de surrealismo, la música, el paisaje urbano (aún ahora, más de diez años después, sólo puedo imaginar Buenos Aires a través de esa cinta).Y por encima de todo eso la idea del amor, flotando en el aire, como un elemento desconocido, inasible, que se posaba sobre nuestras cabezas.
Recuerdo que los siguientes días me di a la tarea de conseguir los textos del guión de la película, cosa que me resultó difícil en una época en la cual el internet era aún una rareza. Compré algo de Benedetti y de Oliverio Girondo. De Juan Gelman no pude encontrar nada. Los leí con fruición, me aprendí algunos fragmentos de sus poemas, y durante meses (quizá hasta años) me di a la tarea de buscar a la mujer que vuela. No la encontré nunca.
Ayer por la noche vi la película por segunda vez. Al igual que doce años atrás, hacía frío y llovía. Después de preparar la cena me recosté en el sillón de la sala y encendí la televisión. La cinta ya había iniciado pero aun así decidí verla completa. Mis intenciones fueron declinando a medida que avanzaba la madrugada. Los diálogos me parecieron afectados y cursis. Los personajes, estereotipados y pretenciosos. La visión del amor, sufridora y machista. Para las dos de la mañana, por uno de esos incomprensibles, y en este caso, venturosos accidentes de la televisión por cable, el audio de la película se fue y entonces pude retirarme a mi habitación sin culpa.
No entiendo bien lo que pasó. Supongo que con el tiempo uno cambia su visión sobre las cosas; deja de creer, de buscar, renuncia a las ideas que fueron alguna vez importantes. Y esto no debe representar ninguna tragedia. Pienso en la infructuosa pesquisa de la mujer que vuela y sé que a estas alturas ya no querría algo así. Puede que el miedo tenga algo que ver en todo esto, pero a últimas fechas, cuando de relaciones se trata, prefiero conservar los pies bien puestos sobre la tierra.

17/07/2006

I-Ching(a)


El hombre superior no escribe. Se conforma con vivir el día a día. Pega un brinco si le da la gana, muerde un lapiz por el gusto de hacerlo o se pone a llorar si siente que es necesaria cierta dosis de dramatismo para mantener el ego a la altura de los pequeñas tragedias. No lee, no discute de política (le da hueva), repudia las conversaciones sobre libros o autores. Renuncia a la dieta, a la coca light, al abandono del tabaco, a las disciplina y al orden que a decir de los iluminados, hacen más sencilla la vida. El hombre superior no rie al último, pero rie mejor porque al final lo ha comprendido todo: no hay alivio a la vista.

04/07/2006

San lunes

Hay días como hoy en los que uno no debería de levantarse de la cama. Ni atender las obligaciones cotidianas. Hacer a un lado las emociones y las personas. Olvidar las cuentas pendientes. Dedicarse a la contemplación. Practicar el arte zen a la manera de los negligentes e irresponsables. Salir a la calle sólo si se te está quemando la casa o si tienes unas ganas irresistibles de vagabundear, como cuando eras un chico y no había en el mundo nada más importante que recorrer las cuadras que separaban el hogar de la tienda, montado sobre tu bicicleta.