24/12/2009

En paro

Pensé con ingenuidad que llegaría descansado y con ánimo celebratorio a la Nochebuena familiar. Pero a horas del tradicional festejo me siento realmente agotado. Me urgen ya las vacaciones. Sol y playa en dosis moderadas. Tiempo para leer y pensar. Ocio en su estado más puro. Quiero una zona donde el wi-fi sea un elemento inexistente. Donde mi teléfono se quede sin cobertura. Donde leer los diarios o ver la televisión carezca de sentido.
Hoy, 25 de diciembre, me declaro oficalmente en paro.
En lo que este año respecta, no volveré a trabajar.

21/11/2009

Venga, pues...

Mi ausencia del blog no es fortuita. Estoy cerrando el 2009 contra reloj, volcado sobre un par de proyectos que se resisten.
No se requiere ser muy avezado para percibir que se avecina un cambio de vida: de trabajo, de proyectos, y en una de esas, hasta de ciudad.
Por ahora, en vísperas del invierno, todo es incertidumbre.
Curioso, con cierta dosis de nerviosismo en el cuerpo, me froto las mano y espero...

15/11/2009

A propósito de Fito

Tres momentos para rescatar del concierto de ayer:

11 y 6: En lo personal, una de las canciones que más disfruto. Te transporta de inmediato a Corrientes y al ambiente festivo, nostálgico y cuasidecadente de las librerías, los teatros y los cafés de esa calle tan entrañable y querible.

Yo vengo a ofrecer mi corazón: Imposible no recordar a Mercedes Sosa con esa canción y no sentirse emocionado y conmovido cuando el público la canta a capella.

Mariposa Technicolor: El cierre perfecto. Lo decía con toda la razón un crítico de rock sudamericano: una de las canciones inscritas con letras de oro en la historia de la música popular argentina.

En el inter, por supuesto, los éxitos de siempre: Al lado del camino, Brillante sobre el mic, Tumbas de la gloria, Un vestido y un amor, Dos en la ciudad... un verdadero lujo para los habitantes de esta ciudad en ruinas.

09/10/2009

Perdoná si al evocarte...

Salimos de Buenos Aires por el domingo por la madrugada. No hubo tristeza, ni nostalgia en la despedida. En mi caso, sólo gratitud inmensa para la ciudad, el barrio, la gente que hizo posible la vida en este maravilloso, fascinante y sui generis lugar del planeta. No volveré en algún tiempo, lo sé. Aunque me queda claro que esta ciudad será territorio recurrente de los recuerdos, del pensamiento, de los afectos. Algo así como el Madrid del 2005, sólo que con menos drama e incertidumbre sobre la dirección -que no el destino- de mi trayecto.

Mi lugar en el mundo

Por ahora, el lugar donde mi pequeña familia (de dos) habita.

02/09/2009

Lo que Facebook se llevó

De un tiempo a la fecha, buena parte de los blogs que sigo han comenzado a cerrar la cortina. Las calusuras -según sus autores- obedecen a motivos de diversa índole: desgaste, falta de motivación, cambio en la vida laboral o amorosa, o simple y llana hueva. No puedo ignorar que los cierres coinciden sospechosamente con el dominio avasallador de Facebook. Es una lástima ver a mis amigos blogueros contestando quizzes al por mayor, abriendo galletas de la fortuna o consultando todos los días -antes de iniciar sus labores- al trébol de la buena suerte. No es que su vida en Youville o en Mafia Wars me parezca aburrida, es sólo que en ocasiones, extraño la intimidad del formato blog. Y sí, me pregunto muchas veces que habrá pasado con éste y con aquel, y al indagar en las redes sociales me topo solamente con qué personaje de Sex and City es, que frase de Joaquín Sabina lo describe o que superhéroe fue en su vida pasada.

28/08/2009

Sofía


Es raro pensar a la familia Hernández Flores con un nuevo miembro. Nosotros, siempre tan independientes y solitarios, volcados ahora sobre el nuevo integrante, que apenas se ha incorporado, y carga ya con toda una serie de responsabilidades y expectativas que de pronto se antojan desmesuradas.
Yo pienso en su llegada como un regalo. Como una oportunidad de hacer las cosas bien. Aunque es bien sabido que la sucesión generacional ha sido siempre el mecanismo que perpetúa ad infinitum las pifias y errores de los que nos preceden. Pero bueno, el gusto y la intención (ahora y por un buen tiempo) no nos la quita nadie.
Bienvenida pues, Sofía, querida sobrina mía, a éste, el mundo real.

27/08/2009

África para principiantes


A mi África se me metió la cabeza a partir de la conversación que sostuvimos un grupo de estudiantes, hace ya varios años, con un inmigrante africano, activista de los derechos humanos que vivía en Madrid.
Imaginen -nos dijo aquel hombre de dimensiones descomunales y vestimenta estrafalaria- un continente que en el curso de tres siglos es despojado de 60 millones de personas, la mayoría hombres, en su etapa más productiva. Piensen en la indefensión de los que se quedan, en su sumisión frente al colonizador europeo. Piensen también en la extracción de riqueza que durante décadas es canalizada hacia las grandes metrópolis. Y luego, cuando ya no queda nada por explotar, el abandono y el atraso. Y junto con ellos el horror de la guerra, la hambruna, los campos de refugiados. Todo esto en un apartado rincón del planeta que ya no interesa a nadie salvo a los traficantes de armas, de droga, de diamantes. Ése es el tamaño de la deuda de Europa con los habitantes de sus antiguas colonias.
Inmersos en nuestra propia problemática, influenciados por nuestra condición dual de pueblos conquistados y enmancipados, latinoamericanos a fin de cuentas; la mayor parte de los asistentes salimos de aquella charla sensibilizados, aunque sospecho poco conscientes de las dimensiones reales de la tragedia africana.
Por eso, Ébano, el libro de Ryszard Kapuscinski que recién acabo de leer caló hondo. Plasmó con claridad algo que nunca pude ver en los diarios ni en la televisión, a pesar de lo escatólógico de las fotografías, de las cifras de muerte y destrucción que suelen acompañar las crónicas o reportajes sobre ese continente exótico y desconocido.
Siempre me he afanado en sostener que la literatura constituye la mejor vía -incluso por encima de la sociología y la filosofía- para ahondar en los misterios de la naturaleza humana. Pero debo reconocer que Kapuscinski es la excepción a la norma. Él no hace literatura. La usa para describir con apegado realismo la vida y la muerte en esa porción olvidada del planeta que por una convención reduccionista llamamos "África", aunque en la realidad -tal como asegura el periodista polaco- salvo por el nombre geográfico, África no existe.

01/08/2009

La bolsa, el violinista, y la belleza perdida

“¿Quieres ver lo más hermoso que he filmado en mi vida?”. Esta simple pregunta, en labios de un adolescente, es el preámbulo para una de las secuencias más bellas que se han filmado en la historia del cine.
El primer plano muestra a dos jóvenes que miran sobre la pantalla de televisión, la imagen de una bolsa de plástico que flota en una desolada calle, a merced del viento. La toma se cierra y el espectador sigue la trayectoria de la bolsa que se eleva en el aire y luego cae, permanece algunos segundos inmóvil, y vuelve a arrastrarse después junto con las hojas que el otoño ha dejado a su paso. La voz del narrador se escucha en el fondo:
“Era uno de esos días en que está a punto de nevar y el aire está cargado de electricidad y esa bolsa estaba bailando conmigo, como un niño pidiéndome jugar. Fue el día en que descubrí que existe vida bajo las cosas. Y una fuerza increíblemente benévola me hizo comprender que no hay razón para tener miedo. El video es una triste excusa, lo sé, pero me ayuda a recordarlo. A veces hay tanta belleza en el mundo que siento que no lo aguanto y que mi corazón se está derrumbando”.
Allan Ball, guionista de la multipremiada American Beauty, afirma que esta escena, fue atestiguada por él mismo, años atrás, mientras descansaba en la plaza de lo que fuera alguna vez el World Trade Center. Y que fue esa bolsa, una simple bolsa de nylon que flotaba traviesa sobre la explanada ubicada al pie de los rascacielos, lo que le inspiró a escribir el guión de la película que estaba destinada a arrasar con los premios Oscar.
Todos los días, desde hace ya varios meses, me acomodo por largos periodos en la mesa de un café en el centro de la ciudad, desde la cual llevo a cabo todas las labores que demanda mi actual condición laboral. El trabajo free lance tiene la peculiaridad de que te permite mantener una mirada inédita, sobre eventos que bajo otras circunstancias hubieran pasado desapercibidos. Es una cosa que tiene que ver con el tiempo. Con la capacidad para organizarlo y ajustarlo a los propios requerimientos vitales.
Más de una vez, apoltronado alrededor de esa mesa, con los ojos enrojecidos tras pasar varias horas navegando en la pantalla de mi computadora portátil; o camino a casa, después de una provechosa jornada de trabajo, me he topado de frente con uno de esos momentos American Beauty. Revelaciones efímeras en donde lo cotidiano se disuelve, y por unos instantes –sólo por unos instantes– uno puede apreciar las cosas como realmente son, y no como se nos presentan bajo el sedicioso influjo de la rutina.
Por desgracia, esos momentos son los menos. Esclavos de la sociedad de consumo, hemos asignado a lo bello un horario, un lugar, y desde luego, un precio. Nos hemos vuelto ciegos a la belleza que nos rodea. La metáfora es para nosotros un ejercicio vedado: la bolsa que bailotea en el aire, es sólo una bolsa y nada más.
El año pasado The Washington Post hizo un curioso experimento al respecto. Convenció a Joshua Bell, uno de los violinistas más reconocidos del mundo, para que acompañado de su Stradivarius, tocará a las afueras de una concurrida estación del metro.
Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos, había pronosticado que el músico recaudaría unos 150 dólares, que poco más de 35 personas se detendrían a escucharlo y que más de un centenar echaría dinero en la funda de su violín. Pero eso no fue lo que ocurrió. Tras 43 minutos de interpretar obras maestras, habían pasado ante él más mil personas. Sólo veintisiete le dieron monedas, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció. El músico que días atrás había llenado el Boston Symphony Hall a cien euros la butaca, no recibió ningún aplauso.

30/07/2009

Sentimientos encontrados

Acabó de salir de mi examen de candidatura. La exposición oral fue un caos. Me sentí incómodo todo el tiempo. En el afán de ajustarme al tiempo, dejé pasar puntos importantes. Y tuve todo el tiempo presente la sensación de que el tema no se estaba entendiendo. No es pesimismo. Ni obsesión por el lado oscuro. Simplemente no me siento satisfecho.
Por otro lado, más allá de mis resquicios ultra perfeccionistas, aprobé; y eso es motivo suficiente para celebrar y agradecer. A los amigos y a la familia, que estuvieron siempre pendientes. Y a Myriam, que creyó antes que yo, y que me hace creer todos los días, que lo que está pasando es cierto.

25/06/2009

Gracias, Andrés


Fuimos pocos los convocados a la cita de ayer con el Salmón. Pocos, pero dispuestos a hacer "el aguante" al más puro estilo argentino.
El concierto fue todo lo previsible que puede ser un concierto de Calamaro. O sea, nada. Porque en un concierto de Calamaro no es el repertorio, ni el estado de ánimo, ni el orden de las canciones; es esa especie de conexión íntima que la música, la letras y la personalidad de Andrés generan en el oyente, lo que le imprime un sello único a cada presentación. A mí, por ejemplo, me dio por pensar en los caminos cruzados, en los ciclos que inevitablemente se cierran, y por supuesto, en las cosas que permanecen. Claro que además de pensar, salté, bailé, grité, me emocioné como pocas veces. Me puse el disfraz de fan que lo perdona todo, que lo festeja todo, para quien todo lo que sucede en el escenario es motivo de júbilo.
Tras la descarga de adrenalina vino el ritual: la compra de la playera conmemorativa, el intercambio de experiencias con Myriam, la cena post-concierto con los amigos. La noche termino en un local a la vuelta de la casa con empanadas, choripan y agua de jamaica. Nada más que pedir a un noche fría y lluviosa de junio.

23/06/2009

La mañana boca arriba

Tras el cierre de un apartado más de mi tesis y en vísperas del examen de candidatura, decido tomarme el día. Las primeras horas de la mañana las dedico a la lectura de Hasta que te encuentre, el último libro de John Irving. Encuentro, como en todas las novelas de Irving, un patrón que se repite: un protagonista que vemos crecer y desarrollarse desde la más tierna infancia hasta la madurez; la paternidad o su ausencia como hilo conductor de la trama; la sexualidad como catalizador y como karma de los personajes; las alusiones al mundo editorial, a la vida escolar, al deporte, a la fama. Sorprende ver a un escritor repetirse tanto sin aburrir.
En el capítulo de hoy Jack Burns se entera de la muerte de Emma, su amiga y protectora (escritora exitosa en lo público e inciadora sexual de Jack en lo privado). Tras varios días de una inexplicable insensibilidad emocional (durante los cuales ha tenido tiempo de liarse con la madre de Emma, que es a la vez, amante de su propia madre) Jack rompe en llanto a mitad del servicio religioso, en la capilla de la escuela donde Emma y él han estudiado juntos.
Siento que la novela está por llegar a su punto de "no retorno", en donde dada la rapidez con que se precipitan los acontecimientos, el lector ya no la puede soltar; así que decido dejar pendiente la resolución de este penoso capítulo en la vida de Jack Burns para un momento más oportuno.
Me levanto, enciendo la computadora y termino en menos de media hora el apartado de mi tesis que corresponde al análisis del capital cultural en las estrategias de reproducción de los grupos domésticos periurbanos. Mi escritorio es un caos. Sé que debo arreglarlo. Pero hoy no, me digo aliviado.
Después de la ducha, caigo en la cuenta de que son apenas las 11:00 de la mañana y tengo todo el día libre. Tomo mi computadora, la meto en la mochila y me dirigo al sitio donde he pasado casi todas las mañanas del último mes. En el café Zaranda ya saben lo que quiero: un expreso doble cortado, para empezar.
Hasta el café ha llegado el último número de Gatopardo, con un excelente reportaje sobre el escándalo de los Legionarios de Cristo y una entrevista con Guillermo Arriaga que no tiene pierde. Al poco tiempo llegan Laura y Siboney. Platicamos sobre nuestros respectivos fines de semana y acordamos ponerle un dead line a los proyectos editoriales pendientes.
En internet encuentro una liga a una serie de artículos que narran el extraño caso de una isla mexicana que de un día para otro desapareció de los mapas. Isla Bermeja, supuesto límite territorial mexicano cuya presencia justificaría la apropiación de uno de los yacimientos más grandes de petróleo, no aparece. Y aunque existen más de cien referencias cartográficas -algunas desde mediados del siglo XVI- nadie ha podido encontrarla. Las hipótesis sobre el insólito evento son de lo más variadas: hay quienes aseguran que Estados Unidos la destruyó con un arma secreta (y sumamente sigilosa, debo suponer), otros sostienen que la isla sigue en su lugar, y que en virtud de un acuerdo político secreto se niega su existencia. Hay un senador de la República muerto en extrañas circunstancias. Archivos secretos quemados. En fin, teoría del complot al estilo mexicano, en su vertiente más fina y depurada.
A pocas líneas de concluir este post descubro que pasan ya de las 4:30 de la tarde, que Myriam llegará pronto a casa, y que no hay nada para comer. La mañana se fue y la tarde está por entrar a su etapa madura. Y aunque pareciera que no he hecho nada importante, siento que el tiempo no ha transcurrido en vano. No tengo, como en otras ocasiones, esa sensación culposa, capaz de arruinar cualquier indicio de victoria -por pírrica que ésta sea- sobre la rutina nuestra de cada día. Con la energía renovada clausuro oficialmente esta jornada y me dispongo -ahora sí- a descansar como Dios manda.
Por cierto, mañana viene el Salmón a Puebla. Tengo ya mi playera del concierto pasado y el boleto de primera fila en la mano.

11/06/2009

La trampa de la reproducción


Semanas de encierro académico —ya se sabe: café, lecturas, y capítulos que se escriben a paso minúsculo pero constante— alternados con breves pero desgastantes encuentros con el aparato burocrático-estudiantil, que parece haber sido diseñado para que nadie pueda graduarse. Esa ha sido la crónica de estas semanas. Aburrida y estéril, como todo lo que huele a academia y a trámite administrativo.
La relectura de Bourdieu, me ha regalado una percepción novedosa sobre mis propias prácticas. Me empiezo a percibir como un “agente social” que se debate entre la inercia de su habitus y el interés por mejorar su posición relativa en el espacio social. Y que atrapado en esa disyuntiva, sólo alcanza a reproducir las condiciones estructurales que le han dado origen.

30/04/2009

Días extraños


A una semana de la alerta nacional por el virus de la influenza porcina no me siento alarmado. No he comprado tapabocas, ni gel desinfectante. Saludo a la gente de mano y de beso, siempre que puedo. Bromeo ocasionalmente con el episodio del virus; comento con mis conocidos las noticias que saturan la televisión y la radio; elucubro y tiro abajo teorías conspiratorias con el mero afán de distraer la mente. En el fondo me pregunto si no estaré tomando el asunto muy a la ligera. Pero no puedo hacer nada contra ese estado de ánimo. Por algún motivo, me siento vacunado contra el pánico.

*

Imaginen una ciudad semivacía, silenciosa, donde las pocas personas que se ven en la calle caminan rápido, como si no quisieran detenerse a saludar a nadie. Imaginen un autobús donde lo único que se escucha es un noticiero que repite obsesivamente las mismas recomendaciones sanitarias. No besos. No contacto. No saludos de mano. Imaginen a los pasajeros ajustándose el tapabocas cada cinco minutos y mirando con recelo al vecino de junto, repartiendo a diestra y siniestra codazos, intentando descifrar el estado de salud de sus acompañantes. Imaginen que todo es real, que no están imaginando nada.
Eso es México hoy: un país donde la imaginación se ha desbordado.

*

Estoy de acuerdo con que la gravedad de la situación amerita un gran programa preventivo. Pero lo de la televisión mexiacana raya francamente en lo ridículo. Durante siete días no hemos hecho otra cosa que escuchar las mismas preguntas en los noticiarios: ¿Puedo comer cerdo? ¿Se puede contagiar mi mascota? ¿Debo ir a trabajar mañana?
El secretario de Salud –un personaje que hasta hace una semana era un completo desconocido– es quizá ahora uno de los rostros más populares del país. Lo mismo los doctores que desde la tribuna televisiva evangelizan a un pueblo ignorante, carente de sentido común y ávido de respuestas fáciles: Sí puede comer cerdo. No se puede contagiar su mascota. Claro que tiene que ir a trabajar mañana. Y, por cierto, no olvide lavarse las manos.
Y así, hora tras hora, días tras día. No sabemos qué ha sucedido con la escalada de violencia en los estados del norte del país, ni con la crisis económica mundial. La influenza lo acapara todo.

*

Una postal describe a plenitud la sicología del mexicano.
Ayer por la noche el presidente anunció que durante cinco días se suspendería en el país toda actividad laboral, pública o privada. Pidió a la gente que durante ese periodo no saliera de sus casas. Prudencia, era lo único a lo que el mandatario apelaba. A los pocos minutos, Acapulco e Ixtapa registraban un 85 por ciento de la ocupación hotelera.

*

Nos esperan cinco días de locura. Sin restaurantes y centros comerciales. Sin cines abiertos. Sin futbol. Sin posibilidad de ir a la playa o de reunirse con los amigos. Para colmo, aún no he podido contratar en casa internet o televisión por cable. En este escenario, el temor a la influenza es lo de menos. ¿Sobreviviremos a nosotros mismos? Esa, es para mí, la verdadera pregunta.

17/04/2009

Una de políticos

Por una de esas extrañas e inexplicables casualidades, desde hace tiempo recibo en mi correo electrónico algunos mails que están destinados al presidente municipal de Oaxaca. Así me he podido enterar de la millonada que cobran las empresas que hacen encuestas a los gobiernos estatales (tengo incluso las cotizaciones); los "favorcitos" que algunos promotores culturales le piden a las autoridades y lindezas burocráticas de todo tipo. El de hoy, sin embargo, no tiene pierde. Resulta que uno de los subordinados le "sugiere" al jefe con mucha diplomacia asistir a un seminario internacional y lo hace en los siguientes términos:
.
ESTIMADO PRESIDENTE:
ESTE ES UN SEMINARIO QUE VALE LA PENA ASISTIR O ENVIAR A ALGUIEN DEL EQUIPO, AUNQUE YO SE, QUE POR LA EXPERIENCIA QUE TIENE, BIEN PODRIA USTED DAR EL CURSO Y NO TOMARLO...
.
¿Qué onda con nuestros políticos? ¿De verdad se tragarán completita tanta lambisconería? Viendo como los tratan no me extraña nada que después de tres años en el poder sientan de que lo saben todo.

14/04/2009

Mi casa


Mi casa no es una casa. Es un departamento ubicado en el segundo piso de una concurrida calle del centro de la ciudad. Desde sus ventanas se pueden ver las cúpulas de las iglesias y las torres de catedral; y a veces, cuando los días son buenos, es posible admirar los volcanes en toda su magnificencia.

Justo enfrente hay un bar que se llama Garufa y que curiosamente tiene a la entrada inscrita la leyenda: Puebla-Buenos Aires-México. Por más que intento convencerme de lo contrario, no puedo dejar de pensar que estas palabras están ahí por algún motivo. Quizá para recordarme que pronto volveré a pisar tierra argentina o para susurrarme -en el lenguaje secreto de las casualidades- que el lugar en el que ahora habito estaba reservado para mí. O lo que es lo mismo: que estoy justo en el sitio en donde tengo que estar.

Por primera vez en mi vida estoy estrenando muebles propios. Y pronto tendré cortinas. Y aunque no sé cambiar una llanta, ni usar correctamente un taladro; lavo mi ropa en casa, preparo diariamente mis alimentos, limpio y arreglo el hogar cada que se requiere.

No estoy solo en este proyecto. Y eso hace la diferencia. Convierte este departamento de segundo piso, en un hogar con todas las de la ley. Ayer en la noche encendimos una vela y prendimos incienso para los buenos augurios.

Sin darme cuenta empiezo a concebir nuevos planes. Mi optimismo se declara oficalmente renovado. Todo saldrá bien.

27/03/2009

A mis treinta y tres, veintiocho dicen que aparento...

No estoy seguro que mi cumpleaños número 33 me encuentre en un momento privilegiado. A estas alturas me queda claro que entre más se vive, menos cosas se saben, las certezas se vuelven escasas y todo se vuelve relativo. Esta mañana desperté con ganas de hacer de la incertidumbre un aliado y no el enemigo a vencer. Me pregunto si no es un poco tarde para hacer algo al respecto.
Mi orden del día para hoy: pensar poco, trabajar lo necesario, construir este día y compartirlo con la gente que quiero. Lo demás -y creo que ésa es la única premisa que me empeñaré en sostener- puede esperar a mañana.

20/03/2009

Andrés al rescate...


Apenas estoy asimilando el golpe anímico que significa la postergación o posible cancelación de mi viaje a Buenos Aires, cuando me entero que Andrés Calamaro tocará próximamente en Puebla.
La cosa suena surrealista, lo sé, pero me ha hecho sonreir en una semana que ha sido toda nostalgia y tristeza.

06/03/2009

Suficiente por hoy

Agotado. Así me he sentido toda la semana, aunque este viernes más que otros días. Añoro un periodo de la vida en que sentirse así no era problema, cuando era posible apretar el botón de pausa y suspender las obligaciones cotidianas sin que el fantasma de la culpa asomara su odiosa cabeza.
Ahora todo es diferente. Yo soy diferente. Las cosas son diferentes. Y en días como hoy en que carezco del impulso necesario para acometer las responsabilidades que me agobian, lo único que me queda antes de desertar es cerrar bien los ojos, respirar profundo, y hacer lo posible por olvidar que mañana tendré que pagar la factura.

19/02/2009

Lo que significan las Itacas

A lo largo de mi trayectoria como lector, pocas cosas me han emocionado tanto como ciertos pasajes de La Iliada y La Odisea que por extraño que pueda parecer, termino siempre por conectar con episodios de mi propia vida. Por tal motivo, no es casualidad que a la cabeza de este blog esté inscrito el verso sobre Ítaca que se le atribuye a Konstantine Kavafis.
Hace algunos días me tope por casualidad con la traducción original del poema completo de Kavafis. Más allá de lo cursi -y hasta cierto punto evidente- que para un lector moderno puede resultar la metáfora del poeta alejandrino, la noción de Ítaca como aspiración, como puerto de llegada y trayecto a la vez, sigue resultando atractiva. Aunque si se trata de ser sinceros a mí me seduce más la idea de la Ítaca que nunca fue, la que se idealizó tanto durante la travesía, que poco o nada puede ofrecer al viajante. La que niega riqueza, pero brinda a cambio paz y sabiduría. La Itaca de la eterna promesa incumplida. La del anhelo enraizado en la fe. El hogar, a secas, para quien lo ha dejado todo. La Itaca querida.
.
Itaca
.
Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni a fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante tí los pone.
.
Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
.
Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.

16/02/2009

El recuento de los daños

Fue un placer enorme encontrarme con Rodrigo en el DF, después de casi diez años de no vernos, y charlar como si el tiempo no hubiera pasado de largo. Compartir con Bethza y Karla un delicioso vacío argentino, y platicar de amigos comunes, de literatura y de viajes (azar objetivo, a final de cuentas). Lindo también, conocer la casa de Nacho y Pilar y disfrutar un poco de esa boda que se me negó el año pasado por culpa de la crisis.
El resto del fin de semana, bien podría olvidarse. Excepto quizá, el abrazo del domingo, ya en casa. Un gesto que curó todo o casi todo (debo reconocer que aún hay cosas que duelen).

13/02/2009

¿Dónde está William Wallace?


La imagen que encabeza este post desmiente a todo aquel que alguna vez pensó que las guerras con arco y flecha eran cosa del pasado. La instantánea fue tomada al oeste de Kenya en el campo de batalla donde dos tribus se disputan el control político de una región. La foto -una de las ganadoras del Word Press Photo 2008- es una prueba más de lo ajeno que resulta África a nuestros ojos. De la indiferencia hacia un continente que ha sido saqueado durante siglos. Y de las realidades cotidianas que superan cualquier ficción.

27/01/2009

Sick

Dicen que la salud es el estado transitorio entre dos épocas de enfermedad. Pero a últimas fechas la mía se ha reducido a niveles preocupantes. Mis defensas han menguado al punto que una simple gripa me mantiene tres semanas en un estado deplorable. O de pronto amanezco con una reacción alérgica inexplicable, con extraños dolores abdominales, o cosas así. Quiero pensar que el origen de esta situación se encuentra en los cambios experimentados en los últimos meses, a los cuales mi organismo terminará tarde o temprano por adaptarse. Mientras tanto me descubro intolerante, frágil y hasta dependiente. Y es que la enfermedad -y el dolor que inevitablemente asociamos a ella- tiene la facultad de convertirnos en seres ajenos a nosotros mismos. De volver impaciente al ecuánime, malhumorado al optimista, y lúgubre al más festivo. Por eso, tan pronto salga de esta racha de medicinas y tratamientos, prometo ser más paciente y comprensivo con mis enfermos. Pensar que no son ellos sino sus enfermedades y recordarlos, a pesar de todo, siempre saludables.

12/01/2009

Primer post del 2009


Sucedió hace más de tres años. Era verano, y por uno de esos vuelcos inexplicables que da la vida yo me encontraba en Niza. Ese mismo día, por la tarde, debía abordar el tren que me llevaría Barcelona para la cubrir la etapa final de unas vacaciones que se habían prolongado demasiado. Llevaba más de dos meses de cargar la mochila en la espalda, durmiendo en hostales o en trenes, y pensé que un día en la playa al estilo Wild On podría revitalizar mi espíritu.
Por la mañana, mientras dejaba encargadas las maletas en la consigna de la estación, escuché que alguien gritaba mi nombre. Juan Pablo y Georgina, los amigos con los que había convivido gran parte de mi estancia en Madrid así como un breve, pero intenso periodo en París, venían llegando a la ciudad. No me sorprendió tanto la casualidad del encuentro, como las razones que los habían llevado hasta ese destino mediterráneo. ¿Quién puede negarse a los encantos de la Costa Azul en las semanas más calurosas del año? me dijeron. Y entendí de golpe que cuando viajas toda eventualidad se convierte en una feliz coincidencia.
Con la toalla colgada en el hombro nos dirigimos al mar. Las horas en la playa fueron pocas pero suficientes para infundir nuevos ánimos. Nos tomamos fotos. Nadamos y comimos entre decenas de turistas con la piel enrojecida por tanto sol. Al atardecer, cuando me despedí por tercera ocasión de mis amigos, supe que en lo sucesivo no habría más sorpresas en el camino. El inminente regreso a nuestros países cancelaba la posibilidad de volver a encontrarnos. Cuando dijimos adiós sentí, por primera vez desde que había salido de México, que mi travesía había terminado.
Pasaron varios meses antes de que las vivencias de aquel verano pudieran asimilarse por completo: los intentos frustrados previos a mi partida, la mañana que toqué fondo a la sombra de un viejo árbol en el parque de la Moncloa, las pesadillas que me agobiaban durante los trayectos nocturnos en tren, la obsesión por huir lo más lejos posible de todo y de todos. Y luego, poco a poco, emergiendo luminosos de las profundidades de un mar abisal: el encuentro con mi hermano en una ciudad de reyes olvidados, las veladas apacibles en el sillón azul de una residencia universitaria, la noche en que una película extranjera me hizo reir hasta orinarme, la soledad asumida no como losa, sino como agradable y necesaria compañera de viaje. Aún ahora, cuando la distancia que media entre el hombre que partió desecho a otro continente y el que escribe con nostalgia estas líneas es abrumadora, me resulta imposible discernir cuánto de mí se gestó en ese agobiante e inovidable verano.
Por eso no hablaré en este momento de Argentina. De todo lo que Argentina me ha dejado sembrado. Diré, sólo por cumplir el ritual del primer post del año, que viví en Buenos Aires los meses más desconcertante e intensos de mi vida. Que aprendí a viajar ligero, pero acompañado. Que el ejercicio de soltar las amarras me sigue costando trabajo. Que extraño por las mañanas mi café con tres medias lunas. Que ayer soñé que caminaba una calle y era Corrientes esquina Callao.