30/12/2010

Que la quinta es la una y la sexta es la dos...


No olvidaré el 2010 y sus altibajos.
El año en que me hice doctor, o lo que es lo mismo, dejé de ser estudiante.
El año en que se materializó el proyecto editorial que mis amigos y yo concebimos años atrás, reunidos a la mesa de un café, cuando no teníamos un centavo en la bolsa, pero sí mucha pasión y talento entre manos.
El año en que tuve el raro privilegio de trabajar más que nunca, haciendo lo que más me gusta.
El año que pasé de acreedor a deudor de un banco.
El año en el que mi abuela se fue y que Sofía, mi sobrina, llegó para quedarse.
El año en que entendí, por fin, que debo empezar a cuidarme.
Despido el 2010 en Morelia, Michoacán, tal y como lo he hecho durante los últimos cuatro años. Y ése, quizá, es el mejor motivo para celebrar: saber que en medio de tanto cambio (y tanto trabajo) le seguimos reservando espacio a lo importante.
A unas horas de que el año termine, Myriam y yo no tenemos plan... la verdad, me tiene sin cuidado.

26/11/2010

Fragilidad

Hace un mes -cosas de la fisiología- me descubrí una noche mirando con incredulidad el retrete, justo después de orinar. El color escarlata me revelaba de forma poco sutil la presencia de sangre. Tras el susto inicial, una rápida mirada a la Wikipedia calma mis temores. Los médicos le dicen hematuria y en ausencia de otros síntomas puede tratarse de "un episodio aislado". Pero unas horas después la situación se repite. Preocupado, consulto nueva información en la red. A veces, el exceso de información perjudica. En la época del internet ésta debería ser una advertencia a tomar en cuenta por los usuarios.
Para mi mala suerte es jueves y la televisión transmite un nuevo capítulo de Dr. House. Recientemente he visto Biutiful, la película de González Iñarritu que narra los últimos días de Uxbal, un exjunkie catalán aquejado por un violento cáncer de próstata. El filme, obviamente es mucho más que la anécdota médica, pero en ese momento, es esa parte de la historia la que me abruma.
Acostado sobre la cama me siento la persona más frágil del mundo y por un segundo -sólo por un segundo- cobro conciencia de que son ¡alfileres! los que sostienen los aspectos más fundamentales de mi existencia. Por la noche, antes de dormir, las palabras cáncer, tumor, riñones, vegija y otras menos amables me atormentan. Me duermo con un pregunta en los labios (¿Y qué pasaría si...?)
Las semanas que siguen son de incertidumbre. Tras la llamada a mi médico de confianza, se viene una lista de exámenes clínicos que revelan la presencia de una infección y otras pruebas que -tras una agónica espera- sirven para descartar "otro tipo de complicaciones", cualquier cosa que eso signifique.
Pero es sólo hoy, después de tres semanas de dieta y medicación rigurosa, que puedo finalmente respirar con alivio.
Preparar el café matutino es mi primer acto de soberbia, casi diría de rebeldía, frente a los oscuros pensamientos del mes anterior. Escribir este post, un intento vano por preservar algo de ese miedo primario, instintivo, hacia la muerte.

19/11/2010

Del oficio

No sé cómo, ni cuándo me hice periodista. Sólo sé que hace diez años entré por casualidad una sala de redacción y desde entonces no he podido dejar el oficio. Muchas cosas han pasado desde entonces. De la corrección de estilo, pasé a la edición y de la edición a la redacción de artículos especializados. De ser empleado full time, ahora trabajo como free lance. Y así... 
Mucha gente me pregunta por qué no dejo este trabajo demandante, ingrato, mal pagado. Y casi nunca alcanzo a contestar adecuadamente; aunque en la soledad siempre me respondo: porque se trabaja con palabras y con realidades, y porque es la actividad que más se asemeja al viejo sueño de cambiar el mundo con un pluma en la mano.
En fin...

13/10/2010

Bitácora de investigación II


Y después de un descanso breve, regresar a la rutina del investigador. Días que inician y terminan frente a la pantalla de la computadora, en una habitación oscura, apenas iluminada con luz artificial y una tazá de café sobre el escritorio. Horas que se van como agua, comparando cifras, extrapolando hipótesis, desarrollando argumentos.
El investigador edifica con palabras una réplica de la realidad. Réplica imperfecta y subjetiva, intento vano por comprender al otro: el que escribe y sobre el cuál se escribe.

21/09/2010

La naturaleza hedonista

Con el mar en el horizonte, duermo a pierna suelta y leo.
Mi selección para los días de playa no puede ser mejor: Tierra desacostumbrada el último libro de relatos de la escritora norteamericana de origen bengalí, Jhumpa Lahiri, es una obra maestra.
En ausencia de afán analítico, me dejo llevar exclusivamente por la trama de cada relato, por su cadencia interna, por la vida que emerge de sus páginas: briosa, tenaz -y cierto- inexorablemente triste .
Los músculos se relajan y se tensan acompasadamente, los sentidos se agudizan al extremo. Por momentos parece que en lugar de leer, degusto.
Con un buen libro en las manos me convierto en un hedonista, un egoísta irredento.
La vida académica convierte la lectura en un mero instrumento.
La despoja de su sentido primigenio.
Leer por placer, en cambio, te convierte en un ser sensual, omnipresente en el sentido más literal del término
El instánte en que leo, no soy más yo. Soy otros.

01/09/2010

Bitácora de investigación I


En las memorias del viaje que realizó por la Tarahumara en 1936, Antonin Artuad escribe:

"Ellos (los tarahumaras) vienen algunas veces a las aldeas, empujados por un ansia de viajar, de ver, dicen ellos, cómo son los hombres que han errado. Para ellos, vivir en las aldeas es errar."

El escritor francés –que aseguraba haber presenciado en Norogachi, al fondo de la Sierra Tarahumara, un antiguo rito descrito por Platón que se atribuye a los reyes de la Atlántida– encontró entre la población indígena de esta apartada región del país, un conocimiento espiritual  inédito, primigenio, que lo liberó del racionalismo europeo el cual sentía –ya desde entonces– como el fracaso de la civilización moderna.

He pasado varias semanas al pie de la Tarahumara, mirando de lejos y conversando –también de lejos– con los descendientes de la raza que Antonin Artuad conoció en los albores del México posrevolucionario: los tarahumaras que viajan a las aldeas para conocer a los hombres que han errado. Una raza altiva y orgullosa, en el mejor sentido que guardan estas palabras.

No deja de intrigarme, cómo aún en las condiciones más precarias, lejos de la sierra y de las barrancas, hacinados en bodegas y albergues improvisados, trabajando largas jornadas en los campos de cultivo, viviendo entre los chabochis que los explotan, estos tarahumaras se conservan dignos e impolutos. No piden nada. No dicen nada. No se quejan de nada. 

Más de una vez, a lo largo de estos días, me ha tocado ser objeto de su desdén. Su cautela está plenamente justificada. Históricamente, la experiencia de los tarahumaras en el mundo occidental ha sido un desastre. Por eso, aunque hablan español, no tienen empacho en darle la espalda al chabochi que los interroga, que quiere saber más de ellos. A veces, después de intercambiar palabras en su propio idioma, se ríen de él. Luego siguen como si nada. Lo ignoran, como ellos han sido ignorados siempre. Montemayor afirma que el propio vocablo chabochi, es peyorativo, burlón. El que tiene barbas en la cara, el que tiene arañas en el rostro, el que tiene telarañas en la cabeza, el que no piensa bien, el sordo, el que no escucha, el que no es capaz de entender.

Y sin embargo, cuando se logra hacer contacto con ellos, aunque sea por breves momentos, uno entiende las razones de su desconfianza, de su aisalmiento, de su pasividad. Dicen que es el "hambre" lo que los obliga a bajar de la sierra (el hambre, esa palabra sobre la que tanto se escibe y sobre la que tan poco se sabe). Pero es algo más que eso: es el compromiso de "caminar bien" en el mundo. De seguir, pese a todo, siendo rarámuris.

La poeta tarahumara Dolores Batista lo describe así:

"Nosotros somos los rarámuris. Nosotros somos los que sostenemos el mundo. Nosotros somos el pilar de este mundo. Tenemos que recordar lo que decían los antepasados, así seremos más rarámuris. No hay que entristecernos sin nos hacen sufrir. Hay que ser fuertes, aunque nos hagan sufrir."

04/08/2010

Manual onírico I

Breve catálogo de pesadillas recurrentes

1. El mar. Una playa semivacía al atardecer, justo a la hora en que la marea empieza a subir. Estoy sentado sobre la arena cuando una ola me alcanza y me arrastra al óceano. Braceo con todas mis fuerzas, gano algunos metros, y justo cuando estoy a punto salir, llega otra ola más grande que me devuelve al agua. A medida que pasa el tiempo la resaca aumenta su intensidad y yo comienzo a cansarme. Sé que me voy a ahogar y nadie va a darse cuenta.
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2. Un tsunami. De nuevo el mar. Esta vez repleto de gente. En el horizonte, una ola enorme, de dimensiones colosales, empieza a formarse. Me pongo de pie, alerto a las personas que me rodean y corro en busca de un sitio seguro. El agua se desoborda y cubre todo a mi alrededor. Cuando el mar se retira regreso a la playa. Todos los bañistas han desparecido.
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3. Muerte a puñaladas. En una calle desierta, alguien me ataca por sorpresa, casi siempre por la espalda. Mi atacante tiene un arma punzocortante que clava repetidamente sobre la zona de los riñones. Una puñalada, dos puñaladas, tres puñaldas. El dolor es agudo, real. Siempre me despierta.
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4. Olvido académico. Estoy en la preparatoria o en la universidad. Es final de semestre. Justo cuando pienso que he aprobado todas las materias, alguien me advierte aún tengo que presentar un examen (la mayoría de las veces es matemáticas, pero en ocasiones se trata de química o inglés). Desconcertado, reviso mis horarios y me percato de que he cometido un terrible error: me inscribí a una materia y luego lo olvidé. Intento desesperadamente conseguir los apuntes, las tareas, los ejercicios, pero es inútil. No voy a graduarme.

23/07/2010

Las pequeñas cosas

El primer café de la jornada; las mañanas nubladas y frías; la canción de la semana reproduciéndose obsesiva, una y otra vez, en el estéreo de mi automóvil; el sonido de la lluvia contra la ventana de mi habitación; el recuerdo de una tarde en particular, en una ciudad extranjera en particular, con una persona entrañable en particular.
Todas ellas, pequeñas cosas que a últimas fechas me hacen el día.
Hoy por la tarde, la visita de Sofía, mi sobrina, a la casa.

15/06/2010

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Me convertí en doctor el día que México inauguró el mundial en Sudáfrica.
La noche anterior, para variar, no pude dormir. Llevaba una semana ajustando mi presentación, adelantándome a las posibles preguntas, estudiando los temas que se discutirían en el examen.
Hacia la madrugada, cuando me había cansado de dar vueltas en la cama, entendí que no quedaba nada más que hacer. Así que me relajé y comencé a pensar en la alineación del juego inaugural. En algún momento pensé que una victoria de la selección sería un buen augurio, pero pronto deseché esa posibilidad.
Hice bien.
Horas después, mientras daba rienda suelta a mi frustración tras un juego mediocre, que termino en un doloroso empate, entendí que hay dos cosas que en el futbol -y también en la vida- no se perdonan: la mezquindad y la apatía. Entendí que ninguno de esos dos ingredientes iban a estar presentes en la sala donde esa misma tarde presentaría mi disertación doctoral.
Y así fue.
Durante casi tres horas expuse, discutí, respondí, disentí, me defendí.
Terminé agotado, pero satisfecho con el cierre de cuatro años de vida académica a full.
Ahora que todo ha terminado, me dispongo -por fin- a tomar unos días libres. Un fin de semana en el DF (concierto de Calamaro incluido) y otro en la playa, son los únicos pendientes que restan por tachar de mi lista. El resto es página en blanco.

09/06/2010

Aquí nos tocó vivir...

Hace 30 años, cuando el encuestador de INEGI visitó la casa de mis padres se encontró con una pareja, casada, con dos hijos pequeños, que vivía en casa propia. A pesar de que la pareja contaba con estudios universitarios, sólo el jefe de familia trabajaba. La mujer también lo hacía, pero sólo como ama de casa (es decir, no recibía remuneración). Toda la familia contaba con seguridad social, entre otras prestaciones sociales. Todos se declararon integrantes de la Iglesia católica.
Ayer, el encuestador de INEGI que visitó mi casa se topó con un panorama diametralmente opuesto. La pareja no está casada. No tiene hijos, y no vive en casa propia. Los dos miembros de esta pequeña familia, cuentan con estudios de posgrado. Los dos trabajan. Y uno de ellos (a sus 34 años) sigue todavía estudiando. Las prestaciones sociales en sus respectivos trabajos son mínimas. No tienen Infonavit (nunca han cotizado) y sólo la jefa de familia (el encuestador tuvo trabajo para entender que la jefatura era compartida) cuenta con seguridad social. Los dos declararon no profesar religión alguna.
Entiendo que las prácticas a microescala no pueden generalizarse, pero aun así, el ejercicio de comparar ambas situaciones me pareció muy revelador, en tanto que expone, de forma muy clara, algunos de los cambios generacionales y de contexto socioeconómico más importantes de los últimos años.
Me pregunto que será lo que nuestros hijos (o sobrinos) tendrán que decirle al INEGI dentro de 30 años.

20/05/2010

Botella al mar


Tras cuatro años de trabajo arduo y constante, y miles de horas-hombre invertidas frente a la pantalla de una computadora, pude poner punto final a mi tesis doctoral.
Con la emoción reciente, carezco aún de la distancia necesaria para evaluar de manera objetiva el documento. Estoy consciente, sin embargo, de que sus aportaciones -más teóricas que pragmáticas- son apenas un grano de arena más perdido en el vasto desierto del corpus científico. Tristemente, no cambiaré vidas con ese trabajo. No generaré rompimientos paradigmáticos. Y no modificaré el destino -cualquiera que éste sea- de las localidades donde realicé mi investigación. Las 345 páginas de las que consta mi tesis, servirán apenas como escudo protector para desviar los dardos que amenazan con caer sobre mí el día del examen de grado.
La paradoja no deja tener ciertos tintes de ironía. Y es que si bien el mundo de la ciencia ha ganado poco con mi trabajo. Mi mundo -el mío, el interior- se ha vuelto inmensamente rico a partir de los aprendizajes acumulados.
Por eso que no dudo al asegurar que el día de hoy, no sólo conozco más, sino que conozco mejor. Y que gracias al trabajo previo, a veces marginal, a veces insignificante, de mis pares; soy dueño de nuevas herramientas para interpretar el mundo, pero sobre todo, para interpretarme a mí y a los que me rodean.
Sea, pues, esta tesis, una botella que se lanza al mar con la esperanza de que algún día pueda alimentar la fe de otros náufragos, cautivos a la deriva de este insondable y apasionante mar al que llamamos ciencia (para colmo) social.

24/04/2010

La muerte de un mundo

Me desperté extrañando a la abuela y recordé una frase que alguna vez leí. Era algo así como que la muerte de alguien que te piensa equivale a la muerte de una parte de tu mundo.
El mío (mi mundo) se siente esta mañana insignificante y triste.

05/04/2010

Love is in the air (oh,oh,oh,oh)


El primer trimestre del año se fue con más pena que gloria. La abuela murió. La beca se terminó. El proyecto editorial se estancó. El doctorado comenzó su agonía.

Y en medio de ese panorama los 34 años, como tercera llamada inminente, recordatorio del inexorable paso del tiempo, y testimonio visceral de las cosas por las que vale la pena vivir.

Cercanos y lejanos, íntimos y casuales, permantentes e intermitentes, reales o virtuales, los amigos y la familia me hicieron sentir cobijado y querido. Hubo reencuentros memorables, charlas y risas al por mayor, ensoñaciones lúcidas y -quién lo diría a estas alturas- mucho baile y celebración.

Se equivoca quien dice que hemos perdido el tiempo. Hemos ganado mucho. Y lo mejor está por venir.

25/02/2010

Educación pública


Y justo cuando estoy por terminar mi tesis... chan chan chan chan... el Colegio de Postgraduados se va a la huelga.
Sí, igual que me pasó en la UNAM justo hace diez años.
(respiro profundo y cuento hasta cien)
Y luego preguntan que por qué se está volviendo uno "neoliberal"...

19/02/2010

Almost

Es curioso cómo me resisto a poner punto final a la tesis. Reviso bibliogafía, considero nuevas ideas, mantengo abierta la posibilidad de modificaciones. El internet no ayuda mucho. Hay demasiada información, demasiadas posibilidades, interpretaciones, vías alternas para un asunto que demanda una definición clara y concreta.
Aún así, el final es inminente. Cuatro años de trabajo quedarán resumidos en 400 páginas. Es sólo cosa de semanas o de días, todo depende...

12/02/2010

Soñar a la abuela

La abuela cumplió años ayer y no pude -o más bien, no quise- llamarle. Me dan miedo las cosas que siento cada vez que intento comunicarme con ella y no puedo. Es un dolor que no es fácil de describir y del cual tampoco me gusta hablar mucho. Por lo general, tras esas llamadas o visitas frustradas me queda siempre la sensación de una profunda injusticia. También de impotencia, porque siento que no puedo hacer nada para que ella se sienta mejor, para que su situación sea más llevadera.
Claro que esto no sucede siempre; a veces intercambiamos una frase o nos sostenemos la mirada. Hace unas semanas me pidió que la tomara de la mano y cuando se la di la apretó fuerte, como si con eso gesto quisiera decirme todo lo que desde hace tiempo hemos callado.
El caso es que ayer, día de su cumpleaños, no le quise llamar. Me fui a la cama sintiéndome un poco triste y culpable. Luego, soñé con ella.
En el sueño también era día de su cumpleaños y yo llegaba a visitarla a su casa. Para mi sorpresa la veía bajar las escaleras para recibirme. Le daba un beso, la abrazaba, y luego le preguntaba cómo estaba. Entonces ella comenzaba a quejarse. Sus enfermedades, sus dolores, la columna, el cuello. Sus males de toda la vida. Cuando entramos a la cocina le dije que comprendía que se sintiera mal, pero que era día de su cumpleaños y que tenía que estar contenta por eso. Y ella asintió, aunque supongo que no muy convencida porque siguió lamentándose. Y a mí me daba gusto y ternura escucharla porque era evidente que el desahogo le hacía bien. Lo último que recuerdo del sueño es que le di un abrazo y le dije lo mucho que la quería. Mi abuela se quedaba callada, sin decir nada, y yo sabía en ese momento, que aunque no pronunciara palabra alguna, ella me estaba entendiendo.
Hoy desperté con ganas de ir a verla y contarle mi sueño. Decirle que la quiero, que la extraño, que me hace mucha falta y que me parece injusto todo lo que le está sucediendo. Hablar con ella, con el verdadero lenguaje con el que -ahora sé- nos hemos entendido siempre: con las palabras, con las miradas, con los gestos, con nuestras manos entrelazadas, o incluso, con esos largos silencios que pueblan ahora cada uno de nuestros encuentros.

09/02/2010

Oiga doctor...

Hace tiempo dejé de preguntarme acerca de mi renuencia a alimentar este blog, pero hoy por la mañana encontré una excelente cita que lo explica cabalmente.
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"La felicidad suele ser refractaria al análisis (tiene un contenido fiolosófico vacío, como afirma Savater) y no produce buenas tramas (Tolstoi comienza Ana Karenina informando que las familias dichosas no tienen historia)."
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La cita, por cierto, es de Juan Villoro, del libro de ensayos De eso se trata, que ha hecho las delicias de mis horas de lectura nocturna.
A su manera, Joaquín Sabina dice lo mismo en una canción de las viejitas, del album Hotel, dulce hotel para ser más precisos; de la época cuando -según sus propias palabras- la fama se le empezaba a clavar por momentos en el culo.
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Oiga doctor/devuélvame mi depresión/no ve que los amigos/
se apartan de mí /dicen que no se puede concebir esa sonrisa idiota/
Oiga doctor que no escribo una nota/desde que soy feliz
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El asunto es que de un tiempo a la fecha, sufro de un extraño cuadro de felicidad. Y aunque como todos, vivo lleno de preocupaciones, lo cierto es que éstas son cada vez de orden más práctico que intelectual. Así que bueno, habrá que sacarle jugo a esta buena racha y tratar de ligar más periodos como estos, que puestos a ver lo que sucede en el mundo, me parece que no son poca cosa.
Y si el blog sufre. Ni modo.

18/01/2010

Principio y fin de ciclo

A mediados de 2005, cuando este blog recién daba sus primeros pasos, sufrí las consecuencias de algo que ahora -al paso de los años- concibo como la simple y llana renuencia a cerrar un ciclo.
Aferrado, como solía ser en aquella época, me negaba a todo aquello que implicara un cambio. ¿Para qué moverse si las cosas no están tan mal? razonaba, sin darme cuenta que no eran razones, sino temores los que me tenían paralizado. Temía, quizá porque nunca tuve mucho, equivocar el camino y perderlo todo.
Una noche (aún la recuerdo) harto de mis intentos por conciliar el sueño salí a caminar. Hacía frío y yo no lo sentía. O peor aún, lo sentía, pero no me importaba. Estaba en plan de melodrama, así que recorrí durante un par de horas los alrededores imaginando que no regresaba a casa.
De pronto, aún no me queda claro cómo, caí en la cuenta de lo ridículo de mi actitud.
Me negaba a desprenderme de las cosas acumuladas, como si eso dependiera de mí. Quería evadir el hecho de que la mayor parte de ellas habían mudado hace tiempo de lugar. Y que yo seguía ahí, resguardando a capa y espada lo poco que quedaba.
Decidí esa noche, durante el largo camino de regreso, que al día siguiente habría limpia. Y que nadie saldría indemne, ni siquiera yo.
Este año comienza así, como esa melodramática caminata nocturna.
He andando los primeros días de enero de un lado a otro, sin decidirme a cerrar el ciclo que sin saberlo, inaugure esa fría madrugada, hace ya cuatro años.
Temo, como temía en aquellos días, perder en el trance lo acumulado. Pero temo más, que el mundo avance y que me quede yo. Así que en esta ocasión no voy a aferrarme.
La limpia que inaugura mi nuevo ciclo de vida comienza hoy.