29/11/2011

El hombre del pijama de franela


Mi primera reacción, frente a la noticia de la muerte de Daniel Sada no fue de congoja sino de incredulidad. Horas antes, se había anunciado con bombo y platillo que Daniel había sido galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Las felicitaciones que minutos antes poblaban las redes sociales, se convirtieron de pronto, en expresiones de dolor y de luto.
Con la intención de verificar la noticia llamé a Jaime Mesa, quien semanas antes me había puesto el tanto del delicado estado de salud de Daniel. Mi llamada no tuvo respuesta, pero minutos después me llegó la confirmación del suceso en un escueto mensaje de texto: “Sí. Daniel Sada ha muerto, mi hermano”.
Las palabras de Jaime me revelaron de golpe el significado verdadero de la orfandad literaria. Y es que en efecto, si Jaime y yo somos hermanos, es en gran parte porque compartimos una misma filiación: la del escritor Daniel Sada.
A lo largo de su vida, Daniel Sada tuvo dos grandes pasiones: la del escritor y la del maestro.
Aún recuerdo la tarde en que lo conocimos, hace casi diez años, a iniciativa de un taller que Pedro Ángel Palou promovió durante su gestión como secretario de Cultura.  
Daniel escuchó nuestros proyectos, leyó con paciencia nuestros textos y luego arremetió contra ellos. Al final de la sesión advirtió que la exigencia durante el taller no menguaría. Quería novelistas, en el sentido de Tolstoi, y para eso había que trabajar mucho.
La mayoría desertó tras esa primera sesión.
Durante varios años, Daniel formó parte de una rutina que, estoy convencido, cambió nuestra forma de apreciar la literatura y la vida.
En su taller aprendimos de narrativa, sí; pero también de lo duro que resulta abrirse paso en el medio editorial. Ahondamos en las virtudes de la autocrítica y escribimos novelas que desechamos sin contemplaciones para acometer nuevos y más ambiciosos proyectos literarios. Hablamos de béisbol, de poesía, de Rulfo y Elizondo, de los haikús de la señora Josefina y también de los placeres de la comida china. Compartimos lecturas públicas, presentaciones de libros, largas sobremesas en los cafés del centro histórico. Pero, sobre todo, y eso es quizá lo que más extraño ahora, nos reímos mucho.
De aquellas entrañables sesiones salieron cuatro novelas, algunas de las cuales, fueron llevadas por el mismo Daniel hasta las editoriales comerciales, vedadas para escritores sin obra publicada.  
Recuerdo que semanas antes de que ese taller terminara, nos reunimos para organizar una despedida. Alguien sugirió una cena en el mejor restaurante de la ciudad y una lujosa pluma como recuerdo de su paso por Puebla. Estuvimos de acuerdo pero antes decidimos consultar a Adriana, su esposa. Queríamos un regalo significativo que expresara nuestro cariño, y al mismo tiempo, toda la gratitud y el respeto que le profesábamos. “Lo mejor que le pueden regalar es una pijama de franela”, nos dijo. Y así lo hicimos.
Conservo como un tesoro preciado, las estampas de aquella última tarde: la lectura del capítulo final de la novela de Lalo; el momento en que Daniel abrió su regalo; la cena en un restaurante modesto, surrealista, donde Daniel se despachó con un hot dog gigante, una malteada de fresa y un par de cafés americanos; la caminata hasta la Casa del Escritor, donde se hospedaba; y el abrazo final con el que clausurábamos, sin saberlo, una etapa de nuestras vidas.
Muchas cosas pasaron desde ese entonces. Algunos se hicieron novelistas (sí, en el sentido de Tolstoi); otros tantos optaron por la poesía, el periodismo o la academia. Todos, hasta donde sé, seguimos escribiendo, corrigiendo y desechando textos.
El día de hoy quiero recordar a Daniel Sada no por su obra, la cual tiene asegurada un espacio privilegiado en la literatura contemporánea, sino por los momentos sencillos que nos compartió a lo largo de su vida: un poema de López Velarde o de José Watanabe, una tarde de béisbol en el estadio Hermanos Serdán, la presentación de nuestros primeros libros, incontables horas de concienzuda lectura frente a nuestros textos fallidos.
Dedico estas letras apresuradas a Adriana y Fernanda, esposa e hija de nuestro amigo y mentor; pero también a Jaime Mesa, Isaí Moreno, Mely Arellano, Carlos Ríos, Eduardo Montagner y Gregorio Cervantes, hermanos literarios de ese padre generoso que fue Daniel Sada, un hombre sencillo del norte del país cuya potente voz narrativa quedará inscrita por siempre en la literatura de nuestro país; y cuyo corazón grande, desbordado, barroco, permanecerá vivo en nuestros más entrañables recuerdos. 

15/03/2011

Predicadores del Facebook

Me molestan las personas que hiperintelectualizan las ideas simples. Hiperintelectualización vacua, porque no distinguen el contexto ni la intención en que la ideas se expresaron; porque retoman nociones viejas, anquilosadas, y las aplican, sin rigor alguno, a situaciones nuevas, muchas veces vulgares, en donde la palabrita o el concepto que recién se ha aprendido, simplemente no aplica.
Me molesta profundamente la incongruencia ideológica, ya no digamos conceptual, de sus dichos. La forma en que entretejen su discurso. La candidez con que mezclan religiones, idelogías, paradigmas, corrientes de pensamiento; y luego lo engloban en una palabra: posmodernismo (algunos, ni eso).
Me molesta la torpeza con la cual abordan la escritura. Desconocen que una mente clara tiene su correlato en el lenguaje. Y también en el humor. Eso, para mí, es lo peor: no tienen sentido del humor. Jamás percibirán la delgada línea que separa el sarcasmo de la ironía. Para ellos, toda risa es grosera, vulgar. Por eso se afanan en otorgar a sus palabras cierto tono ceremonioso y formal. Por eso reivindican causas a diestra y siniestra, cual espadachines de la justicia, sin entender que las batallas, las verdaderas batallas, se libran en otros campos. Y que a esa fiesta, para bien o para mal, nunca han estado invitados.
De esta clase de gente están llenas las redes sociales. Pero también los cafés. Y los blogs. Predicadores del Facebook con una necesidad enfermiza de aceptación, de reforzamiento de una identidad que por adquirida, no termina por encajarles.
Mis "vidos". Se creen tan diferentes y son todos tan iguales.

22/02/2011

Meditaciones del náufrago


Días de sosiego, a veces apacibles, otras tantas aciagos.
Después de un año de trabajo intenso, he decidido dejar de alimentar el horno que empuja la pesada máquina de la vida.
Sin combustible los proyectos se apagan.
Las ocupaciones cotidianas se retiran, dejando tras de sí, los restos del naufragio. Un escritorio desordenado, una caja de papeles revueltos, una computadora con archivos incompletos, ideas bosquejadas con entusiasmo que nunca verán la luz.
Atrapado en una isla desierta, en pleno centro de la ciudad, enciendo una hoguera. Quemo en ellas las ideas del pasado, las expectativas sobre el futuro, y las duras tareas del presente. Me abandono sin temor a las inclemencias del tiempo, a la sabiduría de la naturaleza que no opone resistencia a los cambios, que se adapta a ellos siempre que puede, y cuando no, simplemente muere.
Cuesta trabajo entenderse así.
Un hombre a merced de los elementos.
Y sin embargo, resulta a veces tan necesario abandonarse a esta efímera paz, a esta irritante zozobra.

30/12/2010

Que la quinta es la una y la sexta es la dos...


No olvidaré el 2010 y sus altibajos.
El año en que me hice doctor, o lo que es lo mismo, dejé de ser estudiante.
El año en que se materializó el proyecto editorial que mis amigos y yo concebimos años atrás, reunidos a la mesa de un café, cuando no teníamos un centavo en la bolsa, pero sí mucha pasión y talento entre manos.
El año en que tuve el raro privilegio de trabajar más que nunca, haciendo lo que más me gusta.
El año que pasé de acreedor a deudor de un banco.
El año en el que mi abuela se fue y que Sofía, mi sobrina, llegó para quedarse.
El año en que entendí, por fin, que debo empezar a cuidarme.
Despido el 2010 en Morelia, Michoacán, tal y como lo he hecho durante los últimos cuatro años. Y ése, quizá, es el mejor motivo para celebrar: saber que en medio de tanto cambio (y tanto trabajo) le seguimos reservando espacio a lo importante.
A unas horas de que el año termine, Myriam y yo no tenemos plan... la verdad, me tiene sin cuidado.

26/11/2010

Fragilidad

Hace un mes -cosas de la fisiología- me descubrí una noche mirando con incredulidad el retrete, justo después de orinar. El color escarlata me revelaba de forma poco sutil la presencia de sangre. Tras el susto inicial, una rápida mirada a la Wikipedia calma mis temores. Los médicos le dicen hematuria y en ausencia de otros síntomas puede tratarse de "un episodio aislado". Pero unas horas después la situación se repite. Preocupado, consulto nueva información en la red. A veces, el exceso de información perjudica. En la época del internet ésta debería ser una advertencia a tomar en cuenta por los usuarios.
Para mi mala suerte es jueves y la televisión transmite un nuevo capítulo de Dr. House. Recientemente he visto Biutiful, la película de González Iñarritu que narra los últimos días de Uxbal, un exjunkie catalán aquejado por un violento cáncer de próstata. El filme, obviamente es mucho más que la anécdota médica, pero en ese momento, es esa parte de la historia la que me abruma.
Acostado sobre la cama me siento la persona más frágil del mundo y por un segundo -sólo por un segundo- cobro conciencia de que son ¡alfileres! los que sostienen los aspectos más fundamentales de mi existencia. Por la noche, antes de dormir, las palabras cáncer, tumor, riñones, vegija y otras menos amables me atormentan. Me duermo con un pregunta en los labios (¿Y qué pasaría si...?)
Las semanas que siguen son de incertidumbre. Tras la llamada a mi médico de confianza, se viene una lista de exámenes clínicos que revelan la presencia de una infección y otras pruebas que -tras una agónica espera- sirven para descartar "otro tipo de complicaciones", cualquier cosa que eso signifique.
Pero es sólo hoy, después de tres semanas de dieta y medicación rigurosa, que puedo finalmente respirar con alivio.
Preparar el café matutino es mi primer acto de soberbia, casi diría de rebeldía, frente a los oscuros pensamientos del mes anterior. Escribir este post, un intento vano por preservar algo de ese miedo primario, institintivo, hacia la muerte.

19/11/2010

Del oficio

No sé cómo, ni cuándo me hice periodista. Sólo sé que hace diez años entré por casualidad una sala de redacción y desde entonces no he podido dejar el oficio. Muchas cosas han pasado desde entonces. De la corrección de estilo, pasé a la edición y de la edición a la redacción de artículos especializados. De ser empleado full time, ahora trabajo como free lance. Y así... 
Mucha gente me pregunta por qué no dejo este trabajo demandante, ingrato, mal pagado. Y casi nunca alcanzo a contestar adecuadamente; aunque en la soledad siempre me respondo: porque se trabaja con palabras y con realidades, y porque es la actividad que más se asemeja al viejo sueño de cambiar el mundo con un pluma en la mano.
En fin...

13/10/2010

Bitácora de investigación II


Y después de un descanso breve, regresar a la rutina del investigador. Días que inician y terminan frente a la pantalla de la computadora, en una habitación oscura, apenas iluminada con luz artificial y una tazá de café sobre el escritorio. Horas que se van como agua, comparando cifras, extrapolando hipótesis, desarrollando argumentos.
El investigador edifica con palabras una réplica de la realidad. Réplica imperfecta y subjetiva, intento vano por comprender al otro: el que escribe y sobre el cuál se escribe.

21/09/2010

La naturaleza hedonista

Con el mar en el horizonte, duermo a pierna suelta y leo.
Mi selección para los días de playa no puede ser mejor: Tierra desacostumbrada el último libro de relatos de la escritora norteamericana de origen bengalí, Jhumpa Lahiri, es una obra maestra.
En ausencia de afán analítico, me dejo llevar exclusivamente por la trama de cada relato, por su cadencia interna, por la vida que emerge de sus páginas: briosa, tenaz -y cierto- inexorablemente triste .
Los músculos se relajan y se tensan acompasadamente, los sentidos se agudizan al extremo. Por momentos parece que en lugar de leer, degusto.
Con un buen libro en las manos me convierto en un hedonista, un egoísta irredento.
La vida académica convierte la lectura en un mero instrumento.
La despoja de su sentido primigenio.
Leer por placer, en cambio, te convierte en un ser sensual, omnipresente en el sentido más literal del término
El instánte en que leo, no soy más yo. Soy otros.

01/09/2010

Bitácora de investigación I


En las memorias del viaje que realizó por la Tarahumara en 1936, Antonin Artuad escribe:

"Ellos (los tarahumaras) vienen algunas veces a las aldeas, empujados por un ansia de viajar, de ver, dicen ellos, cómo son los hombres que han errado. Para ellos, vivir en las aldeas es errar."

El escritor francés –que aseguraba haber presenciado en Norogachi, al fondo de la Sierra Tarahumara, un antiguo rito descrito por Platón que se atribuye a los reyes de la Atlántida– encontró entre la población indígena de esta apartada región del país, un conocimiento espiritual  inédito, primigenio, que lo liberó del racionalismo europeo el cual sentía –ya desde entonces– como el fracaso de la civilización moderna.

He pasado varias semanas al pie de la Tarahumara, mirando de lejos y conversando –también de lejos– con los descendientes de la raza que Antonin Artuad conoció en los albores del México posrevolucionario: los tarahumaras que viajan a las aldeas para conocer a los hombres que han errado. Una raza altiva y orgullosa, en el mejor sentido que guardan estas palabras.

No deja de intrigarme, cómo aún en las condiciones más precarias, lejos de la sierra y de las barrancas, hacinados en bodegas y albergues improvisados, trabajando largas jornadas en los campos de cultivo, viviendo entre los chabochis que los explotan, estos tarahumaras se conservan dignos e impolutos. No piden nada. No dicen nada. No se quejan de nada. 

Más de una vez, a lo largo de estos días, me ha tocado ser objeto de su desdén. Su cautela está plenamente justificada. Históricamente, la experiencia de los tarahumaras en el mundo occidental ha sido un desastre. Por eso, aunque hablan español, no tienen empacho en darle la espalda al chabochi que los interroga, que quiere saber más de ellos. A veces, después de intercambiar palabras en su propio idioma, se ríen de él. Luego siguen como si nada. Lo ignoran, como ellos han sido ignorados siempre. Montemayor afirma que el propio vocablo chabochi, es peyorativo, burlón. El que tiene barbas en la cara, el que tiene arañas en el rostro, el que tiene telarañas en la cabeza, el que no piensa bien, el sordo, el que no escucha, el que no es capaz de entender.

Y sin embargo, cuando se logra hacer contacto con ellos, aunque sea por breves momentos, uno entiende las razones de su desconfianza, de su aisalmiento, de su pasividad. Dicen que es el "hambre" lo que los obliga a bajar de la sierra (el hambre, esa palabra sobre la que tanto se escibe y sobre la que tan poco se sabe). Pero es algo más que eso: es el compromiso de "caminar bien" en el mundo. De seguir, pese a todo, siendo rarámuris.

La poeta tarahumara Dolores Batista lo describe así:

"Nosotros somos los rarámuris. Nosotros somos los que sostenemos el mundo. Nosotros somos el pilar de este mundo. Tenemos que recordar lo que decían los antepasados, así seremos más rarámuris. No hay que entristecernos sin nos hacen sufrir. Hay que ser fuertes, aunque nos hagan sufrir."

04/08/2010

Manual onírico I

Breve catálogo de pesadillas recurrentes

1. El mar. Una playa semivacía al atardecer, justo a la hora en que la marea empieza a subir. Estoy sentado sobre la arena cuando una ola me alcanza y me arrastra al óceano. Braceo con todas mis fuerzas, gano algunos metros, y justo cuando estoy a punto salir, llega otra ola más grande que me devuelve al agua. A medida que pasa el tiempo la resaca aumenta su intensidad y yo comienzo a cansarme. Sé que me voy a ahogar y nadie va a darse cuenta.
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2. Un tsunami. De nuevo el mar. Esta vez repleto de gente. En el horizonte, una ola enorme, de dimensiones colosales, empieza a formarse. Me pongo de pie, alerto a las personas que me rodean y corro en busca de un sitio seguro. El agua se desoborda y cubre todo a mi alrededor. Cuando el mar se retira regreso a la playa. Todos los bañistas han desparecido.
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3. Muerte a puñaladas. En una calle desierta, alguien me ataca por sorpresa, casi siempre por la espalda. Mi atacante tiene un arma punzocortante que clava repetidamente sobre la zona de los riñones. Una puñalada, dos puñaladas, tres puñaldas. El dolor es agudo, real. Siempre me despierta.
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4. Olvido académico. Estoy en la preparatoria o en la universidad. Es final de semestre. Justo cuando pienso que he aprobado todas las materias, alguien me advierte aún tengo que presentar un examen (la mayoría de las veces es matemáticas, pero en ocasiones se trata de química o inglés). Desconcertado, reviso mis horarios y me percato de que he cometido un terrible error: me inscribí a una materia y luego lo olvidé. Intento desesperadamente conseguir los apuntes, las tareas, los ejercicios, pero es inútil. No voy a graduarme.

23/07/2010

Las pequeñas cosas

El primer café de la jornada; las mañanas nubladas y frías; la canción de la semana reproduciéndose obsesiva, una y otra vez, en el estéreo de mi automóvil; el sonido de la lluvia contra la ventana de mi habitación; el recuerdo de una tarde en particular, en una ciudad extranjera en particular, con una persona entrañable en particular.
Todas ellas, pequeñas cosas que a últimas fechas me hacen el día.
Hoy por la tarde, la visita de Sofía, mi sobrina, a la casa.

15/06/2010

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Me convertí en doctor el día que México inauguró el mundial en Sudáfrica.
La noche anterior, para variar, no pude dormir. Llevaba una semana ajustando mi presentación, adelantándome a las posibles preguntas, estudiando los temas que se discutirían en el examen.
Hacia la madrugada, cuando me había cansado de dar vueltas en la cama, entendí que no quedaba nada más que hacer. Así que me relajé y comencé a pensar en la alineación del juego inaugural. En algún momento pensé que una victoria de la selección sería un buen augurio, pero pronto deseché esa posibilidad.
Hice bien.
Horas después, mientras daba rienda suelta a mi frustración tras un juego mediocre, que termino en un doloroso empate, entendí que hay dos cosas que en el futbol -y también en la vida- no se perdonan: la mezquindad y la apatía. Entendí que ninguno de esos dos ingredientes iban a estar presentes en la sala donde esa misma tarde presentaría mi disertación doctoral.
Y así fue.
Durante casi tres horas expuse, discutí, respondí, disentí, me defendí.
Terminé agotado, pero satisfecho con el cierre de cuatro años de vida académica a full.
Ahora que todo ha terminado, me dispongo -por fin- a tomar unos días libres. Un fin de semana en el DF (concierto de Calamaro incluido) y otro en la playa, son los únicos pendientes que restan por tachar de mi lista. El resto es página en blanco.

09/06/2010

Aquí nos tocó vivir...

Hace 30 años, cuando el encuestador de INEGI visitó la casa de mis padres se encontró con una pareja, casada, con dos hijos pequeños, que vivía en casa propia. A pesar de que la pareja contaba con estudios universitarios, sólo el jefe de familia trabajaba. La mujer también lo hacía, pero sólo como ama de casa (es decir, no recibía remuneración). Toda la familia contaba con seguridad social, entre otras prestaciones sociales. Todos se declararon integrantes de la Iglesia católica.
Ayer, el encuestador de INEGI que visitó mi casa se topó con un panorama diametralmente opuesto. La pareja no está casada. No tiene hijos, y no vive en casa propia. Los dos miembros de esta pequeña familia, cuentan con estudios de posgrado. Los dos trabajan. Y uno de ellos (a sus 34 años) sigue todavía estudiando. Las prestaciones sociales en sus respectivos trabajos son mínimas. No tienen Infonavit (nunca han cotizado) y sólo la jefa de familia (el encuestador tuvo trabajo para entender que la jefatura era compartida) cuenta con seguridad social. Los dos declararon no profesar religión alguna.
Entiendo que las prácticas a microescala no pueden generalizarse, pero aun así, el ejercicio de comparar ambas situaciones me pareció muy revelador, en tanto que expone, de forma muy clara, algunos de los cambios generacionales y de contexto socioeconómico más importantes de los últimos años.
Me pregunto que será lo que nuestros hijos (o sobrinos) tendrán que decirle al INEGI dentro de 30 años.

20/05/2010

Botella al mar


Tras cuatro años de trabajo arduo y constante, y miles de horas-hombre invertidas frente a la pantalla de una computadora, pude poner punto final a mi tesis doctoral.
Con la emoción reciente, carezco aún de la distancia necesaria para evaluar de manera objetiva el documento. Estoy consciente, sin embargo, de que sus aportaciones -más teóricas que pragmáticas- son apenas un grano de arena más perdido en el vasto desierto del corpus científico. Tristemente, no cambiaré vidas con ese trabajo. No generaré rompimientos paradigmáticos. Y no modificaré el destino -cualquiera que éste sea- de las localidades donde realicé mi investigación. Las 345 páginas de las que consta mi tesis, servirán apenas como escudo protector para desviar los dardos que amenazan con caer sobre mí el día del examen de grado.
La paradoja no deja tener ciertos tintes de ironía. Y es que si bien el mundo de la ciencia ha ganado poco con mi trabajo. Mi mundo -el mío, el interior- se ha vuelto inmensamente rico a partir de los aprendizajes acumulados.
Por eso que no dudo al asegurar que el día de hoy, no sólo conozco más, sino que conozco mejor. Y que gracias al trabajo previo, a veces marginal, a veces insignificante, de mis pares; soy dueño de nuevas herramientas para interpretar el mundo, pero sobre todo, para interpretarme a mí y a los que me rodean.
Sea, pues, esta tesis, una botella que se lanza al mar con la esperanza de que algún día pueda alimentar la fe de otros náufragos, cautivos a la deriva de este insondable y apasionante mar al que llamamos ciencia (para colmo) social.

24/04/2010

La muerte de un mundo

Me desperté extrañando a la abuela y recordé una frase que alguna vez leí. Era algo así como que la muerte de alguien que te piensa equivale a la muerte de una parte de tu mundo.
El mío (mi mundo) se siente esta mañana insignificante y triste.

05/04/2010

Love is in the air (oh,oh,oh,oh)


El primer trimestre del año se fue con más pena que gloria. La abuela murió. La beca se terminó. El proyecto editorial se estancó. El doctorado comenzó su agonía.

Y en medio de ese panorama los 34 años, como tercera llamada inminente, recordatorio del inexorable paso del tiempo, y testimonio visceral de las cosas por las que vale la pena vivir.

Cercanos y lejanos, íntimos y casuales, permantentes e intermitentes, reales o virtuales, los amigos y la familia me hicieron sentir cobijado y querido. Hubo reencuentros memorables, charlas y risas al por mayor, ensoñaciones lúcidas y -quién lo diría a estas alturas- mucho baile y celebración.

Se equivoca quien dice que hemos perdido el tiempo. Hemos ganado mucho. Y lo mejor está por venir.

25/02/2010

Educación pública


Y justo cuando estoy por terminar mi tesis... chan chan chan chan... el Colegio de Postgraduados se va a la huelga.
Sí, igual que me pasó en la UNAM justo hace diez años.
(respiro profundo y cuento hasta cien)
Y luego preguntan que por qué se está volviendo uno "neoliberal"...

19/02/2010

Almost

Es curioso cómo me resisto a poner punto final a la tesis. Reviso bibliogafía, considero nuevas ideas, mantengo abierta la posibilidad de modificaciones. El internet no ayuda mucho. Hay demasiada información, demasiadas posibilidades, interpretaciones, vías alternas para un asunto que demanda una definición clara y concreta.
Aún así, el final es inminente. Cuatro años de trabajo quedarán resumidos en 400 páginas. Es sólo cosa de semanas o de días, todo depende...

12/02/2010

Soñar a la abuela

La abuela cumplió años ayer y no pude -o más bien, no quise- llamarle. Me dan miedo las cosas que siento cada vez que intento comunicarme con ella y no puedo. Es un dolor que no es fácil de describir y del cual tampoco me gusta hablar mucho. Por lo general, tras esas llamadas o visitas frustradas me queda siempre la sensación de una profunda injusticia. También de impotencia, porque siento que no puedo hacer nada para que ella se sienta mejor, para que su situación sea más llevadera.
Claro que esto no sucede siempre; a veces intercambiamos una frase o nos sostenemos la mirada. Hace unas semanas me pidió que la tomara de la mano y cuando se la di la apretó fuerte, como si con eso gesto quisiera decirme todo lo que desde hace tiempo hemos callado.
El caso es que ayer, día de su cumpleaños, no le quise llamar. Me fui a la cama sintiéndome un poco triste y culpable. Luego, soñé con ella.
En el sueño también era día de su cumpleaños y yo llegaba a visitarla a su casa. Para mi sorpresa la veía bajar las escaleras para recibirme. Le daba un beso, la abrazaba, y luego le preguntaba cómo estaba. Entonces ella comenzaba a quejarse. Sus enfermedades, sus dolores, la columna, el cuello. Sus males de toda la vida. Cuando entramos a la cocina le dije que comprendía que se sintiera mal, pero que era día de su cumpleaños y que tenía que estar contenta por eso. Y ella asintió, aunque supongo que no muy convencida porque siguió lamentándose. Y a mí me daba gusto y ternura escucharla porque era evidente que el desahogo le hacía bien. Lo último que recuerdo del sueño es que le di un abrazo y le dije lo mucho que la quería. Mi abuela se quedaba callada, sin decir nada, y yo sabía en ese momento, que aunque no pronunciara palabra alguna, ella me estaba entendiendo.
Hoy desperté con ganas de ir a verla y contarle mi sueño. Decirle que la quiero, que la extraño, que me hace mucha falta y que me parece injusto todo lo que le está sucediendo. Hablar con ella, con el verdadero lenguaje con el que -ahora sé- nos hemos entendido siempre: con las palabras, con las miradas, con los gestos, con nuestras manos entrelazadas, o incluso, con esos largos silencios que pueblan ahora cada uno de nuestros encuentros.

09/02/2010

Oiga doctor...

Hace tiempo dejé de preguntarme acerca de mi renuencia a alimentar este blog, pero hoy por la mañana encontré una excelente cita que lo explica cabalmente.
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"La felicidad suele ser refractaria al análisis (tiene un contenido fiolosófico vacío, como afirma Savater) y no produce buenas tramas (Tolstoi comienza Ana Karenina informando que las familias dichosas no tienen historia)."
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La cita, por cierto, es de Juan Villoro, del libro de ensayos De eso se trata, que ha hecho las delicias de mis horas de lectura nocturna.
A su manera, Joaquín Sabina dice lo mismo en una canción de las viejitas, del album Hotel, dulce hotel para ser más precisos; de la época cuando -según sus propias palabras- la fama se le empezaba a clavar por momentos en el culo.
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Oiga doctor/devuélvame mi depresión/no ve que los amigos/
se apartan de mí /dicen que no se puede concebir esa sonrisa idiota/
Oiga doctor que no escribo una nota/desde que soy feliz
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El asunto es que de un tiempo a la fecha, sufro de un extraño cuadro de felicidad. Y aunque como todos, vivo lleno de preocupaciones, lo cierto es que éstas son cada vez de orden más práctico que intelectual. Así que bueno, habrá que sacarle jugo a esta buena racha y tratar de ligar más periodos como estos, que puestos a ver lo que sucede en el mundo, me parece que no son poca cosa.
Y si el blog sufre. Ni modo.

18/01/2010

Principio y fin de ciclo

A mediados de 2005, cuando este blog recién daba sus primeros pasos, sufrí las consecuencias de algo que ahora -al paso de los años- concibo como la simple y llana renuencia a cerrar un ciclo.
Aferrado, como solía ser en aquella época, me negaba a todo aquello que implicara un cambio. ¿Para qué moverse si las cosas no están tan mal? razonaba, sin darme cuenta que no eran razones, sino temores los que me tenían paralizado. Temía, quizá porque nunca tuve mucho, equivocar el camino y perderlo todo.
Una noche (aún la recuerdo) harto de mis intentos por conciliar el sueño salí a caminar. Hacía frío y yo no lo sentía. O peor aún, lo sentía, pero no me importaba. Estaba en plan de melodrama, así que recorrí durante un par de horas los alrededores imaginando que no regresaba a casa.
De pronto, aún no me queda claro cómo, caí en la cuenta de lo ridículo de mi actitud.
Me negaba a desprenderme de las cosas acumuladas, como si eso dependiera de mí. Quería evadir el hecho de que la mayor parte de ellas habían mudado hace tiempo de lugar. Y que yo seguía ahí, resguardando a capa y espada lo poco que quedaba.
Decidí esa noche, durante el largo camino de regreso, que al día siguiente habría limpia. Y que nadie saldría indemne, ni siquiera yo.
Este año comienza así, como esa melodramática caminata nocturna.
He andando los primeros días de enero de un lado a otro, sin decidirme a cerrar el ciclo que sin saberlo, inaugure esa fría madrugada, hace ya cuatro años.
Temo, como temía en aquellos días, perder en el trance lo acumulado. Pero temo más, que el mundo avance y que me quede yo. Así que en esta ocasión no voy a aferrarme.
La limpia que inaugura mi nuevo ciclo de vida comienza hoy.

24/12/2009

En paro

Pensé con ingenuidad que llegaría descansado y con ánimo celebratorio a la Nochebuena familiar. Pero a horas del tradicional festejo me siento realmente agotado. Me urgen ya las vacaciones. Sol y playa en dosis moderadas. Tiempo para leer y pensar. Ocio en su estado más puro. Quiero una zona donde el wi-fi sea un elemento inexistente. Donde mi teléfono se quede sin cobertura. Donde leer los diarios o ver la televisión carezca de sentido.
Hoy, 25 de diciembre, me declaro oficalmente en paro.
En lo que este año respecta, no volveré a trabajar.

21/11/2009

Venga, pues...

Mi ausencia del blog no es fortuita. Estoy cerrando el 2009 contra reloj, volcado sobre un par de proyectos que se resisten.
No se requiere ser muy avezado para percibir que se avecina un cambio de vida: de trabajo, de proyectos, y en una de esas, hasta de ciudad.
Por ahora, en vísperas del invierno, todo es incertidumbre.
Curioso, con cierta dosis de nerviosismo en el cuerpo, me froto las mano y espero...

15/11/2009

A propósito de Fito

Tres momentos para rescatar del concierto de ayer:

11 y 6: En lo personal, una de las canciones que más disfruto. Te transporta de inmediato a Corrientes y al ambiente festivo, nostálgico y cuasidecadente de las librerías, los teatros y los cafés de esa calle tan entrañable y querible.

Yo vengo a ofrecer mi corazón: Imposible no recordar a Mercedes Sosa con esa canción y no sentirse emocionado y conmovido cuando el público la canta a capella.

Mariposa Technicolor: El cierre perfecto. Lo decía con toda la razón un crítico de rock sudamericano: una de las canciones inscritas con letras de oro en la historia de la música popular argentina.

En el inter, por supuesto, los éxitos de siempre: Al lado del camino, Brillante sobre el mic, Tumbas de la gloria, Un vestido y un amor, Dos en la ciudad... un verdadero lujo para los habitantes de esta ciudad en ruinas.

09/10/2009

Perdoná si al evocarte...

Salimos de Buenos Aires por el domingo por la madrugada. No hubo tristeza, ni nostalgia en la despedida. En mi caso, sólo gratitud inmensa para la ciudad, el barrio, la gente que hizo posible la vida en este maravilloso, fascinante y sui generis lugar del planeta. No volveré en algún tiempo, lo sé. Aunque me queda claro que esta ciudad será territorio recurrente de los recuerdos, del pensamiento, de los afectos. Algo así como el Madrid del 2005, sólo que con menos drama e incertidumbre sobre la dirección -que no el destino- de mi trayecto.

Mi lugar en el mundo

Por ahora, el lugar donde mi pequeña familia (de dos) habita.

02/09/2009

Lo que Facebook se llevó

De un tiempo a la fecha, buena parte de los blogs que sigo han comenzado a cerrar la cortina. Las calusuras -según sus autores- obedecen a motivos de diversa índole: desgaste, falta de motivación, cambio en la vida laboral o amorosa, o simple y llana hueva. No puedo ignorar que los cierres coinciden sospechosamente con el dominio avasallador de Facebook. Es una lástima ver a mis amigos blogueros contestando quizzes al por mayor, abriendo galletas de la fortuna o consultando todos los días -antes de iniciar sus labores- al trébol de la buena suerte. No es que su vida en Youville o en Mafia Wars me parezca aburrida, es sólo que en ocasiones, extraño la intimidad del formato blog. Y sí, me pregunto muchas veces que habrá pasado con éste y con aquel, y al indagar en las redes sociales me topo solamente con qué personaje de Sex and City es, que frase de Joaquín Sabina lo describe o que superhéroe fue en su vida pasada.

28/08/2009

Sofía


Es raro pensar a la familia Hernández Flores con un nuevo miembro. Nosotros, siempre tan independientes y solitarios, volcados ahora sobre el nuevo integrante, que apenas se ha incorporado, y carga ya con toda una serie de responsabilidades y expectativas que de pronto se antojan desmesuradas.
Yo pienso en su llegada como un regalo. Como una oportunidad de hacer las cosas bien. Aunque es bien sabido que la sucesión generacional ha sido siempre el mecanismo que perpetúa ad infinitum las pifias y errores de los que nos preceden. Pero bueno, el gusto y la intención (ahora y por un buen tiempo) no nos la quita nadie.
Bienvenida pues, Sofía, querida sobrina mía, a éste, el mundo real.

27/08/2009

África para principiantes


A mi África se me metió la cabeza a partir de la conversación que sostuvimos un grupo de estudiantes, hace ya varios años, con un inmigrante africano, activista de los derechos humanos que vivía en Madrid.
Imaginen -nos dijo aquel hombre de dimensiones descomunales y vestimenta estrafalaria- un continente que en el curso de tres siglos es despojado de 60 millones de personas, la mayoría hombres, en su etapa más productiva. Piensen en la indefensión de los que se quedan, en su sumisión frente al colonizador europeo. Piensen también en la extracción de riqueza que durante décadas es canalizada hacia las grandes metrópolis. Y luego, cuando ya no queda nada por explotar, el abandono y el atraso. Y junto con ellos el horror de la guerra, la hambruna, los campos de refugiados. Todo esto en un apartado rincón del planeta que ya no interesa a nadie salvo a los traficantes de armas, de droga, de diamantes. Ése es el tamaño de la deuda de Europa con los habitantes de sus antiguas colonias.
Inmersos en nuestra propia problemática, influenciados por nuestra condición dual de pueblos conquistados y enmancipados, latinoamericanos a fin de cuentas; la mayor parte de los asistentes salimos de aquella charla sensibilizados, aunque sospecho poco conscientes de las dimensiones reales de la tragedia africana.
Por eso, Ébano, el libro de Ryszard Kapuscinski que recién acabo de leer caló hondo. Plasmó con claridad algo que nunca pude ver en los diarios ni en la televisión, a pesar de lo escatólógico de las fotografías, de las cifras de muerte y destrucción que suelen acompañar las crónicas o reportajes sobre ese continente exótico y desconocido.
Siempre me he afanado en sostener que la literatura constituye la mejor vía -incluso por encima de la sociología y la filosofía- para ahondar en los misterios de la naturaleza humana. Pero debo reconocer que Kapuscinski es la excepción a la norma. Él no hace literatura. La usa para describir con apegado realismo la vida y la muerte en esa porción olvidada del planeta que por una convención reduccionista llamamos "África", aunque en la realidad -tal como asegura el periodista polaco- salvo por el nombre geográfico, África no existe.

01/08/2009

La bolsa, el violinista, y la belleza perdida

“¿Quieres ver lo más hermoso que he filmado en mi vida?”. Esta simple pregunta, en labios de un adolescente, es el preámbulo para una de las secuencias más bellas que se han filmado en la historia del cine.
El primer plano muestra a dos jóvenes que miran sobre la pantalla de televisión, la imagen de una bolsa de plástico que flota en una desolada calle, a merced del viento. La toma se cierra y el espectador sigue la trayectoria de la bolsa que se eleva en el aire y luego cae, permanece algunos segundos inmóvil, y vuelve a arrastrarse después junto con las hojas que el otoño ha dejado a su paso. La voz del narrador se escucha en el fondo:
“Era uno de esos días en que está a punto de nevar y el aire está cargado de electricidad y esa bolsa estaba bailando conmigo, como un niño pidiéndome jugar. Fue el día en que descubrí que existe vida bajo las cosas. Y una fuerza increíblemente benévola me hizo comprender que no hay razón para tener miedo. El video es una triste excusa, lo sé, pero me ayuda a recordarlo. A veces hay tanta belleza en el mundo que siento que no lo aguanto y que mi corazón se está derrumbando”.
Allan Ball, guionista de la multipremiada American Beauty, afirma que esta escena, fue atestiguada por él mismo, años atrás, mientras descansaba en la plaza de lo que fuera alguna vez el World Trade Center. Y que fue esa bolsa, una simple bolsa de nylon que flotaba traviesa sobre la explanada ubicada al pie de los rascacielos, lo que le inspiró a escribir el guión de la película que estaba destinada a arrasar con los premios Oscar.
Todos los días, desde hace ya varios meses, me acomodo por largos periodos en la mesa de un café en el centro de la ciudad, desde la cual llevo a cabo todas las labores que demanda mi actual condición laboral. El trabajo free lance tiene la peculiaridad de que te permite mantener una mirada inédita, sobre eventos que bajo otras circunstancias hubieran pasado desapercibidos. Es una cosa que tiene que ver con el tiempo. Con la capacidad para organizarlo y ajustarlo a los propios requerimientos vitales.
Más de una vez, apoltronado alrededor de esa mesa, con los ojos enrojecidos tras pasar varias horas navegando en la pantalla de mi computadora portátil; o camino a casa, después de una provechosa jornada de trabajo, me he topado de frente con uno de esos momentos American Beauty. Revelaciones efímeras en donde lo cotidiano se disuelve, y por unos instantes –sólo por unos instantes– uno puede apreciar las cosas como realmente son, y no como se nos presentan bajo el sedicioso influjo de la rutina.
Por desgracia, esos momentos son los menos. Esclavos de la sociedad de consumo, hemos asignado a lo bello un horario, un lugar, y desde luego, un precio. Nos hemos vuelto ciegos a la belleza que nos rodea. La metáfora es para nosotros un ejercicio vedado: la bolsa que bailotea en el aire, es sólo una bolsa y nada más.
El año pasado The Washington Post hizo un curioso experimento al respecto. Convenció a Joshua Bell, uno de los violinistas más reconocidos del mundo, para que acompañado de su Stradivarius, tocará a las afueras de una concurrida estación del metro.
Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos, había pronosticado que el músico recaudaría unos 150 dólares, que poco más de 35 personas se detendrían a escucharlo y que más de un centenar echaría dinero en la funda de su violín. Pero eso no fue lo que ocurrió. Tras 43 minutos de interpretar obras maestras, habían pasado ante él más mil personas. Sólo veintisiete le dieron monedas, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció. El músico que días atrás había llenado el Boston Symphony Hall a cien euros la butaca, no recibió ningún aplauso.

30/07/2009

Sentimientos encontrados

Acabó de salir de mi examen de candidatura. La exposición oral fue un caos. Me sentí incómodo todo el tiempo. En el afán de ajustarme al tiempo, dejé pasar puntos importantes. Y tuve todo el tiempo presente la sensación de que el tema no se estaba entendiendo. No es pesimismo. Ni obsesión por el lado oscuro. Simplemente no me siento satisfecho.
Por otro lado, más allá de mis resquicios ultra perfeccionistas, aprobé; y eso es motivo suficiente para celebrar y agradecer. A los amigos y a la familia, que estuvieron siempre pendientes. Y a Myriam, que creyó antes que yo, y que me hace creer todos los días, que lo que está pasando es cierto.

25/06/2009

Gracias, Andrés


Fuimos pocos los convocados a la cita de ayer con el Salmón. Pocos, pero dispuestos a hacer "el aguante" al más puro estilo argentino.
El concierto fue todo lo previsible que puede ser un concierto de Calamaro. O sea, nada. Porque en un concierto de Calamaro no es el repertorio, ni el estado de ánimo, ni el orden de las canciones; es esa especie de conexión íntima que la música, la letras y la personalidad de Andrés generan en el oyente, lo que le imprime un sello único a cada presentación. A mí, por ejemplo, me dio por pensar en los caminos cruzados, en los ciclos que inevitablemente se cierran, y por supuesto, en las cosas que permanecen. Claro que además de pensar, salté, bailé, grité, me emocioné como pocas veces. Me puse el disfraz de fan que lo perdona todo, que lo festeja todo, para quien todo lo que sucede en el escenario es motivo de júbilo.
Tras la descarga de adrenalina vino el ritual: la compra de la playera conmemorativa, el intercambio de experiencias con Myriam, la cena post-concierto con los amigos. La noche termino en un local a la vuelta de la casa con empanadas, choripan y agua de jamaica. Nada más que pedir a un noche fría y lluviosa de junio.

23/06/2009

La mañana boca arriba

Tras el cierre de un apartado más de mi tesis y en vísperas del examen de candidatura, decido tomarme el día. Las primeras horas de la mañana las dedico a la lectura de Hasta que te encuentre, el último libro de John Irving. Encuentro, como en todas las novelas de Irving, un patrón que se repite: un protagonista que vemos crecer y desarrollarse desde la más tierna infancia hasta la madurez; la paternidad o su ausencia como hilo conductor de la trama; la sexualidad como catalizador y como karma de los personajes; las alusiones al mundo editorial, a la vida escolar, al deporte, a la fama. Sorprende ver a un escritor repetirse tanto sin aburrir.
En el capítulo de hoy Jack Burns se entera de la muerte de Emma, su amiga y protectora (escritora exitosa en lo público e inciadora sexual de Jack en lo privado). Tras varios días de una inexplicable insensibilidad emocional (durante los cuales ha tenido tiempo de liarse con la madre de Emma, que es a la vez, amante de su propia madre) Jack rompe en llanto a mitad del servicio religioso, en la capilla de la escuela donde Emma y él han estudiado juntos.
Siento que la novela está por llegar a su punto de "no retorno", en donde dada la rapidez con que se precipitan los acontecimientos, el lector ya no la puede soltar; así que decido dejar pendiente la resolución de este penoso capítulo en la vida de Jack Burns para un momento más oportuno.
Me levanto, enciendo la computadora y termino en menos de media hora el apartado de mi tesis que corresponde al análisis del capital cultural en las estrategias de reproducción de los grupos domésticos periurbanos. Mi escritorio es un caos. Sé que debo arreglarlo. Pero hoy no, me digo aliviado.
Después de la ducha, caigo en la cuenta de que son apenas las 11:00 de la mañana y tengo todo el día libre. Tomo mi computadora, la meto en la mochila y me dirigo al sitio donde he pasado casi todas las mañanas del último mes. En el café Zaranda ya saben lo que quiero: un expreso doble cortado, para empezar.
Hasta el café ha llegado el último número de Gatopardo, con un excelente reportaje sobre el escándalo de los Legionarios de Cristo y una entrevista con Guillermo Arriaga que no tiene pierde. Al poco tiempo llegan Laura y Siboney. Platicamos sobre nuestros respectivos fines de semana y acordamos ponerle un dead line a los proyectos editoriales pendientes.
En internet encuentro una liga a una serie de artículos que narran el extraño caso de una isla mexicana que de un día para otro desapareció de los mapas. Isla Bermeja, supuesto límite territorial mexicano cuya presencia justificaría la apropiación de uno de los yacimientos más grandes de petróleo, no aparece. Y aunque existen más de cien referencias cartográficas -algunas desde mediados del siglo XVI- nadie ha podido encontrarla. Las hipótesis sobre el insólito evento son de lo más variadas: hay quienes aseguran que Estados Unidos la destruyó con un arma secreta (y sumamente sigilosa, debo suponer), otros sostienen que la isla sigue en su lugar, y que en virtud de un acuerdo político secreto se niega su existencia. Hay un senador de la República muerto en extrañas circunstancias. Archivos secretos quemados. En fin, teoría del complot al estilo mexicano, en su vertiente más fina y depurada.
A pocas líneas de concluir este post descubro que pasan ya de las 4:30 de la tarde, que Myriam llegará pronto a casa, y que no hay nada para comer. La mañana se fue y la tarde está por entrar a su etapa madura. Y aunque pareciera que no he hecho nada importante, siento que el tiempo no ha transcurrido en vano. No tengo, como en otras ocasiones, esa sensación culposa, capaz de arruinar cualquier indicio de victoria -por pírrica que ésta sea- sobre la rutina nuestra de cada día. Con la energía renovada clausuro oficialmente esta jornada y me dispongo -ahora sí- a descansar como Dios manda.
Por cierto, mañana viene el Salmón a Puebla. Tengo ya mi playera del concierto pasado y el boleto de primera fila en la mano.

11/06/2009

La trampa de la reproducción


Semanas de encierro académico —ya se sabe: café, lecturas, y capítulos que se escriben a paso minúsculo pero constante— alternados con breves pero desgastantes encuentros con el aparato burocrático-estudiantil, que parece haber sido diseñado para que nadie pueda graduarse. Esa ha sido la crónica de estas semanas. Aburrida y estéril, como todo lo que huele a academia y a trámite administrativo.
La relectura de Bourdieu, me ha regalado una percepción novedosa sobre mis propias prácticas. Me empiezo a percibir como un “agente social” que se debate entre la inercia de su habitus y el interés por mejorar su posición relativa en el espacio social. Y que atrapado en esa disyuntiva, sólo alcanza a reproducir las condiciones estructurales que le han dado origen.

30/04/2009

Días extraños


A una semana de la alerta nacional por el virus de la influenza porcina no me siento alarmado. No he comprado tapabocas, ni gel desinfectante. Saludo a la gente de mano y de beso, siempre que puedo. Bromeo ocasionalmente con el episodio del virus; comento con mis conocidos las noticias que saturan la televisión y la radio; elucubro y tiro abajo teorías conspiratorias con el mero afán de distraer la mente. En el fondo me pregunto si no estaré tomando el asunto muy a la ligera. Pero no puedo hacer nada contra ese estado de ánimo. Por algún motivo, me siento vacunado contra el pánico.

*

Imaginen una ciudad semivacía, silenciosa, donde las pocas personas que se ven en la calle caminan rápido, como si no quisieran detenerse a saludar a nadie. Imaginen un autobús donde lo único que se escucha es un noticiero que repite obsesivamente las mismas recomendaciones sanitarias. No besos. No contacto. No saludos de mano. Imaginen a los pasajeros ajustándose el tapabocas cada cinco minutos y mirando con recelo al vecino de junto, repartiendo a diestra y siniestra codazos, intentando descifrar el estado de salud de sus acompañantes. Imaginen que todo es real, que no están imaginando nada.
Eso es México hoy: un país donde la imaginación se ha desbordado.

*

Estoy de acuerdo con que la gravedad de la situación amerita un gran programa preventivo. Pero lo de la televisión mexiacana raya francamente en lo ridículo. Durante siete días no hemos hecho otra cosa que escuchar las mismas preguntas en los noticiarios: ¿Puedo comer cerdo? ¿Se puede contagiar mi mascota? ¿Debo ir a trabajar mañana?
El secretario de Salud –un personaje que hasta hace una semana era un completo desconocido– es quizá ahora uno de los rostros más populares del país. Lo mismo los doctores que desde la tribuna televisiva evangelizan a un pueblo ignorante, carente de sentido común y ávido de respuestas fáciles: Sí puede comer cerdo. No se puede contagiar su mascota. Claro que tiene que ir a trabajar mañana. Y, por cierto, no olvide lavarse las manos.
Y así, hora tras hora, días tras día. No sabemos qué ha sucedido con la escalada de violencia en los estados del norte del país, ni con la crisis económica mundial. La influenza lo acapara todo.

*

Una postal describe a plenitud la sicología del mexicano.
Ayer por la noche el presidente anunció que durante cinco días se suspendería en el país toda actividad laboral, pública o privada. Pidió a la gente que durante ese periodo no saliera de sus casas. Prudencia, era lo único a lo que el mandatario apelaba. A los pocos minutos, Acapulco e Ixtapa registraban un 85 por ciento de la ocupación hotelera.

*

Nos esperan cinco días de locura. Sin restaurantes y centros comerciales. Sin cines abiertos. Sin futbol. Sin posibilidad de ir a la playa o de reunirse con los amigos. Para colmo, aún no he podido contratar en casa internet o televisión por cable. En este escenario, el temor a la influenza es lo de menos. ¿Sobreviviremos a nosotros mismos? Esa, es para mí, la verdadera pregunta.

17/04/2009

Una de políticos

Por una de esas extrañas e inexplicables casualidades, desde hace tiempo recibo en mi correo electrónico algunos mails que están destinados al presidente municipal de Oaxaca. Así me he podido enterar de la millonada que cobran las empresas que hacen encuestas a los gobiernos estatales (tengo incluso las cotizaciones); los "favorcitos" que algunos promotores culturales le piden a las autoridades y lindezas burocráticas de todo tipo. El de hoy, sin embargo, no tiene pierde. Resulta que uno de los subordinados le "sugiere" al jefe con mucha diplomacia asistir a un seminario internacional y lo hace en los siguientes términos:
.
ESTIMADO PRESIDENTE:
ESTE ES UN SEMINARIO QUE VALE LA PENA ASISTIR O ENVIAR A ALGUIEN DEL EQUIPO, AUNQUE YO SE, QUE POR LA EXPERIENCIA QUE TIENE, BIEN PODRIA USTED DAR EL CURSO Y NO TOMARLO...
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¿Qué onda con nuestros políticos? ¿De verdad se tragarán completita tanta lambisconería? Viendo como los tratan no me extraña nada que después de tres años en el poder sientan de que lo saben todo.

14/04/2009

Mi casa


Mi casa no es una casa. Es un departamento ubicado en el segundo piso de una concurrida calle del centro de la ciudad. Desde sus ventanas se pueden ver las cúpulas de las iglesias y las torres de catedral; y a veces, cuando los días son buenos, es posible admirar los volcanes en toda su magnificencia.

Justo enfrente hay un bar que se llama Garufa y que curiosamente tiene a la entrada inscrita la leyenda: Puebla-Buenos Aires-México. Por más que intento convencerme de lo contrario, no puedo dejar de pensar que estas palabras están ahí por algún motivo. Quizá para recordarme que pronto volveré a pisar tierra argentina o para susurrarme -en el lenguaje secreto de las casualidades- que el lugar en el que ahora habito estaba reservado para mí. O lo que es lo mismo: que estoy justo en el sitio en donde tengo que estar.

Por primera vez en mi vida estoy estrenando muebles propios. Y pronto tendré cortinas. Y aunque no sé cambiar una llanta, ni usar correctamente un taladro; lavo mi ropa en casa, preparo diariamente mis alimentos, limpio y arreglo el hogar cada que se requiere.

No estoy solo en este proyecto. Y eso hace la diferencia. Convierte este departamento de segundo piso, en un hogar con todas las de la ley. Ayer en la noche encendimos una vela y prendimos incienso para los buenos augurios.

Sin darme cuenta empiezo a concebir nuevos planes. Mi optimismo se declara oficalmente renovado. Todo saldrá bien.

27/03/2009

A mis treinta y tres, veintiocho dicen que aparento...

No estoy seguro que mi cumpleaños número 33 me encuentre en un momento privilegiado. A estas alturas me queda claro que entre más se vive, menos cosas se saben, las certezas se vuelven escasas y todo se vuelve relativo. Esta mañana desperté con ganas de hacer de la incertidumbre un aliado y no el enemigo a vencer. Me pregunto si no es un poco tarde para hacer algo al respecto.
Mi orden del día para hoy: pensar poco, trabajar lo necesario, construir este día y compartirlo con la gente que quiero. Lo demás -y creo que ésa es la única premisa que me empeñaré en sostener- puede esperar a mañana.

20/03/2009

Andrés al rescate...


Apenas estoy asimilando el golpe anímico que significa la postergación o posible cancelación de mi viaje a Buenos Aires, cuando me entero que Andrés Calamaro tocará próximamente en Puebla.
La cosa suena surrealista, lo sé, pero me ha hecho sonreir en una semana que ha sido toda nostalgia y tristeza.

06/03/2009

Suficiente por hoy

Agotado. Así me he sentido toda la semana, aunque este viernes más que otros días. Añoro un periodo de la vida en que sentirse así no era problema, cuando era posible apretar el botón de pausa y suspender las obligaciones cotidianas sin que el fantasma de la culpa asomara su odiosa cabeza.
Ahora todo es diferente. Yo soy diferente. Las cosas son diferentes. Y en días como hoy en que carezco del impulso necesario para acometer las responsabilidades que me agobian, lo único que me queda antes de desertar es cerrar bien los ojos, respirar profundo, y hacer lo posible por olvidar que mañana tendré que pagar la factura.

19/02/2009

Lo que significan las Itacas

A lo largo de mi trayectoria como lector, pocas cosas me han emocionado tanto como ciertos pasajes de La Iliada y La Odisea que por extraño que pueda parecer, termino siempre por conectar con episodios de mi propia vida. Por tal motivo, no es casualidad que a la cabeza de este blog esté inscrito el verso sobre Ítaca que se le atribuye a Konstantine Kavafis.
Hace algunos días me tope por casualidad con la traducción original del poema completo de Kavafis. Más allá de lo cursi -y hasta cierto punto evidente- que para un lector moderno puede resultar la metáfora del poeta alejandrino, la noción de Ítaca como aspiración, como puerto de llegada y trayecto a la vez, sigue resultando atractiva. Aunque si se trata de ser sinceros a mí me seduce más la idea de la Ítaca que nunca fue, la que se idealizó tanto durante la travesía, que poco o nada puede ofrecer al viajante. La que niega riqueza, pero brinda a cambio paz y sabiduría. La Itaca de la eterna promesa incumplida. La del anhelo enraizado en la fe. El hogar, a secas, para quien lo ha dejado todo. La Itaca querida.
.
Itaca
.
Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni a fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante tí los pone.
.
Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
.
Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.

16/02/2009

El recuento de los daños

Fue un placer enorme encontrarme con Rodrigo en el DF, después de casi diez años de no vernos, y charlar como si el tiempo no hubiera pasado de largo. Compartir con Bethza y Karla un delicioso vacío argentino, y platicar de amigos comunes, de literatura y de viajes (azar objetivo, a final de cuentas). Lindo también, conocer la casa de Nacho y Pilar y disfrutar un poco de esa boda que se me negó el año pasado por culpa de la crisis.
El resto del fin de semana, bien podría olvidarse. Excepto quizá, el abrazo del domingo, ya en casa. Un gesto que curó todo o casi todo (debo reconocer que aún hay cosas que duelen).

13/02/2009

¿Dónde está William Wallace?


La imagen que encabeza este post desmiente a todo aquel que alguna vez pensó que las guerras con arco y flecha eran cosa del pasado. La instantánea fue tomada al oeste de Kenya en el campo de batalla donde dos tribus se disputan el control político de una región. La foto -una de las ganadoras del Word Press Photo 2008- es una prueba más de lo ajeno que resulta África a nuestros ojos. De la indiferencia hacia un continente que ha sido saqueado durante siglos. Y de las realidades cotidianas que superan cualquier ficción.

27/01/2009

Sick

Dicen que la salud es el estado transitorio entre dos épocas de enfermedad. Pero a últimas fechas la mía se ha reducido a niveles preocupantes. Mis defensas han menguado al punto que una simple gripa me mantiene tres semanas en un estado deplorable. O de pronto amanezco con una reacción alérgica inexplicable, con extraños dolores abdominales, o cosas así. Quiero pensar que el origen de esta situación se encuentra en los cambios experimentados en los últimos meses, a los cuales mi organismo terminará tarde o temprano por adaptarse. Mientras tanto me descubro intolerante, frágil y hasta dependiente. Y es que la enfermedad -y el dolor que inevitablemente asociamos a ella- tiene la facultad de convertirnos en seres ajenos a nosotros mismos. De volver impaciente al ecuánime, malhumorado al optimista, y lúgubre al más festivo. Por eso, tan pronto salga de esta racha de medicinas y tratamientos, prometo ser más paciente y comprensivo con mis enfermos. Pensar que no son ellos sino sus enfermedades y recordarlos, a pesar de todo, siempre saludables.

12/01/2009

Primer post del 2009


Sucedió hace más de tres años. Era verano, y por uno de esos vuelcos inexplicables que da la vida yo me encontraba en Niza. Ese mismo día, por la tarde, debía abordar el tren que me llevaría Barcelona para la cubrir la etapa final de unas vacaciones que se habían prolongado demasiado. Llevaba más de dos meses de cargar la mochila en la espalda, durmiendo en hostales o en trenes, y pensé que un día en la playa al estilo Wild On podría revitalizar mi espíritu.
Por la mañana, mientras dejaba encargadas las maletas en la consigna de la estación, escuché que alguien gritaba mi nombre. Juan Pablo y Georgina, los amigos con los que había convivido gran parte de mi estancia en Madrid así como un breve, pero intenso periodo en París, venían llegando a la ciudad. No me sorprendió tanto la casualidad del encuentro, como las razones que los habían llevado hasta ese destino mediterráneo. ¿Quién puede negarse a los encantos de la Costa Azul en las semanas más calurosas del año? me dijeron. Y entendí de golpe que cuando viajas toda eventualidad se convierte en una feliz coincidencia.
Con la toalla colgada en el hombro nos dirigimos al mar. Las horas en la playa fueron pocas pero suficientes para infundir nuevos ánimos. Nos tomamos fotos. Nadamos y comimos entre decenas de turistas con la piel enrojecida por tanto sol. Al atardecer, cuando me despedí por tercera ocasión de mis amigos, supe que en lo sucesivo no habría más sorpresas en el camino. El inminente regreso a nuestros países cancelaba la posibilidad de volver a encontrarnos. Cuando dijimos adiós sentí, por primera vez desde que había salido de México, que mi travesía había terminado.
Pasaron varios meses antes de que las vivencias de aquel verano pudieran asimilarse por completo: los intentos frustrados previos a mi partida, la mañana que toqué fondo a la sombra de un viejo árbol en el parque de la Moncloa, las pesadillas que me agobiaban durante los trayectos nocturnos en tren, la obsesión por huir lo más lejos posible de todo y de todos. Y luego, poco a poco, emergiendo luminosos de las profundidades de un mar abisal: el encuentro con mi hermano en una ciudad de reyes olvidados, las veladas apacibles en el sillón azul de una residencia universitaria, la noche en que una película extranjera me hizo reir hasta orinarme, la soledad asumida no como losa, sino como agradable y necesaria compañera de viaje. Aún ahora, cuando la distancia que media entre el hombre que partió desecho a otro continente y el que escribe con nostalgia estas líneas es abrumadora, me resulta imposible discernir cuánto de mí se gestó en ese agobiante e inovidable verano.
Por eso no hablaré en este momento de Argentina. De todo lo que Argentina me ha dejado sembrado. Diré, sólo por cumplir el ritual del primer post del año, que viví en Buenos Aires los meses más desconcertante e intensos de mi vida. Que aprendí a viajar ligero, pero acompañado. Que el ejercicio de soltar las amarras me sigue costando trabajo. Que extraño por las mañanas mi café con tres medias lunas. Que ayer soñé que caminaba una calle y era Corrientes esquina Callao.

17/12/2008

Brevario

Estamos a punto de partir para Iguazú. Nos esperan unas 20 horas de viaje en autobús y yo estoy resfriado, con dolor de cabeza y la garganta a punto de estallar. Myriam ha salido a la lavandería y me ha dejado un recado en la computadora. He pensado mucho en nosotros las últimas semanas. Puede parecer extraño, pero pese a la incertidumbre de estos últimos días siento que nada nos falta. Recuerdo que hace tiempo yo buscaba algo así. Parece mentira que a veces sólo sea cuestión de esperar, de ser pacientes. Voy a dormir un poco más hasta que regrese. Suena cursi, lo sé, pero ya la extraño.

16/12/2008

Uno de esos momentos...

En el recuento de los momentos top de este 2008 que está por concluir, habrá que poner en un lugar de privilegio la noche del sábado pasado, con un estadio de River desbordado, en el esperado regreso de Los Fabulosos Cadillacs a los escenarios. Si me preguntan mi opinión este fue uno de los climax del último concierto que nos reventamos este año.

04/12/2008

El sentido práctico

Todo empezó con una lluvia que se convirtió en tormenta y que inundó nuestro departamento ubicado en el tercer piso de la calle Juncal al 1690. Continuó al día siguiente, cuando nos percatamos de que las lap top que almacenan buena parte de nuestra vida laboral, académica y personal, no encendían. Ayer, el profesional que tuvo en sus manos la tarea de evaluar los daños nos comunicó su veredicto. La máquina de Myriam está desahuciada. La mía permanecerá una semana más en terapia intensiva. Con suerte, los datos de ambas pueden pueden recuperarse. Pero no aseguran nada. Obvio que nuestro humor está de mírame y no me toques. No sé si estoy exagerando las cosas, pero si alguien me lo pregunta, diré que Argentina ya dio todo de sí, al menos en lo que respecta a este año. En ese sentido, me parece que la decision de regresar a México para la Navidad ha sido lo más acertado. Ni hablar. Entre lo ideal y lo práctico, se impuso lo práctico.

25/11/2008

Y ahora pa' dónde


Buscando un lugar en el mundo, nos debatimos entre lo ideal y lo práctico....
PD. Este post bien podría llamarse: Un boleto de avión, tres meses libres y una cuenta de bancaria en proceso de extinción...

11/11/2008

Los pies sobre la tierra

Juan dice que hay que no hay que esperar nada. Yo me aferro a que se debe esperar lo mínimo. Nacho, por su parte, siente que debe esperarlo todo. Parecemos como la escala evolutiva, pero al revés. Vamos de lo más a lo menos y en la ruta de la frustración, parece imposible revertir el proceso.
Hoy por la mañana el tema salió a la plática con Myriam. Y luego, no sé cómo, se habló de las prioridades. Cuáles son las cosas importantes, cuáles las imprescindibles.
Mira que a veces hace falta una conversación de esas para poner los pies en la tierra. En cosa de media hora pasé de considerarme un realista consumado, a sentirme un tipo de lo más candoroso y crédulo. En el afán de no clavarse en la textura, mejor le paramos. Pero yo no puedo dejar de darle vuelta al asunto.
Hasta el momento un par de ideas se me ocurren. 1) O bien soy feliz con poco; 2) O bien lo poco que tengo me hace feliz. Y aunque me parece más atractiva la segunda opción, creo que lo valioso del ejercicio está en reconocer no sólo el terreno que se pisa, sino la forma y la fuerza con la que se pisa. Por lo demás, no me interesa complicarme con el viejo dilema del vaso medio lleno o medio vacío.

04/11/2008

Casi nunca


Hace ya algunos meses, Daniel Sada nos compartió a algunos de sus allegados el borrador de su última novela. A pesar de haber leído casi toda la obra completa de Daniel y de ser testigo lejano, de la escritura de sus dos últimos libros (Ritmo Delta y La duración de los empeños simples) la inminencia de una nueva novela me generaba una expectativa inusitada. Y es que a decir del propio Daniel, se trataba de su trabajo más personal, y por tanto, el que más le había costado trabajo escribir.
Conocedor de ciertos detalles de la ficción que cabalgaban paralelos a la vida del autor, devoré con fruición –casi de una sentada- la versión electrónica de esa novela, apenas llegó a mi correo.
Desde siempre he considerado la literatura de Daniel como una apuesta arriesgada por el lenguaje y por el humor (lo cual, en un medio tan conformista como el literario, donde nadie arriesga nada, es por sí mismo, un gesto que se agradece); sin embargo, fue hasta que terminé de leer la última línea de su novela, que me quedó claro de qué va esa obsesión -casi diría testarudez- de Daniel, por exprimir a full cada palabra, por trabajar el fraseo hasta el cansancio, por asumir un punto de vista no convencional (y por eso muchas veces incomprendido), y sobre todo, por resistirse al facilismo de los temas de moda. En una sola idea: por ser siempre Daniel Sada, y no otro, el que escribe.
Hoy por la mañana me enteré por los diarios que la última novela de Daniel –esa que leí hace tiempo en un archivo de word en mi computadora- ha sido la ganadora del Premio Herralde de Novela 2008, posiblemente el galardón editorial con más prestigio en el mercado de habla hispana. Desde que me enteré de la noticia me siento feliz y emocionado. Primero, claro está, por Daniel. Pero también por la literatura, que gana con este premio un autor diferente.
Está por demás recomendar la novela de Daniel Sada que próximamente saldrá publicada por Anagrama bajo el sugestivo título de Casi nunca. No se la pierdan.
Es, de verdad, una joya.

22/10/2008

Algo apesta


Cada que reviso mi cuenta bancaria, me topo con la sorpresa de que mi dinero en este país vale cada vez menos. Las pérdidas acumuladas son ya del orden del 30 por ciento y amenazan con aumentar. Sirva la anécdota de hoy para ejemplificar mi situación.
Apelando a la prudencia, decidimos ir al cine el miércoles que nos cuesta la mitad. La película estuvo tan buena que nos despertó las ganas de un cafecito. Como ya no tenía efectivo, me dirigí al cajero para sacar un poco de dinero. Mi sorpresa en ese momento no fue mayor que mi enojo: de un día a otro, un deslizamiento del peso, evaporó de mi cuenta el equivalente a una quincena, de esas de las que -por cierto- ya no percibo.
De regreso a casa intento convencerme de que no debo entrar en pánico. Pero los medios no son tan optimistas como yo. El diario de hoy informa que en México el dólar se fue casi a 14 pesos y la bolsa cayó 7 por ciento.
A estas alturas no dejo de preguntarme en qué momento nos hicimos tan vulnerables a fenómenos que con trabajo alcanzamos a entender y sobre los cuales no tenemos capacidad de control o influencia alguna.
El otro día leí en La Nación que los libros de Marx, Keynes y Smith han registrado niveles record de ventas en los últimos meses. Al parecer somos ya legión los interesados en saber a dónde diablos se fue nuestro dinero. Y es que si algo ha dejado claro la historia es que las grandes riquezas, se amasan siempre al amparo de las grandes ruinas. O lo que es lo mismo: hay alguien muy vivo, en algún lado del mundo, que se está haciendo rico a nuestras costillas.

Divagaciones para una ciudad en ruinas

Es curiosa la forma en que se construyen las geografías personales. La forma en que uno se apropia de un lugar y lo vuelve territorio recurrente de la memoria, de los afectos, de las ideas. Es curiosa porque para fijar las coordenadas de ese espacio apropiado se requiere tener cierta perspectiva. Salir de la zona de confort, ubicarse en un punto lejano y contrastar. Hacer de lo absoluto conocido un relativo imaginado. Hace falta, pues, hacer las maletas. Tomar un avión. Cruzar una frontera. Balbucear palabras en un idioma que se desconoce. Perderse en las calles de una ciudad. Sentirse ajeno, extraño y hasta indeseable.
He pasado por todo eso antes. Pero por alguna extraña razón, ha sido hasta ahora, que habito una ciudad cuyo origen e idiosincracia pareciera no distar mucho de la mía, que me reconozco venturosamente atado a ese pedazo de tierra que es Puebla.
Hace varias semanas me hicieron la propuesta de retomar mi trabajo como columnista para una revista. ¿Por qué no escribes desde Buenos Aires pensando en Puebla? Lo pensé y me negué. Luego lo volví a pensar.
Hablar o escribir sobre Puebla desde esta región del mundo no es tarea fácil. Buenos Aires es una ciudad demasiado centrada en sí misma. Una ciudad que te recuerda a cada paso que estás aquí. Que no importa de dónde vengas es éste, y no otro, el centro del mundo. Cómo entender si no, la magnitud de la oferta cultural para una ciudad que apenas rebasa los dos millones y medio de habitantes. O el peso que tiene la industria turística en la capital de este país, donde elementos tan cotidianos como el tango, el cafecito porteño, el clásico Boca-River o el asado, se venden al exterior como productos o servicios que más allá de generar una derrama económica importante, contribuyen a afianzar la identidad de sus habitantes.
No se requiere vivir mucho tiempo en esta ciudad para entender que el ego de los argentinos está justificado con creces. Basta con asomarse a la excentricidad de una avenida como la Nueve de Julio o de una calle como Corrientes; o mirar con ojo crítico la proliferación de actores, escritores o grupos de rock que a contrapelo de los apologistas del mundo globalizado, apuestan por lo local y se la “bancan” solo con el mercado argentino, el mismo que recibirá próximamente a Madonna en el estadio de River, y que obligó a Luis Miguel a abrir una cuarta fecha en el estadio de Vélez Sarsfield.
Buenos Aires, con todos los defectos que pueda tener, se apunta en la lista de ciudades cosmopolitas, pero con identidad propia, en donde pareciera que hay lugar para todos.
En este punto, la comparación es inevitable.
Y es que Puebla, como ciudad, tiene todos los elementos -al menos en potencia- para colocarse en ese prestigioso rankig.
Últimamente, ha tomado fuerza cierto discurso que reniega de lo local. Como si pensar hacia adentro fuera pensar menos y pensar además mal. Buenos Aires es un ejemplo de lo contrario. De cómo imponer lo local al mundo. De cómo presentarse ante los demás con la ropa de siempre y parecer, sin embargo, elegante. De cómo hacer del ego y la autoestima una virtud. De cómo convertir a la aldea en un lugar donde quepamos todos.

07/10/2008

Noche Calamaro

No existe aún la palabra que describa aquello que no se puede decir con palabras. Ni el momento que condense en su devenir la esencia de todo momento. Así que no voy a abundar mucho. Sólo diré que llevo un par de días –literalmente- pasmado, incapaz de recuperarme tras la descarga de adrenalina y emoción que me dejó el fin de semana.
Y es que más allá de lo que significa en lo personal Calamaro, lo del domingo pasado fue mucho más que 40 mil personas cantando a coro “Paloma” al final de un concierto soñado. Fue reconocer a Buenos Aires tal y como siempre la había imaginado. Reconocerla a ella y reconocerme a mí, ocupando un lugar de privilegio, consciente una vez más del “aquí y el ahora” tan mentado, que hemos hecho consigna para afrontar estos días de incertidumbre financiera, laboral y emotiva.

Dejo para el recuerdo una probadita del video que tomé con lo mejor de la noche…

28/08/2008

Carta abierta a Pinch

Pinch: are you there?
Dice Lai que te encuentras al norte y creo suponer –lo deduzco por nuestra última y ya muy lejana plática- dónde es que estás. Yo vivo ahora al sur, muy al sur. Y eso pone a Oaxaca -quien lo fuera a decir hace algún tiempo- justo en el centro geográfico de nuestra ubicación actual.
Te cuento que hace un par de meses hablé por teléfono con Tryno. Se le escucha bien, clavado en su papel de editor y "caza talentos" literario. Aunque debo confesar que tras la breve conversación que sostuvimos creí detectar en él, cierto aire de hartazgo, posible efecto colateral del uso y abuso del mezcal de alacrán, entre otras sustancias tóxicas oaxaqueñas a las que es aficionado nuestro amigo.
Con Lai no se sabe nunca, un día se levanta, se sube en un avión y puede que aparezca en el sitio menos pensado, haciendo las cosas más extrañas, como esa de cuidar adolescentes francesas, sobrevivir a una narco-balacera en Creel, u otras que estoy seguro omite en su blog, por pudor o por hueva.
En fin, recurro a este medio porque a últimas fechas me fastidia un poco usar el correo electrónico (bah! a quien quiero engañar, también es para que este blog no muera)
Y bueno, entre otras cosas, porque esta botella al mar está destinada también a los otros aludidos, a quienes se les recuerda desde acá con harto cariño.
Saludos Mr. Pinch, donde sea que se encuentre.
Y un abrazo al resto.

Buenos Aires, Argentina, 28 agosto, 2008

26/08/2008

Tarde de martes

Estoy de lo más distraído estos días. Hoy, por ejemplo, regresé de la calle con un ojo morado y ni siquiera sé bien por qué. Supongo que en algún lado sufrí un golpe (cosa que se me figura de lo más raro puesto que no me he quitado los lentes en lo que va de este martes). He repasado durante toda la tarde mi trayecto en el microbus, la entrevista que tuve por la mañana, el regreso a casa, y no logro recuperar el momento en el que me hice daño. Me preocupa que este tipo de cosas sucedan sin que me dé cuenta. Si eso pasa con un ojo morado, no quiero pensar lo que puede suceder con el resto de mis pendientes.
Creo que estoy pensando demasiadas cosas a la vez y eso se refleja en mis actividades cotidianas. Mi tesis, hasta hace una semana, avanzaba, lenta pero segura. Sin embargo los últimos tres días, me siento paralizado (literalmente) frente a la escritura.
Se me presentan en el horizonte un par de proyectos interesantes. Los dos me exigen tiempo y los dos –para variar– no prometen remuneración económica alguna, al menos en el corto plazo (aunque de concretarse podrían llegar a sacarme de más de un apuro).
Hay días, como hoy, en que esta suerte de “indefinición liberadora” que he escogido como opción laboral y de vida me parece insostenible. Pero tampoco quiero engañarme. Vivo como quiero, como siempre quise, y justo ahora –por azar o destino– con quien siempre quise. Así que estaría de locos quejarme.
Mañana a estas horas estaré escuchando en vivo a Fito Paez y esa será otra de esas cosas que siempre pensé hacer algún día y que de repente ocurren.
Iré pues, con mi ojo morado, mis preocupaciones a cuestas y con la emoción de saberme cumpliendo, una vez más, otro de mis caprichos.

22/07/2008

Pacto de no agresión

Como los amantes despechados
mi escritura y yo hemos signado un pacto:
No volveremos a intentarlo
hasta que uno de los dos
haya madurado

16/07/2008

Para todo lo demás...

Departamento en Recoleta ............................. 1900 pesos
Café Havanna ............................................ 5.50 pesos
Entrada al teatro ......................................... 50 pesos
Bife de lomo .............................................. 35 pesos
Campera de cuero ........................................ 350 pesos
Alfajor Jorgelin .......................................... 4.50
Ejemplar de El Clarín .................................... 2.70 pesos

Ver a los Babsónicos en el Luna Park ...... No tiene precio


10/07/2008

Del blog, de la escritura en el blog y del otro detrás del blog

Desde hace tiempo ando pensando postear sobre el blog, sobre la escritura en el blog, sobre el otro que existe detrás del blog que se mira.
Hace unas semanas –a manera de ensayo– escribí un artículo para una revista cuyo tema central eran precisamente los blogs. Ahí descubrí que existen en la red más de 100 millones de bitácoras registradas y que diariamente se agregan 75 mil a esta inconmensurable cifra. Que la mayoría dura un promedio aproximado de tres meses y luego muere. Pero que otras se consolidan, y año tras año incrementan su cosecha de lectores.
La frialdad de las cifras me hizo pensar inconscientemente en mi blog cuya última fecha de entrada se remontaba ya a varias semanas.
Poco tiempo después me encontré con Laia en el Skype. Tras el saludo afectuoso me comentó que recientemente había escrito y publicado algo sobre el tema. Me pasó la dirección y yo prometí visitarlo más tarde.
Hoy por la mañana, recién levantado, tacita de café en mano, cumplí con esa promesa.
En La velocidad de las cosas, Rodrigo Fresán asegura que existen tan sólo dos categorías de escritores, y por lo tanto, dos categorías de lectores: aquellos que al final de un cuento suspiran ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí? Y los que optan por sonreír pensando ¡Qué suerte que se le ocurrió a alguien!
Pues bien, después de leer la epístola de Laia sobre los blogs, no puedo sino agradecer el “anacronismo” y “arcaico romanticismo” que orilló a su autora a escribir esa carta. Y es que cuando uno encuentra en palabras de otro, aquello que desde hace tiempo viene mascullando en silencio, en la soledad de los pensamientos aislados que no alcanzan a conectar con el mood necesario para emprender el ejercicio de la escritura, lo menos que se puede hacer es dar las gracias.
Así que desde esta bitácora en hibernación digo “gracias” a Laia por la probaditas de inmediatez y por las de autenticidad. Por mover con su escritura las aguas estancadas de este blog que amenazaba seriamente con extinguirse.

03/07/2008

Invierno austral

Algún día, cuando haga el recuento de estas últimas jornadas, habrá un capítulo entero dedicado el auge inmobiliario y a las dificultades para encontrar un apartamento en Buenos Aires. Por mientras sólo diré: Estoy pasmado por esta ciudad y sus posibilidades.
El invierno austral, me consiente.
Nada, por el momento, podría estar mejor.

12/06/2008

Mucho que celebrar

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1 invitación rechazada (no esperaba menos de ti)

Y seguimos posteando….