15/03/2011

Predicadores del Facebook

Me molestan las personas que hiperintelectualizan las ideas simples. Hiperintelectualización vacua, porque no distinguen el contexto ni la intención en que la ideas se expresaron; porque retoman nociones viejas, anquilosadas, y las aplican, sin rigor alguno, a situaciones nuevas, muchas veces vulgares, en donde la palabrita o el concepto que recién se ha aprendido, simplemente no aplica.
Me molesta profundamente la incongruencia ideológica, ya no digamos conceptual, de sus dichos. La forma en que entretejen su discurso. La candidez con que mezclan religiones, idelogías, paradigmas, corrientes de pensamiento; y luego lo engloban en una palabra: posmodernismo (algunos, ni eso).
Me molesta la torpeza con la cual abordan la escritura. Desconocen que una mente clara tiene su correlato en el lenguaje. Y también en el humor. Eso, para mí, es lo peor: no tienen sentido del humor. Jamás percibirán la delgada línea que separa el sarcasmo de la ironía. Para ellos, toda risa es grosera, vulgar. Por eso se afanan en otorgar a sus palabras cierto tono ceremonioso y formal. Por eso reivindican causas a diestra y siniestra, cual espadachines de la justicia, sin entender que las batallas, las verdaderas batallas, se libran en otros campos. Y que a esa fiesta, para bien o para mal, nunca han estado invitados.
De esta clase de gente están llenas las redes sociales. Pero también los cafés. Y los blogs. Predicadores del Facebook con una necesidad enfermiza de aceptación, de reforzamiento de una identidad que por adquirida, no termina por encajarles.
Mis "vidos". Se creen tan diferentes y son todos tan iguales.