31/12/2005

Vísperas

Omitiré lo que pasó el día de ayer. Este será uno de esos silencios que se escriben sólo para dejar constancia de los hechos. Para que no se me olvide nunca que faltaste, por decisión propia, a la única petición que te hice. Y que ya no hay nada más que hacer.

09/12/2005

Breves de un viernes


De la frase hecha
Aunque suene a lugar común, amar no es algo de lo que podamos arrepentirnos. Así que en vez de quejarnos y repartir responsabilidades como si fueran pedazos de pastel, lo más sensato que nos queda es asumir los costos de la felicidad perdida. Al contado o en cuantiosas mensualidades, pagar el precio y ya. A ese vulgar acto mercantil se resume todo.

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De lo sempiterno
El verdadero problema es que uno no puede dejar de amar aquello que amó algún día. Es como una especie de axioma. Si fue verdadero, si realmente existió, entonces no se termina nunca. Tampoco cambia. Sólo, quizá con el tiempo, se puede dejar de sufrir.

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De la mano invisible
Lo dijo Adam Smith: "laissez faire, laissez passer". No se me ocurre otro consejo mejor para superar un desengaño.

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Del dilema del eterno regreso
Supongamos sólo por suponer que sucede. ¿Y luego?

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De lo imposible y lo improbable
Imaginemos a dos personas que se aman separadas una de la otra. Ambas, por razones que sólo ellas conocen, descartan la posibilidad de un reencuentro. Y como tienen motivos fundados para propiciar que éste no suceda nunca, lo más probable es que su empeño fructifique. Hasta ahí vamos bien. Lo imposible (y esto es lo que ambos desconocen) es que puedan llegar a olvidarse algún día. En las tardes de invierno se recordarán con tristeza como aquello que pudo ser y no fue. Y esa es la verdadera tragedia.

05/12/2005

Autostop

Han sido días tan extraños, tan insólitamente serenos, que el sentimiento que domina actualmente mi estado de ánimo sólo podría calificarlo de “desconcierto”.
Todo parece nuevo y viejo al mismo tiempo. A veces me sorprendo riendo, o haciendo planes, o tarareando canciones. Y es divertido, pensar que esas acciones cotidianas, impensables algunos meses atrás, empiezan progresivamente a convertirse en moneda corriente.
Si pensara la vida en ciclos, podría asegurar que estoy por cerrar uno de ellos. Pero no pienso así. Así que no elaboremos teorías. Me conformo con saber que lo peor ha pasado. Que ya no pierdo mi tiempo haciendo el recuento de los daños. Que no me interesa mirar atrás.

02/11/2005

Costumbre de lector

Supongo que las grandes historias terminan así, con una larga e intensa agonía que uno soporta y hasta justifica, bajo la falsa premisa de la autocompasión y la culpa.
Por desgracia, por más que uno se esfuerce en racionalizarlo, la cruda realidad del proceso sólo se entiende a posteriori, cuando no hay nada más qué decir o hacer, salvo perdonarse las horas perdidas, el llanto derramado, las palabras que uno tuvo que escuchar y repetir interiormente, una y otra vez hasta el cansancio.
Es así como llega una mañana en la que uno se siente menos mal que de costumbre, y ése signo es el preludio de una serie de jornadas decentes, con obvias recaídas, que comienzan a espaciarse cada vez más, hasta que el dolor no se siente, o más bien, uno se ha acostumbrado tanto a él, que la mayor parte del tiempo pasa desapercibido.
Desgraciadamente, para la mala fortuna de quienes con ingenuidad creen en el peso acumulado de lo vivido, el último recuerdo es el que prevalece. Y por lo regular éste no suele ser muy grato. En mi caso, una llamada, una serie de comentarios innecesarios, un par de frases alevosas, el orgullo como hilo conductor de un discurso resentido y agotado, el sarcasmo, la burla, la soberbia. Ése es el broche de oro con el que decidiste cerrar esta historia, que como es mi costumbre, me obligué a leer de principio a fin, antes de cerrar el libro.

18/10/2005

De la omisión en el blog como ejercicio necesario

Todo blog es una bitácora
Toda bitácora es, por definición, fragmentaria (se construye más de silencios y de ausencias que de registros precisos y exhaustivos).
Todo fragmento implica una ausencia.
Toda ausencia cumple con un cometido (dejar constancia de lo no escrito, lo no vivido, lo que no fue)
Toda palabra esconde una segunda intención
Toda segunda intención, una esperanza
Toda esperanza, un silencio
Todo silencio, un grito

03/10/2005

Microsiervos


En Microsiervos, Coupland se aleja del pesimismo de generacional de sus otras novelas. La tesis es simple. La soledad y el aislamiento inherentes a la última revolución científico-tecnológica no implican necesariamente la desestructuración del individuo. A diferencia de otras novelas del mismo autor (Generación X y Planeta Shampoo), esta historia —ubicada en la fascinante geografía de Silicon Valley— insinúa la existencia de nuevas formas para afrontar la desesperanza. Sí, por mucho que cueste creerlo, hay vida después de Bill Gates.

30/09/2005

Viejos conocidos


Reconstrurise o repensarse tienes sus ventajas. Por ejemplo, entender el dolor como el impertinente compañero de viaje que no te deja dormir, o concentrarte en el paisaje, o leer con tranquilidad el libro que has comprado en la estación del tren. Ése que cuando duerme emite sonidos arrítmicos, guturales, desacompasados. Y que en sus periodos de vigilia no para de hablar, y que sin permiso alguno se mete con tu vida y te pregunta por tal o cual cosa, y es incapaz de entender, por más evasivas que inventes, que si has decidido viajar es porque necesitas estar solo (o al menos fingir que lo estás). Entonces, a mitad de un oscuro túnel, cuando por fin te has resignado a soportar con estoicismo su presencia, el hombre se levanta de su asiento y te obliga a recorrer el cuerpo para pasar casi encima de ti, mientras musita frases incomprensibles en las que crees reconocer la promesa de un pronto regreso.
Pero el fulano no vuelve más, y aunque al principio el hecho te llena de una efímera alegría, a lo pocos minutos comienzas a preguntarte por qué se ha ido sin despedirse; y más tarde, cuando estás próximo a bajar, por una extraña razón que no alcanzas a comprender, comienzas a extrañarlo.
Con el tiempo, el tipo del tren será sólo una anécdota que contarás a los amigos o la pareja. Bromearás un par de veces con la historia y es casi seguro que después de unos meses puedas llegar a olvidarlo.
Lo que nadie te dice es que años más tarde, cuando menos lo esperes, volverás a toparte con él. Y en el trayecto de ese tren recurrente tendrás otra vez que escucharlo, sufrirlo, y hasta perdonarlo.

28/09/2005

Gracias, pero no

A tu amistad (light y condicionada)
A tu sinceridad (hiriente e innecesaria)
A tu aprecio (selectivo y condescendiente)
A tus decisiones (inequívocas e incuestionables)
A tu verdad (única e inamovible)
A tu vida (tan, pero tan feliz)

Agradezco la generosidad de tu oferta, pero no, gracias, estoy bien así.

26/09/2005

2666


Acabo de terminar 2666. Salgo de ella con la impresión de haber atestiguado la creación de un mundo. Qué puedo decir después de leer esta novela. Sólo que con este libro se confirma lo que en Los detectives salvajes era una simple prefiguración. Que Roberto Bolaño ocupa ya, junto con Cortázar, Rulfo, Borges, Bioy, y Vargas Llosa, un lugar privilegiado en la literatura latinoamericana. Que su obra sienta un precedente difícil de superar; que lo sitúa a la vanguardia de la narrativa mundial, y que con el tiempo, más que como novela de culto, 2666 será valorada como un clásico.
Por otro lado, en el aspecto personal, la novela me ha conmovido mucho. Uno la lee y no puede dejar de imaginar a Bolaño, con la conciencia plena de su muerte, escribiendo frente al ordenador una mastodóntica novela de 1200 páginas, armando un puzzle casi perfecto, donde geografías y personajes nos revelan su visión personal del siglo XX; encendiendo un cigarrillo más antes de emprender la que sería su última y más feroz batalla.
No hay de que lamentarse. Sus lectores no hemos quedado huérfanos con su deceso. Es cierto que no habrá una novela más de Bolaño para saciar nuestra hambre de literatura. Pero a cambio tenemos a Cesárea Tinajero, a Ulises Lima, a los real visceralistas, al poeta García Madero, a las hermanas Font, a Amalfitano y su bella hija, a Benno von Archimboldi y sus críticos (Espinoza, Pelletier, Norton y Morini) a Lalo Cura, a Barry Seaman, a Oscar Fate, a la baronesa von Zumpe, al general Entrescu, a Bubis, a Jim, a Pepe el Tira, a Josefina la Cantora, al gaucho insufrible, y por supuesto, al inolvidable alter ego de Bolaño, Arturo Belano.
Visto de este modo, la pérdida no es total. Así que no podemos estar tristes.
Reproduzco, ya para terminar, las palabras que Roberto Bolaño escribió días antes de morir sobre el borrador de 2666, su última obra maestra.
“Y esto es todo, amigos. Todo lo he hecho, todo lo he vivido. Si tuviera fuerzas, me pondría a llorar. Se despide de ustedes, Arturo Belano".
Adiós detective.

Del miedo

No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo.
F.H

18/09/2005

16/S

Ni siquiera puedo escribir
Esto, supongo, debe ser el fondo...

16/09/2005

"Azar objetivo" en acción (Karlatone dixit)

Una de la tarde. Viernes de "puente". El destino que ya ni la burla perdona me hizo una visita. Mi celular sonó. En la pantalla parpadeaba tu nombre. Contesté. Ruidos, voces, risas, tu voz a lo lejos. Entendí que por error, habías marcado y ni siquiera te habías dado cuenta. Espere y (gran error) me dispuse a escuchar. Era curiosidad, lo reconozco, pero por encima de eso estaban las ganas de oirte, saber de ti. Me enteré de cosas que no debía enterarme, interpreté ruidos que no debí interpretar, voces que no debí conocer nunca. Cuando el crédito de tu teléfono por fin se agotó, encendí un cigarrillo y salí a la calle. Me sentí, mientras caminaba bajo el sol inclemente de media tarde, como el personaje patético de algún cuento de Bolaño.
Ahora que lo pienso quizá no fue una burla. Tal vez, como diría Karla, se trataba sólo del "azar objetivo" en acción. En fin, mejor olvidarlo todo, qué importa lo que haya sido. Hay cosas que de tan jodidas ni siquiera entristecen.

14/09/2005

Bethza



A Bethza la conocí en Madrid. Compartíamos el mismo curso, el mismo Colegio Mayor y después de charlar un poco, pude darme cuenta que nos unían además los mismos gustos, las mismas preocupaciones, la misma forma de ver la vida. No pasó mucho tiempo antes de que se convirtiera en mi mejor amiga. Con Bethza pasé los días mas felices y tristes de mi estancia en Madrid y estoy seguro que la experiencia, sin ella, no hubiera sido la misma. Ahora, gracias a un adictivo programa de charlas en línea nos mantenemos al tanto de nuestras vidas.
Lo extraño sucedió ayer en el DF, cuando sin planearlo, sin esperarlo siquiera, me topé de frente con Bethzabé. Fue en Coyoacan, salía de un fastidioso examen para ingresar al posgrado cuando escuché que alguien gritaba mi nombre. En la calle de enfrente estaba Bethza con su amigo francés. Nos abrazamos, charlamos un poco y antes de despedirnos quedamos de vernos más tarde. Por cosas del destino, tuve que regresar ese mismo día a Puebla, así que sólo pude llamar para despedirme. De cualquier modo, verla me alegró no sólo el día, sino el fin de semana entero.
Hay algo extraño en la amistad, y eso es que justo cuando más lo necesitas, ésta, de algún modo, se hace presente. Ahora sé que lo de Bethza no fue casualidad. Necesitaba coincidir con ella en Madrid tanto como encontrarla ayer en una sucia calle del DF. Esas cosas me dan esperanza, me hacen pensar que la vida aún no pierde la capacidad de sorprenderme. No sé, quizá en unos años volvamos a encontrarnos en Australia o en Singapur. Sería chido.

07/09/2005

Yo soy José


A mi abuelo José lo conozco a través de mi padre. A lo largo de los años hemos convivido poco, y sin embargo su existencia se encuentra íntimamente ligada a la mía. De ahí que su estado de salud me afecte profundamente. Mi abuelo decía que la sangre es así: te llama, te cuestiona, te hace sentir parte de una historia.
A pocas personas permito que me llamen José, apenas mis padres y alguien cuyo nombre no me interesa recordar esta noche. Quien me llama José conoce la historia que se esconde detrás del nombre. Sabe que ese nombre invoca una parte profunda de mi existencia. Utilizo ese nombre cuando escribo algo importante, cuando me dirijo a alguien especial, cuando deseo apelar a todo aquello que el nombre, por sí mismo, representa. Por eso son pocos los elegidos, y sospecho que con el tiempo serán cada vez menos. Hoy, por ejemplo, no tengo ya a quien dirigirme así.
Para quien nunca supo entenderme, debo decir esta noche lo siguiente: soy José antes que Alvaro, Hernández antes que Flores. Y aunque siento que soy un poco de ambos, me siento más identificado con esa parte lejana, trágica, pasional, sencilla, trabajadora, honesta, sabia y amorosa que me viene de mi padre, y del padre de mi padre y de mucho más atrás. Yo soy José, el que sueña, el que disfruta, el que vive como quiere. Soy también el que se equivoca, al que le cuesta transigir, el que desgraciadamente habla poco (o tarde) de lo que siente.
Mi padre y mis tíos viajan a estas horas para despedirse de su padre, que a los noventa años de edad, agoniza en la tierra donde nació, procreó, y vivió la mayor parte de su vida. No sé si vuelva a ver otra vez a mi abuelo, al padre de mi padre, al hombre que me heredó el nombre que con orgullo porto. Sé, sin embargo, que soy el eslabón de una historia que no termina. Y que la sabiduría acumulada desde aquel José primigenio que adoptó a mi abuelo, perdurará a través de mí y de quienes me sigan.
“Somos como el ganado”, decía mi abuelo “el linaje nos une a través de la sangre, por eso poseemos los mismos valores de quienes nos han precedido en el tiempo”.
Adiós abuelito. Te quiero mucho.

31/08/2005

Bad dreams

Hoy tuve un mal sueño que me obligó a levantarme más temprano de lo habitual y apurar con ansia redentora el primer cigarro del día. Después de checar las principales páginas de los diarios con las cuales procuro siempre distraer la mente, me dispongo a emprender mis ocupaciones cotidianas. Estoy consciente de que no será sencillo llegar indemene al final de esta jornada y que el acopio de fuerzas para alejar de mi mente los efluvios del inconsciente será considerable.
El único consuelo es que esto es un poco como el alcohol. Tu organismo genera resistencia con cada dosis de modo que con el tiempo la resaca ya no se siente.

26/08/2005

En estos días...

Todo sigue igual (aparentemente)
aunque por dentro las cosas cambian:
se agitan
se equilibran
se vuelven a agitar
y el resultado final nunca es el mismo.
Como el camino de regreso
el beso a destiempo
las terceras caidas
los 10 años después.
Por eso
aunque volvamos a recorrer las mismas calles
apretar los mismos labios
y levantarnos otra vez
nunca seremos los mismos.
Acaso más viejos
y cierto
más sabios.

19/08/2005

Lo que no puedo aún

Puedo estar sin ti y estar bien
recordarte sin que me duela tu ausencia
reinventar mi rutina sin contemplarte
reir otra vez (a carcajadas)
salir a la calles sin miedo a que se crucen nuestros pasos
escribir sin pensar que leeras alguna vez lo mio
He logrado, incluso, dejar de pensar en ti por algún tiempo
Y aunque he decidido dejar que las cosas pasen
que el tiempo y las circunstancias nos alejen por completo
no puedo todavía dejar de extrañarte.

Gioconda


Sin nada que decir esta noche
antes de volver a casa
esbozo una sonrisa frente al ordenador
nomás por el puro gusto

16/08/2005

Epílogo


No puedo narrar aún la experiencia, carezco todavía la distancia necesaria.
Lo único que puedo decir a unos cuantos días del regreso, es que me siento renovado y feliz, aunque un poco extraño con este nuevo "yo" que parió en algún lugar de Europa.
Regreso con la cabeza llena de experiencias y de lugares, aunque si me dan a elegir, yo me quedo con las personas (del lado de aca y del de allá) que hicieron posible esto.
A todos ellos, gracias.

Barcelona, 16 agosto 2005

27/06/2005

Cambio y fuera...

A unas horas de tomar mi vuelo a Madrid no me engaño sobre las motivaciones de este viaje. Se trata (como siempre a últimas fechas) de alejar un poco la tristeza.
Contra todo pronóstico me voy bien. Es extraño, pero en vísperas de mi partida me siento un tipo afortunado. Así que vale, que venga lo que tenga que venir, que ya habrá tiempo de sobra para la nostalgia y la filosofía.
Se hace tarde.

15/06/2005

Día cero

Un dia bueno el de hoy. El primero en medio de una mala racha. Lo interpreto como una señal. Tiene que serlo.
Creo que me empiezo a resignar. Y eso me alivia.
Tiene su lógica.
Estoy cansado de esto.

12/06/2005

Del dolor

Hospedalo en tu corazón esta noche
Al amanecer ha de irse,
pero no olvidaras lo que te dijo
desde su dura sombra

J.S

El peso de la tradición

De todos las personas que conozco, quizá Jaime Mesa sea la única de quien puedo decir con certeza que conoce a cabalidad la importancia del “asunto literario” en mi vida. Quizá porque nos hicimos escritores juntos, o porque a la par de los placeres hemos compartido también los sinsabores (o sea, las chingas) de este adictivo oficio.
En la literatura, en el trabajo, o en la amistad, las palabras de Jaime siempre han tenido para mí ese aire de autoridad que suelo conferir sólo a las personas que respeto y estimo. Por eso el texto que Jaime leyó ayer, durante la presentación de mi libro, tocó fibras sensibles. Sus palabras han significado un oasis en el inmenso desierto por el que vago perdido desde hace ya varios meses.
Espero algún día corresponder ese gesto.

10/06/2005

Montevideana

Mañana es la presentación de mi libro. Asunto irrelevante o trascendente según se vea, o quizá ambas a la vez.
Toda mi gente estará presente. Corrijo. Casi toda, pues es evidente que "ella" no asistirá y que éste será el primero de muchos sucesos que acrecentarán la distancia entre nosotros...
Vale, habrá que acostumbrarse a eso.
Parafraseando a un poeta que no es de mi agrado concluyo esta noche lo siguiente:

estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

09/06/2005

Declaración de principios (sólo por hoy)

2:30 am

No
No voy a hablar en este espacio de ti
No ahora, no en esta noche
Se que nada bueno saldría de mis labios
Es extraño
Pero prefiero, ante todo, guardar silencio
y dejar que el tiempo (para bien o para mal)
haga su trabajo

PD. Mejor para mal