03/06/2013

La escritura o la vida

Hace un par de años me hice esta pregunta y luego, sin asomo de remordimiento, abandoné este blog a su suerte.
Me entregué a mi profesión y entré a un posdoctorado. Viajé a la Sierra Tarahumara a conocer a los rarámuris. Escribí un libro. Impartí un curso en el doctorado y me estrené como docente de licenciatura en una universidad pública. Publiqué artículos, asistí a congresos. Me convertí en autor de una editorial de libros texto. Ingresé al Sistema Nacional de Investigadores. Constaté que investigar, y por tanto, conocer, es algo de lo que no puedo, ni quiero alejarme.
Me entregué también a las cosas que realmente me gustan hacer. Renuncié a la mezquindad de los empleos a medio tiempo en las redacciones locales y emprendí, junto con mis mejores amigos, una empresa de consultoría editorial. Lanzamos, por fin, nuestra propia una revista, la mantuvimos viva durante año y medio, y luego la cerramos. Conseguimos una oficina, equipo y recursos humanos. Hicimos -y hacemos actualmente- productos editoriales lindos: suplementos, revistas, libros anuarios, catálogos, guías. Y aunque  trabajamos para terceros, ponemos todo el cuidado y la pasión que uno pondría en sus propios proyectos. Soñamos todavía con relanzar de nuevo nuestra revista, y en ese tránsito andamos.
Y quizá lo más importante de todo: me entregué a la familia que Myriam y yo hemos construido juntos. Créanlo o no, me casé. Y a mis 37 años estoy a punto de convertirme en papá de una niña que llevará por nombre Camila, cuya inminente llegada eclipsa cualquier otra cosa que pudiera haberme sucedido antes.  
A estas alturas, no me parece que haya que elegir entre la escritura y la vida.
La vida, ahora lo sé, es escritura en estado puro. 



1 comentario:

Gerson dijo...

Viejo amigo, sin vida no hay escritura, y los negados, nutrimos de la escritura nuestra vida...