28 feb 2007

Un liberal de izquierdas


Fue interesante contestar el test de la brújula política:

Y descubrirme de repente como un individuo con tendencias anarquistas
Y ver que me ubico del lado liberal, pero de izquierda
Y que comparto cuadrante con gente como Gandhi o Mandela
Y que me ubico en el opuesto de Bush, Aznar o de Blair
Y lo difícil que resulta conciliar la forma en que se vive, con la forma en que se piensa
Y que apelar a la libertad, desde una posición ética que parta desde el individuo, describe un poco la postura que asumo en discusiones estériles en las que no muchas veces suelo darme a entender.
Y finalmente constatar que uno sigue siendo un moderado, a pesar de todo...

Para todos los interesados, la dirección de la página es:


No lleva más de cinco minutos responder las preguntas y como todo test, éste también suele ser divertido.

30 ene 2007

Oaxaca de ida y vuelta

Extrañaba Oaxaca. Extrañaba manejar de noche y fumar un cigarro con Laia. Extrañaba platicar con Tryno y con Pynch sobre literatura. Y saludar a Martín y al resto de la banda oaxaqueña. Extrañaba hablar de libros leídos o por leer. Y burlarnos de las novelas que decimos escribir y que pareciera no vamos a terminar nunca. Echaba de menos todo eso y más, y sin embargo, apenas había transcurrido un día y ya estaba de regreso en la carretera.
A saber si fue el malviaje, las ganas de verla otra vez, o simplemente el deseo de rescatar el fin de semana. No se necesita ser muy inteligente para notar que de un tiempo a esta parte mis prioridades han dado un viraje.
Ni hablar. En la batalla contra la añoranza, lo cotidiano le gana siempre a lo excepcional.

25 ene 2007

Dependiente emocional

El fin de semana pasado perdí mi celular. Desde entonces vivo en un espacio temporal indefinido: llego tarde a todas mis citas, tengo dificultad para conciliar el sueño, me cuesta trabajo tomar decisiones. En lo que va de la semana me he sentido desconectado del mundo. Extraño ciertas llamadas. No hay más mensajes que alegren mis días. El silencio se ha convertido en mi peor enemigo.
El sábado pasado, el test de una revista me catalogó como un "dependiente emocional". Empiezo a pensar que quizá no estaba tan equivocado.
Para mi fortuna, la solución a esta crisis parece bastante sencilla. Dicen que una relación dependiente se suplanta con otra.
Aunque pensándolo bien, no en todos los casos…

Medicina contra la curiosidad

Frente a las cosas que no es necesario saber, uno debería guardar siempre cautela. El problema es que a nadie le gusta pensar en las consecuencias. Y un día cualquiera, en un arrebato de osadía, cuando parece que nada podría estar mejor, uno se afana en indagar más de la cuenta, como si la recopilación de fragmentos dispersos bastara para reproducir (o por lo menos imaginar) el sentido real de la pieza completa. Está de sobra decir que la adquisición del nuevo conocimiento no suele ser un proceso grato. Con cada verdad revelada los huecos se hacen más grandes. Y por lo regular, uno termina terriblemente confundido y desorientado, sin saber cómo diablos suplir el espacio que tiempo atrás—cuando se era ignorante y feliz— ocupaba la duda a sus anchas.

23 ene 2007

John Irving, príncipe de Maine


La orfandad, el aborto, la paternidad, el amor platónico, la amistad, la reivindicación del derecho a convertirse en dueño del propio destino. Los temas que roza John Irving en The Cider House Rules no sólo son abundantes, sino expansivos. La novela es bella porque logra conciliar las dos grandes obsesiones que acechan los intentos literarios de todo escritor contemporáneo: retomar el espíritu narrativo de los escritores clásicos del siglo diecinueve y abordar, con ese mismo aliento, los grandes temas y preocupaciones sociales del siglo veinte.
Arriesgarse a escribir en estos tiempos una novela a lo Dickens es de por sí un gran logro. Pero más allá de eso, más allá de cualquier lectura que se ocupe de analizar los cuestionamientos morales a los que obliga este libro, se repite una vez más ese fenómeno que me hace pensar en Irving como en uno de esos iluminados que tienen el don de recrear vidas y edificar universos con la misma facilidad con que un mago de circo extrae de su desgastada chistera, justo frente a nuestros ojos, una impoluta y blanca paloma.
En esta novela, Irving escribe desde y para el individuo. Su historia no es una diatriba empeñada en transformar conciencias. Por el contrario —y pese a lo aparentemente urgente y necesario que pudiera considerarse el cuestionamiento de ciertos temas— Irving prefiere someternos a la tiranía de un narrador que nos obliga a recorrer más de quinientas cuartillas con la única intención de emocionarnos, conmovernos y hacernos sentir extrañamente unidos a un puñado de personajes ficticios que bien pudieran ser el reflejo de todo aquello a lo que podemos llegar a convertirnos algún día. Así, lo último que quisiéramos después de leer la última frase del libro es emitir un juicio. No es conocimiento sino comprensión lo que hemos adquirido. Y ese sentimiento nuevo, aunque fugaz, no sólo nos hace mejores lectores. También nos humaniza. Nos reconcilia con los demás y con nosotros mismos.

3 ene 2007

Simbiosis plástica


Nunca he sido bueno para las manualidades. Aún a la fecha, dibujar, recortar, hacer un amarre, o incluso conectar los cables de mi computadora, son actividades que realizó con un máximo de esfuerzo y con resultados casi siempre pobres o mediocres.
De niño, en los scouts, este defecto ocasionó que mi tropa perdiera todos los concursos de nudos en los que yo participaba, y que los diez de mayo mi mamá recibiera siempre los regalos más feos que salían de los talleres de la escuela. Actualmente escribir una carta o dedicar un libro me deja siempre una sensación de incomodidad ante lo desaliñada y deslucida que parece mi letra.
Todo esto para explicar mi participación en el mural con el que competimos en el concurso escolar durante el último año de preparatoria.
Se llamaba si mal no recuerdo Simbiosis plástica. La idea original consistía en hacer coexistir en un mismo espacio diversas imágenes extraídas de las pinturas famosas que conocíamos. Desde las pinturas rupestres de Altamira, y los bocetos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, pasando por Dalí, Picasso, Velázquez, Van Gogh, la portada de un disco de Pink Floyd y alguna que otra aportación personal, cubrimos el espectro de lo que en aquel entonces considerábamos nuestra cultura visual. Cuando los jueces pasaron revista a los trabajos quedaron sorprendidos. De toda la escuela fuimos los únicos que no utilizamos imágenes religiosas o estampas de la Puebla colonial para decorar los pasillos. Ahora, a la distancia, me gusta pensar que la elección del tema de nuestro mural fue una especie de protesta en contra de la uniformidad académica y cultural de la institución en la cual cursábamos nuestros estudios. Pero no estaría tan seguro.
Como era lógico perdimos. No recuerdo si fue ante un cursi y monumental San Juan Bautista de La Salle, o frente a una estampa bucólica, extraída seguramente del calendario de un taller mecánico, que representaba con majestuosidad los volcanes del valle poblano.
Como regalo de fin de año, nuestras mujeres decidieron comprar el pizarrón que nos sirvió de lienzo y nos los entregaron formalmente en una de esas cenas navideñas que hasta la fecha siguen siendo costumbre. A partir de entonces el destino de nuestro mural es incierto. Algún tiempo permaneció en la habitación de Nacho hasta que su abuela pidió que lo sacaran de ahí porque en las noches le daba miedo. Después estuvo arrumbado por varios años en el taller de resina de la familia Kasusky y no volvimos a saber más de él hasta el día de ayer, que Juan Carlos rescató una fotografía que nos envió a todos por correo.
He dicho antes que la pintura, entre muchas otras artes nunca ha sido mi fuerte. Por eso debo confesar que mi aportación al mural consistió en rellenar el fondo (negro para acabarla de joder) y delinear las siluetas de los bocetos que Nacho y Juan se ocupaban en reproducir haciendo gala de sus habilidades artísticas.
Supongo que en algún lugar del mundo Simbiosis plástica guarda reposo. Lleno de polvo y probablemente deteriorado, el mural conserva en una de sus esquinas el nombre de los artistas que lo concibieron y lo crearon. Aunque usted no lo crea, el mío aparece ahí.

31 dic 2006

De los años pasados

Hay años para olvidar. Años de noches perdidas. Años que cuando terminan es mejor archivar en el oscuro expediente de las cosas que se tuvieron que hacer algún día.
Hay años que se suceden unos a otros, que se encadenan para construir situaciones que se nos figuran eternas. Años de tierna inconciencia, de trayecto firme y aparentemente seguro por el océano de incertidumbres que es la vida.
Hay años de reposo, de recapitulación, de simulada calma. Años de voluntaria expiación. Años en los que la inmovilidad constituye la única forma posible para seguir avanzando. Años de hibernación, de parálisis simulada. Años de un activo y productivo letargo.
Hay años, como el que hoy termina, en los que uno aprende a olvidar lo aprendido. Años que te sorprenden a la vuelta de la esquina. Años en los que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Años que dan sentido a otros años. Años en los que todo es volver a empezar…

13 dic 2006

Pensar en diciembre

Las mañanas soleadas y frías, los días no laborables, el reencuentro con viejos amigos, las luces que adornan el centro de la ciudad, las compras de último momento, las ofertas que nunca son ofertas, la ennumeración de propósitos que no van a cumplirse, el olor a resina de los arbolitos naturales, la repartición de los abrazos, la chimenea encendida en casa de mis padres, los vasos rojos del Starbucks, la sala de cine vacía durante la última función del año…

24 nov 2006

Cerrado por derribo

A últimas fechas no tengo ganas de postear. Me pregunto si es un estado de ánimo natural o se trata sólo cierto temor a lo que pudieran revelar las palabras. Lo cierto es que los últimos días han sucedido demasiadas cosas. Y no quiero pensarlas. Ni hacer de ellas filosofía pasajera. Mi escritura se está volviendo limitada.
Este blog se declara en receso.

3 nov 2006

Alivio de luto


Y las luces del Auditorio se apagaron. Y el maestro Sabina salió al escenario. No fue, ni con mucho, el Sabina que escuché por primera vez hace casi diez años. Pero a nadie pareció importarle eso. Tampoco nosotros somos los mismos. Mala señal si el tiempo no ha dejado cicatrices a su paso.
Con todo, el concierto fue lo que se esperaba y quizá un poco más. En parte por la compañía. En parte también porque este tipo de encuentros alimentan la convicción de que si bien el mundo ha cambiado, existe en nosotros un espíritu vital que permanece intacto. Y que en noches como ésta nos cura y nos hace sentir aliviados.

12 oct 2006

No hay que olvidar nada

Navegando por la red me topé por casualidad con las líneas de una novela que me hicieron recordar momentos muy bellos.

“Bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete...”

26 sep 2006

Morir en lunes

En Toda esa gran verdad, el personaje principal, Carlo, tiene una extraña relación con los viernes. Todas las cosas buenas, malas, extrañas, determinantes, o trascendentes para su vida, le ocurren el día previo al fin de semana.
A mí me sucede igual, pero con los lunes. Digo igual, aunque lo cierto es que en mi caso, el truco opera siempre a la inversa. Los lunes suelen para mí días terribles. No es sólo el cansancio físico lo que me atormenta desde las primeras horas de la mañana, sino cierto desgano o desinterés por todo lo que sucede a mi alrededor, que se traduce en una velada, pero no por eso menos angustiante opresión. Son días en los que nada pasa, o peor aún, donde las cosas que suceden, cotidianas, frívolas, contribuyen sólo a empeorar mi estado de ánimo.
Para mi fortuna, la maldición de los lunes tiene sus fronteras temporales bien definidas. Y es casi seguro que al día siguiente las horas adquieran otro ritmo, otro color, y los escenarios y las situaciones sean portadoras de significados más gratos.
En Los lunes al sol película de Fernado León de Aranoa, uno de los protagonistas asegura: “Los lunes son como los domingos porque no hay trabajo y puede disfrutarse el sol; pero no son domingos”. Creo que esta frase resume parte del desencanto.
No escribo este post para quejarme. Con el tiempo he aprendido a padecer este mal con resignación y a convivir con los lunes de mi semana, del mismo modo en que se convive con los peores defectos de un amigo al que se quiere.
Los lunes como espacio de transición, como el necesario pasaje para reinsertarse a la vida laboral, académica, o literaria; para atemperar lo sentimientos exaltados durante el fin de semana y entender que lo cotidiano, por mucho que nos cueste, también es vida.

12 sep 2006

Un pacto para vivir

Del encuentro del sábado prefiero no hablar. Hay cosas que difícilmente podrían explicarse. Baste con saber que lo que se dijo y lo que se pactó aquella tarde supuso para mí un nuevo aprendizaje. Habrá quien suponga —con motivos fundados— que se perdió más de lo que se obtuvo. Y estará en lo correcto. Sé que va a sonar ilógico, pero de hecho, ésa era la idea.

1 sep 2006

Diagnóstico y tratamiento

3:45 am
Por fin termina mi jornada laboral. Hoy no ha sido un buen día. Y dados los acontecimientos recientes, tengo la ligera impresión de que ésta ha sido apenas una probadita de lo que me espera para las semanas que vienen. Ni hablar, frente a temporadas así, no queda de otra que pensar, a modo de consuelo, en lo relativo y efímero del tiempo. ¡Ah... y comer mucho chocolate!

25 ago 2006

Hasta siempre Plutón


Hoy terminan oficialmente mis vacaciones. A partir del lunes siguiente tendré que reinventar una nueva rutina para mis días. A pesar de la pasividad de la semana que termina, pienso que no he desperdiciado el tiempo. Por una semana, al menos, pude retomar la disciplina literaria, replantear mi novela y sentarme a escribir todos los días.
Es viernes por la noche y para variar no tengo nada que hacer. La redacción del periódico está casi vacía. Afuera llueve. He previsto para las próximas horas una sesión de pizza, cerveza, y para rematar, un par de capítulos de la primera temporada de Los Soprano, mi nuevo vicio.
A estas horas Myriam debe estar por llegar a Morelia. Me da las gracias por cosas sin importancia. Y yo no encuentro el modo de hacerle entender que nada de lo que hago por ella me exige ningún trabajo. Me preocupa que no lo entienda. O quizá peor, que lo entienda bastante bien y que entonces su temor y el mío estén plenamente justificados. Como sea, he decidido no pensar más en eso...
Los diarios anuncian que a partir hoy Plutón ya no será considerado más como un planeta de nuestro sistema solar. Dicen que es demasiado pequeño, que su atmósfera es demasiado inestable, que su fuerza de gravedad no le alcanza para mantener su órbita despejada de asteroides. De ahora en adelante será considerado como un enano galáctico. Traigo a colación el asunto por una sencilla razón: planeta o no, Plutón existe. Sigue siendo el mismo más allá de la categoría en la cual algún congreso de sabios lo clasifique. Aunque no se le estudie más en las escuelas, seguirá influyendo en las vidas de las personas, y los astrólogos (esos nostálgicos) lo seguirán utilizando para interpretar sus cartas astrales. Visto de este modo, nada cambia, salvo lo irrelevante. Y eso demuestra una vez más cómo las palabras suelen encasillar a las cosas. También lo hacen con las personas o con las relaciones. O como pude darme cuenta estos últimos días, con los personajes de esa novela que avanza con pasos cautelosos e inseguros en el procesador de textos de mi computadora.

21 ago 2006

Gracias Leonardo...

Este mes en Oaxaca no hubo I-Ching. Ni noches de Central. Ni gigantescas tlayudas. No hubo desvelos, ni mezcal de alacrán, ni conciertos de jazz, ni Guelaguetza. Hubo, eso sí, mucha lectura, crítica feroz pero constructiva, mucha charla sobre literatura y performance, aderezada por una improvisada lección de Tryno y Pynchón sobre la estructura de la novela. No sé si tuvo algo que ver nuestra renuencia a pisar el centro de la ciudad por temor a los maestros. O si el mail que mandó Martín desde París la semana pasada surtió el efecto esperado. El asunto es que por primera vez me sentí en un taller “riguroso”, exigente, comprometido, bla, bla, bla…. claro que toda esa seriedad se vino abajo el último día, cuando Leonardo Da Jandra tuvo a bien mostrarnos, a partir del microcosmos social que representa nuestro taller en San Agustín, por qué Oaxaca está como está. El asunto para Da Jandra es así de sencillo: si no lees y te jactas de ello, si piensas distinto a los demás, si no escribes todos los días, si te atreves a criticar el taller, entonces eres un “hijo de puta”. Y con un hijo de puta no se discute.
Aunque de inicio su actitud generó cierta molestia entre nosotros, no tardamos en concederle razón. Encerrados en un coche durante tres horas y media que duró el trayecto de regreso hasta Puebla, era inevitable que un tipo “irónico” como Pynchón, un “pendejín” como Tryno, un chava que “todo lo que toca lo convierte en literatura” como Laia, un hombre taciturno y silencioso como Tlachi y un conductor malviajadisimo por cierta llamada que no recibió durante el fin de semana, empezaran a putearse recíprocamente. El “hijo de puta” repetido hasta el cansancio, a modo de mantra, fue la única constante en nuestra conversación. Y fue, también hay que decirlo, lo más divertido del viaje.
Hoy por la mañana abro el blog de Laia y después de leer su “crónica oaxaqueña” no puedo parar de reír. A medio día me envía un mensaje por celular en donde pondera los beneficios de insultar al prójimo como forma de terapia. Pongo en práctica su consejo y después de los primeros improperios de la tarde empiezo a entender por qué Leonardo parece estar siempre tan feliz.
Justo ahora, cuando estoy por subir este post, Tryno me manda un mensaje para preguntar si sólo a él le ha hecho daño la comida en Oaxaca. Le contesto que no, que desde ayer no me siento bien. Y él responde que Laia está igual que nosotros. No nos decimos nada más, pero sé que en el fondo, disimulando con una sonrisa, los tres estamos pensando lo mismo.

14 ago 2006

Popperiana

El problema de la inducción —dice Popper— nace del hecho de que nunca podremos afirmar algo universal a partir de los datos particulares que nos ofrece la experiencia.
Traslademos esta idea a un tópico vulgar desafortunadamente común. Por muchas relaciones fracasadas que conozcas o experimentes, nunca podrás afirmar que “todas” ellas están destinadas a terminar así. Basta con que encuentres una sola que sea distinta, para estar en condiciones de afirmar lo contrario.
¿De dónde entonces esta necesidad de seguir insistiendo en una hipótesis tan pesimista? Popper sale a nuestro auxilio nuevamente: “los falsacionistas siempre prefieren las hipótesis o teorías que sean más falseables, es decir más suceptibles de ser demostradas en su falsedad, mientras no hayan sido falseadas previamente. Así el progreso en la ciencia (o en las relaciones humanas para nuestro caso) se da siempre a base de ensayo y error”. ¿Qué taaal?

10 ago 2006

Otra vez la novela

Pues bien, supongo que como todo en la vida, el acto de escribir implica la clara conciencia de que cada paso que se da, en un sentido u otro, representa un avance aunque a veces no lo parezca.
Acabo de desechar las primeras cuarenta cuartillas de mi novela. Hacerlo fue un acto más que doloroso, sobre todo porque implicó tirar a la basura no sólo el tiempo invertido, sino la confianza ganada a cuartilla a cuartilla a lo largo de estos últimos meses. No es la primera vez que pasa y sin embargo cada vez que sucede duele un poco más. Quizá porque en el fondo, la escritura sigue siendo una de esas verdades en las que uno necesita seguir creyendo pese a que todo lo demás apunte a lo contrario. No es una cuestión de necedad, sino de necesidad. Y como siempre sucede, lo necesario termina siempre por imponerse. Así que no tengo muchas opciones.
Por otro lado ayuda mucho saber que uno no está solo. Y que por aquí y por allá existe gente que sufre con los mismos descalabros y que se regocija con las mismas pequeñas victorias.
Ignoro en qué radique esta obsesión por la novela. Sólo sé que mañana, cuando me siente frente a la computadora, volveré a sentir que hago algo importante, aunque avance con temor entre las primeras palabras, aunque escriba con la clara conciencia de que todo puede volver a fallar otra vez.

2 ago 2006

La palabra del día

Desconcierto

1. m. Descomposición de las partes de un cuerpo o de una máquina.
2. m. Estado de ánimo de desorientación y perplejidad.
3. m. Desorden, desavenencia, descomposición.
4. m. Falta de modo y medida en las acciones o palabras.

¿Alguna otra pregunta?

31 jul 2006

Otra vez lunes

Son las once y media de la noche. Hace más de una hora que terminé y sigo todavía en la redacción del periódico. No le he dirigido la palabra a nadie en toda la tarde. Laura me pregunta qué me pasa, que por qué estoy así. Y sólo se me ocurre decirle que he tenido un mal día. No le cuento de mi frustración, ni de mis temores, ni de los pensamientos que vengo arrastrando. Me haría bien hablar, lo sé, pero es cuento de nunca acabar. La historia se va a repetir y yo ya estoy harto de quejarme.